Salvador Camarena.
Margarita Zavala
declaró este fin de semana que de los cuatro aspirantes a la presidencia de la
República es ella la que más sabe de seguridad, de combate al crimen.
Uno de sus argumentos
para asegurar que tiene conocimientos respecto al fenómeno de la violencia que
azota México es por haber estado junto a su esposo Felipe Calderón, cuyo
sexenio quedó marcado por un baño de sangre, múltiples
escándalos por violaciones a derechos humanos por parte de las fuerzas del
orden y cuestionamientos a un combate que no pocos consideran fallido,
contraproducente, improvisado y errático.
Al lanzar su propia carrera a la presidencia, en la que lleva
un par de años, Margarita ha reivindicado de manera rotunda la estrategia (es
un decir) aplicada en esta materia por su esposo. Y no sólo defiende, sino que
reclama para sí el más polémico legado del sexenio calderonista.
Es cierto que el peñismo
tiró a la basura el modelo Calderón y hoy no se puede saber cuánto de lo que en
violencia padece México se debe al primero y cuánto al segundo, pero gracias al escritor Jorge
Volpi hoy tenemos un recordatorio de cómo era parte de ese modelo, que más bien
debería ser llamado antimodelo.
Una novela criminal, libro de Volpi y Premio Alfaguara de
este año, recrea el caso del gobierno de
Calderón en contra de Israel Vallarta y de Florence Cassez.
Sin demérito de otras virtudes, como una labor de reporteo
digna de encomio, el talento de Volpi en esta “novela documental o novela sin
ficción”, como él la llama, reside en
que lleva al extremo eso de que algunas realidades no pudieron haber sido
imaginadas por escritor alguno.
Nuestra realidad judicial, desnudada de cuerpo entero en este
libro publicado el mes pasado, es eso: una
trama endemoniada, de escenas tan grotescas como indignantes.
El novelista extrae de
los expedientes y de entrevistas con muchos de los involucrados, abrumadora
evidencia del montaje mediático y judicial no contra una “secuestradora
francesa”, sino sobre todo en contra de Israel Vallarta, sus hermanos y otros
parientes.
Volpi lo resume así: “Me
parece difícil hallar un momento más aciago en esta historia plagada de engaños
y abusos de autoridad: el instante en que, impuesta la razón de Estado, a un
montaje se le suma otro y, para satisfacer al presidente, el gobierno mexicano
utiliza todo su poder contra una sola familia”.
Montajes impunes al día
de hoy. Sólo por si
alguien no lo recuerda, Vallarta fue
detenido en 2005 y trece años después, desde una cárcel de máxima seguridad,
está aún a la espera de una sentencia que pruebe que es un secuestrador, o que
incluso existió la banda de la que dicen fue cabecilla.
La persecución estuvo a
cargo de Genaro García Luna y de Calderón mismo. Y, como el libro de Volpi
consigna, Margarita Zavala defendió entonces y en público el proceder de su
marido.
“Esta será la paradoja
permanente de esta historia: cada vez que ella (Florence) gana visibilidad, él
la pierde. Declarado culpable sin jamás haber sido declarado culpable –al menos
hasta el momento de escribir estas líneas–, sin contar con una pléyade de
abogados que lo respalden y encerrado en una prisión de máxima seguridad,
Israel libra una batalla que nadie ve. Que nadie quiere ver”, escribe Volpi.
En dos de los momentos más álgidos de la presidencia de
Calderón, en Ciudad Juárez por el caso Salvárcar y en el Alcázar de Chapultepec
con el poeta Javier Sicilia, Margarita estuvo frente a víctimas de la violencia
y tuvo gestos de solidaridad para madres que reclamaban la total incapacidad (e
indolencia) del gobierno para brindar justicia para sus hijos, muertos o
desaparecidos.
“(Israel Vallarta) no
es sino uno más de los miles de mexicanos que han sufrido abusos por parte de
las autoridades y han sido víctimas –sí, víctimas– de la corrupción y la
desvergüenza de quienes les han impedido tener un proceso justo”, concluye Volpi.
¿Esa parte de la
estrategia, esa de los montajes mediáticos y la fabricación de testigos y
pruebas de Genaro García Luna contra los Vallarta, también la defiende
Margarita? ¿La reinstalaría? Ojalá antes de responder, lea a Volpi.
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