Gabriel Sosa Plata.
Vía Twitter pregunté al Diputado
federal de Morena, Jerónimo Alejandro Ojeda Anguiano, por qué votó a favor de
cuestionada ley de publicidad oficial. No recibí respuesta. Supongo que el
legislador no tiene tiempo ni ganas de responder preguntas de la ciudadanía ni
tampoco precisar el sentido de un voto. Así, como de adorno, están sus redes
sociales, como para la mayoría de los funcionarios públicos.
El que
respondió fue el coordinador de los diputados de Morena, Virgilio Caballero. Lo
hizo en una entrevista que concedió a la periodista Carmen Aristegui la semana
pasada. Justificó a su compañero. Dijo que se equivocó porque, efectivamente,
durante la sesión de la Comisión de Gobernación, en la que se votó el dictamen,
el Diputado Ojeda Anguiano argumentó en contra del contenido de la ley
propuesta.
“Lo que él
calculó -dijo Caballero- es que llevando al Pleno de la Cámara podría realmente
discutirse en serio, como no lo estaba haciendo la Comisión de Gobernación, y
por eso votó a favor… Hubo una pésima interpretación apresurada de lo que había
que hacer”.
¿Pésima
interpretación? ¿una equivocación? En política nada es casual y mucho menos con
políticos tan experimentados. La firma a favor en el dictamen correspondiente
es clarísima.
Me preocupa
el voto de Morena porque puede interpretarse, en vísperas de las elecciones del
primero de julio, como un mensaje a los medios de comunicación (y políticos)
que quieren preservar un modelo que históricamente ha dañado la libertad de
expresión, el periodismo crítico e independiente y el derecho a la información.
Es además contrario a lo que ha defendido ese partido desde su creación.
La Ley
General de Comunicación Social, que cuenta con el respaldo del PRI, Partido
Verde y Nueva Alianza, mantiene como se ha dicho la discrecionalidad en el
gasto de la publicidad gubernamental y la facultad de la Secretaría de
Gobernación para palomear las estrategias y los programas de comunicación
social, así como sus respectivas campañas. En consecuencia, no se tomó en
cuenta la propuesta de diversas organizaciones -con base en las mejores
prácticas internacionales- de crear un Consejo independiente o una Comisión
externa, que vigile la asignación de la pauta propagandística con criterios
transparentes, objetivos y equitativos.
Otra enorme
deficiencia es que en la ley no se establece un sistema imparcial, externo, que
mida las audiencias, los ratings, los tirajes, el número de lectores, para
evitar lo que sucede ahora con medios que reciben recursos de la publicidad
oficial, pero que no tienen radioescuchas, televidentes ni lectores; mucho
menos contenidos de calidad. Tampoco incorpora criterios de pluralidad para
evitar que se privilegie, como hasta ahora, a un puñado de medios de
comunicación.
El voto del Diputado Ojeda Anguiano
podría revertirse cuando el dictamen llegue al pleno de la Cámara de Diputados.
Ahí sabremos si Morena realmente se equivocó o si utiliza una propuesta de ley
para fortalecer lazos con medios de comunicación, beneficiarios de la publicidad
oficial, en el marco del proceso electoral de este año y en el que su candidato
a la presidencia aparece en primer lugar en las encuestas. Algo similar a lo
ocurrido en 2006 con la ley Televisa. Entonces no existía Morena, pero la
mayoría de los partidos políticos y los candidatos, incluido Andrés Manuel
López Obrador, avalaron formal o informalmente una ley contraria al interés
general, que afianzaba la concentración de frecuencias en pocas manos y que
además tenía vicios de inconstitucionalidad, como se demostraría un año
después.
El vicecoordinador de Morena en el
Senado, Zoé Robledo, informó que una vez que llegue la minuta a la Cámara
revisora, presentarán una propuesta alterna para revertir los vicios de la ley.
Es una buena señal, pero sus legisladoras y legisladores poco podrán hacer para
que sea aprobada por el PRI y sus partidos satélites, tanto en la Cámara de
Diputados, como en el Senado.
Pese a esto, será interesante
observar el voto del resto de los partidos porque nos permitirá tener un indicio
del tipo de relación que se desea con los medios de comunicación mediante los
recursos del erario.
Por ejemplo,
en la Comisión de Gobernación, sólo el
panista Juan Pablo Piña votó en contra del dictamen, pero cinco (sí, cinco) de
sus compañeros de partido no votaron y otro panista se abstuvo. ¿Extraño? No lo
creo. El PRD también dio un voto del Diputado Rafael Hernández Soriano en
contra, pero su colega Horensia Aragón tampoco votó. Y ojo: también el Diputado
de Movimiento Ciudadano, el jalisciense Salvador García González, cuyo partido
está en coalición nacional con el PAN y el PRD, votó a favor, pero se salvó de
un cuestionamiento similar al que tuvo Ojeda Anguiano. ¿Sucederá algo similar
cuando la ley sea votada en el pleno?
NOTICIAS DE
NOTIMEX.
¿Recuerda que aquí cuestionamos la
sesgada cobertura periodística de Notimex del proceso electoral y su apoyo al
candidato del PRI, José Antonio Meade? A partir de quejas presentadas por dos ciudadanos a la
defensora de las audiencias de dicha agencia, Maricruz Zamora, Notimex respondió que “ha dado una
cobertura informativa equitativa a todos los actores políticos que participan
en esta jornada electoral 2018” y “que la cobertura que se da a los
contendientes está en función de su actividad pública, así como de su presencia
en redes sociales”.
Luego
ofreció números sobre las notas publicadas en el periodo que va del 14 de
diciembre de 2017 al 14 de marzo de 2018: “José Antonio Meade, 597 notas;
Andrés Manuel López Obrador, 412; Ricardo Anaya, 395; Armando Ríos Piter, 77;
Margarita Zavala, 64; María de Jesús Patricio, 49; Jaime Rodríguez Calderón,
48; Pedro Ferriz de Con, 20 y Edgar Portillo, 9”. En cuanto a las y los
aspirantes a la Jefatura de Gobierno de la Ciudad de México: “Mikel Arriola
registró 165 notas; Claudia Sheinbaum, 118, y Alejandra Barrales, 115”.
A dicha respuesta, la defensora de la
audiencia respondió el 22 de marzo que “se confirma… mayor cobertura
cuantitativa al candidato Meade; lo que no se justifica periodísticamente y sí
resulta preocupante, lamentable y de urgente solución, pues es mandato de ley
de creación de la agencia ‘coadyuvar al ejercicio del derecho a la información…
con auténtica independencia editorial’”. Por ello emitió diversas
recomendaciones, entre éstas que la agencia elabore un documento serio de
análisis cuantitativo y cualitativo sobre el manejo editorial.
Notimex respondió que realizar “una reflexión
cuantitativa y cualitativa sobre el manejo editorial… implicaría para esta
Entidad, verter consideraciones y expresar una opinión sobre los contenidos y
proceso informativo, lo que se aleja de un elemento fundamental que debe ser
observado en el quehacer periodístico: la objetividad”. Luego explicó que la
agencia ya “informó en datos duros, cuál ha sido su actividad informativa
respecto de cada candidato, partido o coalición, indicando bajo qué elemento
objetivo se ha realizado”.
Con dicha
respuesta, Notimex afirma estar en lo
correcto. No es así. Las evidencias de un manejo editorial parcial han sido
claras y debiesen ocupar al Consejo Editorial Consultivo para tomar cartas en
el asunto, lo antes posible, para corregir el rumbo ante las próximas
elecciones. Resulta también desalentadora la nula autocrítica de este órgano
del Estado mexicano y la ausencia de propuestas alternativas para tener
mecanismos de autorregulación más eficaces que fortalezcan su función
periodística y su credibilidad.
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