Diego Petersen Farah.
La renuncia de Margarita Zavala le puso sal y pimienta a la
elección y creció la expectativa sobre lo que puede suceder en el segundo
debate donde habrá cuatro oradores y solo dos contrincantes: ni “El Bronco” ni
el candidato del PRI, José Antonio Meade, parecen tener ya mucho que ofrecer en
la contienda. El primero se hará cargo de los chistes, de las propuestas
políticamente incorrectas y las aberraciones en materia de derechos humanos.
Meade tratará de no desdibujarse más, pero para ello tendrá que tomar una
decisión: seguir buscando el segundo lugar, cada vez más lejano, atacando a
Anaya, o contribuir a la caza del Peje sumándose al golpeteo.
¿Puede Andrés Manuel
mantener la misma estrategia de hacer como que la virgen le habla y no
engancharse en los ataques? Por supuesto que sí. Lo más seguro es que va a
salir a desbaratar el juego de sus contrincantes; perder lo menos posible sigue
siendo su mejor opción. Durante mucho tiempo se dijo que Andrés Manuel no podía
creer más y siguió subiendo, sin embargo, ese límite parece, ahora sí, haber
llegado pues el voto priista, que fue el que capitalizó López Obrador en estos
últimos meses, ya está en los huesos. El PRI ya no está para prestar a nadie,
ni a Anaya, con el famoso voto útil, ni a AMLO con la diáspora roja. Haga lo
que haga ya no va a crecer, lo importante entonces es perder los menos puntos
posibles y eso se logra aguantando los golpes y contestando con estoicismo,
manteniendo el papel de víctima y seguir con el discurso del enemigo de “la
mafia del poder” que tanto le ha redituado.
Quien se juega más es
Ricardo Anaya. La renuncia de Margarita le pone enfrente votos que puede
capturar pero que no se irán en automático, son votos libres, de perfil
conservador y que de alguna manera se sienten agraviados por el candidato del
Frente. Pero aún esos, que pueden darle un buen empujón, no son suficientes. Anaya tiene que ir necesariamente
por los votos blandos de Andrés, los que no son fanáticos, y eso implica
acercarse al sentimiento antisistema, pero sobre todo posiciones claramente
antipriistas.
Otra particularidad de este segundo debate es que por la hora
de trasmisión en el centro del país (21.30 horas) el post debate, ese momento
crucial de discusión en la opinión, será muy distinto. El debate del debate no
será en los canales de televisión y radio, pues a esas horas la audiencia
comienza a bajar drásticamente, sino en las redes y en el momento.
En síntesis, Andrés
tiene que ser lo más AMLOve posible; Ricardo más K-Anaya que nunca.
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