Alejandro
Páez Varela.
No pasaba
desapercibida, al menos para este grupo de amigos, cada portada en la que
aparecía Aurelio Nuño. Teníamos una apuesta: “mañana le toca”. Una apuesta de
broma, por supuesto. En el fondo, lo que más nos extrañaba era que se trataba
(se trata) de un periódico de izquierda. Ya sé que molesta a muchos que se
comenten estos temas. Pero así pasaba. Lo digo sin filtro. Era muy notorio que
un enemigo de los sindicatos magisteriales de izquierda estuviera al menos una
vez a la semana allí, con su carota, diciendo cualquier cosa, en un diario de
izquierda.
No es mi afán de polemizar sobre los
medios que fueron y son parte de un reparto histórico de 60 mil millones de
pesos, el monto que destinará el Gobierno de Enrique Peña Nieto a los medios.
Organizaciones civiles mexicanas y extranjeras dicen que fue ese dinero fue
(es) usado para comprar voluntades; yo agrego: y portadas… y helicópteros,
porque los salarios de los periodistas siguieron deprimidos en todo este
sexenio (dicen Fundar y Artículo 19) mientras que se repartía una cantidad
demencial de dinero, sin reglas y sin tope, a un puñado de medios que, estoy
seguro, el Gobierno federal consideró (considera) sus aliados.
Alguna vez alguien me contó, con
información de la que no tengo por qué dudar, que Nuño era el hombre del
reparto a los medios. Decidió partidas y vetos.
–Fue él
quien le dijo al director del medio Fulano de Tal que, de entrada, se le
consideraba enemigo del Gobierno del presidente Peña. Fue en 2015. Para eso se reunió con él, con el director: para
anunciarle que el medio estaba vetado.
Insisto: me lo dijo alguien que sabe de esos temas.
También supe que Aurelio Nuño participó en al menos
dos o tres negociaciones que atañían a más de un periódico. Un día lo cuento
completo. Estuve al tanto, casi en tiempo real, de su participación en esas
negociaciones que afectaron a periodistas en particular, y beneficiaron a
otros.
En resumen, para no extenderme porque
además hay cosas que sirven más cuando se guardan (y “caimán no come caimán”, dijo alguna vez Gabriel García
Márquez): el tipo es en parte culpable
que Enrique Peña Nieto no cumpliera su promesa de campaña, lanzada en mayo de
2012: “Como Presidente de la República impulsaré una reforma constitucional
para crear una instancia ciudadana y autónoma que supervise que la contratación
de publicidad de todos los niveles de gobierno en medios de comunicación se
lleve a cabo bajo los principios de utilidad pública, transparencia, respeto a
la libertad periodística y fomento del acceso ciudadano a la información”.
En diciembre
de 2017, el maravilloso señor Nuño le explicaría esto a The New York Times:
“Poco
después de su elección, el equipo de Peña Nieto ideó un plan para regular el
gasto de los medios. Pero Aurelio Nuño, el ex jefe de gabinete y ex Secretario
de Educación, dijo que la propuesta nunca avanzó lo suficiente como para
convertirse en el borrador de una ley que pudiera cambiar esa situación. El
esfuerzo fue subsumido por otras promesas de campaña y se quedó atrás”.
Coincide con
lo que me dijo aquél: “Aurelio Nuño fue
el que ordenó no darle publicidad a los medios que fueran críticos del presidente.
Él, directamente, se echó la bronca”.
Y él, también, fue uno de los grandes
beneficiarios del gasto inmoral en publicidad oficial de este sexenio.
De acuerdo
con Reforma, la Secretaría de Educación Pública (SEP), entonces a cargo de Nuño, gastó sólo durante 2017 un total de
mil 963 millones de pesos en comunicación social y superó en 2 mil 680 por
ciento los 70.6 millones de pesos de presupuesto original aprobado por el
Congreso de la Unión. Así. Sin rubor.
Nuño reforzó “la campaña del nuevo modelo
educativo, derivado de la reforma en el sector, y el gasto en comunicación
social ascendió a 5.3 millones de pesos al día en propaganda”.
Dinero de los mexicanos que se fue a
la basura. Una montaña de dinero gastado en prensa, en un país con 53 millones
de pobres.
Un tuit de
José Merino (@PPmerino):
“Digamos que un maestro de primaria
gana 9,500 al mes y tiene 21 estudiantes en promedio. Lo que se gastó Nuño en
publicidad sólo en 2017 alcanzaría para 10 años de salario de 1,428 maestros
beneficiando a 300,000 niños. (Así él y así los medios que estiraron la mano)”.
Me da un poco de pena ajena cuando
escucho a José Antonio Meade defender la Reforma Educativa de Aurelio Nuño. como dicen por allí. Básicamente mete las
manos al fuego por una reforma que hizo su coordinador de campaña… quien es el que le dice en qué debe
meter las manos al fuego. Aprrr.
Pobre niño
rico, gastando capital político en su coordinador de campaña, cuando debería
ser al revés; pobre Meade, tratando de
hacer algo que no lograron los mil 963 millones de pesos que Nuño le quitó de
la mesa a los mexicanos para en defender a punta de billetazos una reforma que,
si las cosas siguen como van, será demolida en una plaza pública el 2 de julio.
Este episodio es el resumen de todo
lo que es Meade, o
de lo que ha representado. Lo tienen
allí para que defienda las causas del grupo compacto del que él nunca fue
miembro honorario; lo tienen allí
porque era el que podía defender a los corruptos, las reformas fallidas, el
sexenio del fracaso. A eso olía
desde un principio. Pero lo viene confirmando a diario. Por eso el
“relanzamiento” de su campaña sonó bofo: no tiene el control y no se atreve a
(o no puede) tanto.
Nombre, unos
genios: querían un títere y lo tuvieron.
Pero esta vez el títere no era guapo, ni bueno para hablar, ni tenía presencia.
Faltan 47
días. No hay plazo que no se cumpla.
Todo parece
indicar que perdieron la apuesta.
…O hicieron
todo para perder la apuesta. De todo y sin medida, como diría José José.
The
Economist les dedicó un editorial el 24 de junio de 2015. Llamaba a que el
Gobierno de Peña rectificara.
En los
siguientes años, sin embargo, el Gobierno de Peña se dedicó en cuerpo y alma a
confirmar el artículo.
Se llamaba “El Pantano Mexicano”.
Subtítulo: “El Presidente no entiende que no entiende”. (“The Mexican morass. A president who
doesn’t get that he doesn’t get it”).
Decía:
“Enrique Peña Nieto prometió trabajar
para liberar a su país del crimen, la corrupción y la impunidad. El mensaje es
el correcto. Pero desafortunadamente para Peña, los mexicanos son cada vez más
incrédulos acerca del mensajero”.
Y se puso
peor.
Decía:
“México todavía está furioso por la
respuesta del Gobierno al secuestro de 43 estudiantes. La principal respuesta
política de Peña a la masacre es una propuesta de enmienda constitucional para
abolir las fuerzas policiales municipales. Pero es posible que el Congreso no
lo apruebe”.
Así fue.
Decía:
“La última vergüenza, reportada esta
semana por The Wall Street Journal, es que Peña compró una casa a un pequeño
constructor que ha ganado una gran cantidad de contratos de su administración.
Esto sigue a la revelación de que Luis Videgaray, su Secretario de Hacienda,
compró una casa en un club de golf con una hipoteca del vendedor, una compañía
propiedad de Juan Armando Hinojosa. El empresario recibió muchos contratos del
gobierno federal. Esto confirmó los estrechos vínculos entre la administración
y Grupo Higa, el imperio empresarial de Hinojosa […]”.
Y se puso
peor.
Decía:
“[…] Se necesitan varios cambios. Las
propuestas para un fiscal independiente y una agencia anticorrupción deberían
ser rápidamente rastreadas (deprimente: los partidarios de Peña quieren que la
última esté bajo control gubernamental)”.
Así fue.
Decía:
“El segundo elemento que falta es la
responsabilidad política. Nadie ha asumido la responsabilidad y ha renunciado
por las fallas en seguridad, el contrato del tren dudoso o los conflictos de
intereses. Nadie ha excluido a Grupo Higa de los contratos con el gobierno
mientras se investiga de forma independiente, aunque solo sea para establecer
que es intachable”.
Y se puso
peor.
Decía:
“‘No entienden que no lo entienden’,
dice un ex alto funcionario. Pero los mexicanos lo entienden. La calificación
de aprobación de Peña ha caído al 40 por ciento, cerca de la más baja para un presidente
mexicano”.
Y se puso
peor.
Decía:
“Sus audaces reformas económicas aún
pueden traer recompensas políticas. Las divisiones de la oposición pueden
ayudarlo a ganar una elección en el Congreso en junio. Pero los últimos meses
han socavado la autoridad que utilizó para asegurar las reformas”.
Y se puso
peor.
Decía:
“Y con las encuestas que sugieren que
la participación en las elecciones será pésima, el principal beneficiario del
cinismo que el presidente está engendrando puede ser Andrés Manuel López
Obrador”.
Y así fue.
El deseo de sacarle jugo al dinero de
la gente se impuso. Como Nuño.
Ahora están por irse con la cola
entre las patas. Como Nuño. Y como Peña. O como Osorio. O como Videgaray. O
como Meade. O como el PRI, todo.
Ganó la voracidad.
De todo. Y
sin medida.
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