Javier Risco.
¿Cuántos sismos necesita la clase política
capitalina para tomar en serio a los damnificados de CDMX? ¿Cuántos meses más
deben estar sin casa ni certeza jurídica los más de cien mil afectados?
¿Cuántos edificios más deben colapsar o quedar inservibles para que los
servidores públicos nos sirvan como deben?
Los últimos cinco meses hemos tenido
tres sismos de gran magnitud, uno que resultó mortal para 228 personas, y el
dolor que desde el 19 de septiembre compartimos no ha sido suficiente para que
los partidos políticos, los diputados y los candidatos dejen de exprimir cada
oportunidad que se les pone en frente para sacar provecho.
El viernes,
horas antes de que el sismo de 7.2 de magnitud nos trajera el recuerdo del
miedo y de la angustia, el comisionado
para la Reconstrucción de la Ciudad, Ricardo Becerra, a quien el jefe de
Gobierno, Miguel Ángel Mancera, presentó con bombo y platillo como quien
estaría a la cabeza de los trabajos para poner a la ciudad de pie, renunció.
Y no, no lo hizo porque vaya a
competir por una curul, ni porque busque un lugar en el Senado o porque quiera
otro puesto, lo hizo a manera de protesta por el abuso que se cometió desde la
Asamblea Legislativa, donde en contra de la naturaleza de los órganos
legislativos, los diputados de los partidos que conforman el Frente en la
ciudad se auto-aprobaron a facultad de ‘vigilar y decidir’ hacia dónde se iban
los recursos para la reconstrucción.
Durante seis
semanas, sociedad civil, algunos legisladores como José Alfonso Suárez del
Real, de Morena, o Dunia Ludlow, del PRI, organizaciones como Fundar y miembros
de la Comisión de Reconstrucción como Becerra, la subcomisionada Katia
D’Artigues o el encargado de Transparencia, Mauricio Merino, hicieron un llamado a Mancera para que se
diera marcha atrás a estas facultades que dejaban en duda el manejo de más de 8
mil millones de pesos, que debían servir para que los capitalinos afectados por
el sismo recuperaran su tranquilidad y su patrimonio. Nada ocurrió.
Mancera no
estuvo día y noche atendiendo damnificados, no. Se dedicó a operar y construirse un lugar en el Frente, que, al no
haber obtenido una candidatura presidencial, era lo único que le quedaba. Y lo
consiguió. El PAN lo puso en el número 2 de su lista plurinominal para el
Senado.
Y es que
Mancera siempre lo ha dicho: no es un hombre de partido, pero queda claro que tampoco de ideologías, su grupo cercano también
se acomodó en las listas plurinominales a diputados y senadores.
Sin embargo, no contaba con que el descontento por un
presunto secuestro que se orquestaba desde la ALDF a manos de tres
cuestionadísimos diputados (Leonel Luna, Mauricio Toledo y Jorge Romero)
escalaría tanto que provocaría las renuncias de D’ Artigues y de Merino, por la
misma razón que Becerra: ¿para qué simular el trabajo de una Comisión de
Reconstrucción que no tendría recursos para operar lo urgente, porque tres legisladores decidirían –sin
ningún sustento más que su criterio– para dónde se iría el dinero?
¿Cuál es la finalidad de ostentar un
cargo público? Después de este fin de semana me vienen a la mente algunas
respuestas: mantener negocios personales, tener fuero, vivir del erario, creer
que detrás de ellos está el poder. Porque queda claro que tratar de responderle
dignamente a la sociedad… no.
Hoy la
ciudad está más lejos de su reconstrucción que nunca, la crisis fue tal que
ayer por la noche tuvo que salir el jefe de Gobierno a tratar de tapar lo que
es un fracaso mayúsculo. El Gobierno de la ciudad fue incapaz de cumplir lo
prometido: un plan para tapar las heridas del sismo del 19 de septiembre.
El anuncio de Mancera sobre una
iniciativa que eche atrás los artículos que les daban a estos tres diputados
facultades sobre el dinero de los damnificados es un paso, sí, pero tardío.
Después de insistírsele por semanas dejó crecer la crisis por estar más ocupado
negociando un puesto.
Y aunque
será un avance que ni Toledo ni Luna ni
Romero estén a cargo de devolverle la paz a las miles de familias
lastimadas por el sismo, no se olvide
usted de sus nombres, porque el PRD que tanto ha prometido regresar la calma a
la ciudad, es el mismo que le aseguró fuero a dos de estos tres personajes
premiándolos con una postulación vía plurinominal para el Congreso federal. Y
si son los mismos legisladores que fueron en la capital, vaya que nos espera
una Cámara de Diputados complicada.
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