Diego Petersen Farah.
Todos
sabemos quién es Jason Vooheer, el sádico protagonista de la saga de “viernes
13”, uno de los personajes más célebres del cine de terror y de la cultura
popular estadunidense, famoso por su máscara de portero de hockey y su sierra
eléctrica. Hasta yo, que no he visto ninguna de estas películas, le tengo pavor. Pero más miedo le tengo al
otro Jason, el de acá, como se le conoce en este país al periodo de transición
(julio, agosto, septiembre, octubre, noviembre).
Por tercer mes consecutivo, en mayo
rompimos récord del mes más violento de la historia reciente: 2,890 homicidios
en todo el país, uno cada 15 minutos.
Sí, en promedio, mientras vemos un
partido de futbol, seis mexicanos son asesinados. Así de cruel; así de duro.
Desde que arrancó el año cada mes ha sido más violento que el anterior, hay una
tendencia al alza no solo año contra año, sino mes contra mes. Si revisamos las
cifras enero-mayo de 2015 a la fecha el crecimiento de la violencia es bestial.
Del 2015 al 2016 aumentó 16 por ciento; el siguiente año creció 31 y del año
pasado a este 20 por ciento más. Estamos casi al doble en cuatro años.
La descomposición sin embargo puede
agravarse seriamente en temporada de Jason. Las transiciones largas son
positivas cuando las cosas están más o menos bien, pues permiten que la entrega
recepción se haga con tranquilidad y sin prisas. Pero, en momentos de crisis económica
o de violencia como es ahora, el vacío de autoridad generado por la existencia
de un presidente que se apaga y otro que no termina de llegar se convierte en
el caldo de cultivo ideal para la descomposición.
Los cinco meses de Jason serán peores
en materia de seguridad que los primeros del año; podemos
llegar a cifras cercanas a los tres mil asesinatos al mes para cuando el nuevo
gobierno tome posesión, lo que los
pondrá en una posición de debilidad nunca vista. Para darnos una idea, en 2006, cuando Calderón decidió emprender
su política llamada Guerra al Narco en el país hubo poco más de diez mil
asesinatos; este año puede cerrar alrededor de 30 mil. Atacar la violencia
tendrá que ser necesariamente la primera acción importante del gobierno que llegue
y nadie está realmente preparado para ello, ninguno de los tres candidatos se
ha tomado en serio la tarea de diseñar políticas de combate a la violencia y
construcción de paz. Ni López Obrador, hoy por hoy el más probable ganador, ni
los dos terceros, Anaya y Meade, han dimensionado lo que significa la violencia
en términos no solo de vidas humanas, que es terrible, sino de gobernabilidad y
capacidades institucionales.
El primero de diciembre el nuevo
presidente recibirá la banda de manos de Peña, pero las malas noticias vendrán
del terrible Jason.
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