Javier Risco.
Me preocupa
un asunto en particular en la campaña de Andrés Manuel López Obrador. Hace
varias semanas en una mesa de domingo, como las que todos tenemos, un amigo
soltó dos preguntas: ¿Por qué sí y por qué no votar por López Obrador? Algunas
respuestas tuvieron fundamento, otras no; unas estaban llenas de pasión
desbordada, otras no; varios lo odiaban, otros lo amaban, en fin, nada qué
destacar de la mayoría de los argumentos, pero hubo uno que se repitió entre
varios de los presentes: “Andrés Manuel es profundamente autoritario, sólo se
hace lo que él dice”.
Ante tal
aseveración decidí hacerles una pregunta a dos de las personas más cercanas al
candidato: Tatiana Clouthier, coordinadora de campaña, y Olga Sánchez Cordero,
la ministra en retiro de la Suprema Corte de Justicia, propuesta por AMLO para
estar al frente de la Secretaría de Gobernación en caso de llegar a la
presidencia. La pregunta fue la siguiente: ¿Podrías darme un ejemplo en donde
López Obrador haya cambiado de opinión después de escucharte? No les pido que
hablemos de algún tema capital o de una propuesta central de campaña, sólo un
ejemplo en donde no hayan coincidido con López Obrador y lo hayan convencido de
cambiar su postura.
Considero
que ambas forman parte de su círculo más cercano, una en el presente, estando
al tanto de absolutamente todo lo que sucede en la campaña, y otra en un futuro
no tan lejano, si logra llegar a una de las sillas con mayor poder en este
país. Dos mujeres que han demostrado la sensatez que muchas veces se le critica
a Andrés no tener.
¿Qué recibí
como respuesta? De parte de Tatiana Clouthier una extensa explicación de la
importancia de cada una de las voces dentro de Morena: “Todas son escuchadas”,
me dijo sin titubear y puso de ejemplo el día que se enteró de la postulación
de Napoleón Gómez Urrutia al Senado. “Me reúno con él y le digo, ‘oye Andrés,
¿qué onda con esto (¿la nominación de Gómez Urrutia al Senado?, me parece que
se dificulta o se va a dificultar que yo salga a dar la cara por esto, yo no me
siento cómoda con esto’, y me dice ‘no la tienes que dar, Tatiana, bienvenida a
la disidencia, somos un grupo plural, de librepensadores y puedes decir esto
públicamente’. En este tipo de cosas hay varias donde te podría decir no cabe,
y aquí estoy diciendo públicamente: no creo que quepa el comentario de
autoritario”. A lo que yo contesté que de todos modos se hacía lo que él
quería, porque Napoleón Gómez Urrutia permaneció en la lista de candidatos
plurinominales al Senado.
Ayer por la
mañana tuve la oportunidad de entrevistar a la ministra en retiro Olga Sánchez
Cordero en el programa de Así las Cosas, de WRadio, y recibí esta respuesta:
“Sí me escucha, por supuesto. Yo le he platicado cómo podríamos instrumentar
esta Ley de Amnistía, cómo se podría llevar, lo que es la justicia
transicional, todo eso lo he platicado con él. Hay temas que son de vida de él
y que yo no estoy de acuerdo, pero que son temas de vida y así me lo ha dicho:
‘son mis temas desde que nací y que son temas irreductibles para mí’”. Como ejemplo,
Sánchez Cordero puso el desafuero al presidente de la República y la revocación
de mandato, ambos postulados de AMLO que ella no comparte. Ejemplos, más bien,
de que, aunque la escucha, no logró hacer que cambiara de opinión.
Otro ejemplo
de algo en lo que no coinciden del todo: echar atrás la reforma educativa. Para
Sánchez Cordero no se trata de radicalmente reducirla a cero como lo ha dicho
el candidato, sino, más bien, revisarla para que se pueda implementar de
acuerdo con las realidades regionales de un país tan complejo y multifactorial
como el nuestro. “¿Tú crees que Andrés Manuel va a estar en contra de ir hacia
la sociedad de la información y hacia la capacitación de los maestros? ‘Claro
que no. Vamos a ver las realidades’”, dice sin dejar claro si ese matiz que
ella pone al tema es algo de lo que convenció al morenista.
Tal vez haya
sido que ambas mujeres no lo habían pensado y en el momento no le vino a la
mente ningún ejemplo, o tal vez no haya ningún ejemplo y efectivamente López
Obrador sea un hombre que escucha, pero no es capaz de cambiar de opinión.
Lo que busca
esta columna es conocer esas historias, saber en qué momento el candidato
puntero se ha equivocado –como cualquiera– y gracias al consejo de sus cercanos
ha cambiado su manera de pensar. ¿Por qué no hemos visto en el candidato
puntero esta escala de grises que su equipo cercano sí muestra?
Hasta ahora,
López Obrador lidera la intención de voto, pero para los ciudadanos es
importante saber que no sólo se tendría a un partido distinto al PRI en colores
o al PAN en postulados, sino saber que el hombre que llegue a Los Pinos no es
un erudito que jamás falla, sino un líder que se rodea no sólo de mujeres
capaces, sino de mujeres a las que está dispuesto a escuchar, más que oír. Porque
un líder no es el que puntea en una encuesta, sino el que sabe reconocer que
otros a su alrededor, con una postura diferente, pueden tener razón.
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