Javier Risco.
En México, la diferencia entre que
hoy vuelvas sano y salvo a casa, o no, es cuestión de azar. Ya no son
asesinados aquellos que están involucrados con el crimen organizado, ‘los que
andan en malos pasos’, los que se lo buscaron, no. Aquí ya te matan quizá por
mala suerte.
Sólo en el último año conozco a
cuatro personas que han muerto en diferentes eventualidades. Que yo sepa,
ninguna se lo buscó, pero les tocó. Y yo trabajo de noche los fines de semana,
siempre le digo a mi mujer que rece por mí por si no vuelvo.
Lo anterior
es lo que Juan Andrés, un chofer de Uber en Tijuana, me contó en algún trayecto
durante este fin de semana en que acudí al segundo debate presidencial. En
primera instancia podría atribuírsele a un hombre de más de 50 años que podría
no ser el más informado. Sin embargo, basta con buscar el índice de homicidios
que tiene el último rincón de América Latina para saber que se trata de un
testigo de la realidad de los tijuanenses: “710
es el número de homicidios que se han registrado en Baja California en 96 días
de 2018. Sólo en seis días de abril,
en Tijuana han muerto de forma violenta 21 personas. “Las víctimas han sido
privadas de la vida con arma de fuego, punzocortante, calcinados, decapitados,
embolsados, encobijados, enmaletados y a golpes”, consigna una nota del diario
local Debate.
Ya hemos
perdido la sorpresa hasta en la forma en que describimos las distintas maneras
de arrancarle a alguien la respiración.
Pero no se
trata de un hecho aislado, propio de una ciudad fronteriza, sino de una
realidad que ahoga a esta administración agonizante en una de las más severas
crisis de seguridad. Este chofer de Uber de más de 50 no habla para hacer
conversación, describe lo que para él es una realidad.
Ayer, una nota del portal de Animal Político daba
cuenta de la cruda situación: entre enero y abril, México ha vivido el
cuatrimestre con más homicidios en 20 años. Ya sé… ya hemos oído esta nota y
ese es el problema: cada mes la situación es más grave y más normalizada. ¿Por
qué nos hemos acostumbrado a acumular muertos sin exigir una explicación?
“El primer cuatrimestre de este año
cierra con 10 mil 395 homicidios, que equivale a una tasa de 8.3 víctimas de
asesinato por cada cien mil habitantes. Es la cifra más alta de violencia para
cualquier primer cuatrimestre
de los últimos 20 años.
“Los datos oficiales arrojan que en
el primer cuatrimestre de 2015 la tasa de víctimas de homicidio doloso es de
4.6 por cien mil habitantes; en 2016 es de 5.3 homicidios; en 2017 es de 6.9 y
en 2018 es de 8.3. Esto
significa que en un periodo de tres años
los asesinatos han repuntado más de 80 por ciento”, señala el texto firmado por
el periodista Arturo Ángel.
¿Cuándo nos acostumbramos a vivir en
un charco de sangre? ¿Cuándo dejó de sorprendernos que fenómenos que sólo
atribuíamos a zonas calientes como Michoacán, Guerrero o las ciudades
fronterizas como Tijuana, ocurrieran también en la capital o en los municipios
de la metrópoli?
¿Por qué no estamos tras los
candidatos exigiendo propuestas que garanticen la disminución de la violencia?
Hoy pocos recuerdan el debate de
antier, ya voltean al del próximo martes 12 de junio en Mérida, los temas no
son menores: salud, educación y medio ambiente. Lo que no pueden olvidar los
candidatos es que la violencia no requiere fecha de confrontación de ideas,
diario deben trabajar en una plataforma, diario deben recordar el país en el
que despiertan, la violencia nos sigue superando.
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