Ricardo
Ravelo.
En Baja
California Norte, particularmente en la ciudad de Ensenada, estalló el
escándalo mediático que salpica al candidato presidencial, Andrés Manuel López
Obrador, quien pregona ser un defensor a ultranza del periodismo libre y, sobre
todo, de la libertad de expresión.
Pero la
convicción de López Obrador sobre la libertad de expresión y de pensamiento no
es acogida, por lo visto, por todos sus seguidores y menos por algunos los
candidatos de Morena a puestos de elección popular, quienes en muchos casos
actúan como caciques, son prepotentes y piensan que todo lo resuelven con
dinero y bravuconadas.
Es el caso, por ejemplo, del político
y empresario de la comunicación, Jaime Bonilla, un personaje de sucia historia
en Ensenada, Baja California, quien es dueño del canal 29 de televisión.
Resulta que en días pasados, Bonilla,
quien se ostenta como amigo estrecho de López Obrador –por lo menos deberían
tener afinidades en común, pero no es así –despidió al periodista Jorge Díaz,
sin mayores explicaciones, cuando conducía su programa Lánzate, un espacio que,
como pocos, era aceptado por el público por su libertad en el manejo
informativo.
En medio de
la efervescencia por las campañas políticas, el despilfarro de recursos de
dudosa procedencia y otros vicios que han salido a flote en el proceso
electoral, a Jorge Díaz se le ocurrió hacer un comentario sobre el derroche de
recursos del candidato del PT-Morena por el distrito 03, Armando Reyes.
El comunicador hizo una crítica sin
mencionar nombres ni partidos. Simplemente habló en términos generales;
argumentó que ese candidato estaba gastando mucho dinero en la campaña y que,
hasta donde se podía inferir, se desconocía el origen de los recursos.
El periodista fue sacado del aire sin
mayores explicaciones, al más puro estilo de los caciques del PRI en las peores
etapas de la represión a las libertades. De inmediato se comunicó con él Jorge
de a Cruz, contador de la empresa, quien le dijo que por órdenes de Bonilla se
cerraba el espacio televisivo, a menos que fuera a ver personalmente al
candidato Armando Reyes para ofrecerle una disculpa, la cual se haría extensiva
públicamente.
Después se
comunicó con el periodista Armando Ayala, gerente del canal, quien le dijo que
lo esperaba en su oficina para aclarar lo que había dicho al aire. Le ordenó
que le pidiera disculpas al candidato Armando Reyes, pues esa era la condición
para considerar reabrir el espacio. De lo contrario se quedaba sin trabajo.
Además, le dijo también que su regreso al programa Lánzate dependía de lo que
decidiera el candidato Armando Reyes.
El periodista se negó, al
considerarlo humillante, después de que criticó el despilfarro económico del
abanderado del PT. Simplemente le pareció indigno hacerlo y asumió el despido
como una consecuencia del ejercicio de su libertad.
Ayala lo
condicionó:
–Si no ofreces disculpas, no se
abrirá el espacio. Tienes que pedirle perdón por lo que hiciste. Esas son las
instrucciones de arriba.
Pero días después de su despido Jorge
Díaz le llamó por teléfono a Jaime Bonilla, el propietario del canal, quien
como ya se dijo es candidato de Morena al Senado de la República y amigo
cercano de Andrés Manuel López Obrador.
La llamada fue grabada por los
órganos de inteligencia y sus partes medulares fueron difundidas en redes
sociales. En la comunicación telefónica se escucha hablar al periodista, quien
se quejó del despido y de que la televisora resultó intolerante ante una
crítica que, según dijo en un comunicado difundido en las redes sociales, no
tenía la mayor trascendencia porque no mencionó el nombre del candidato ni del
partido que lo abandera. Pero queda claro que todo el mundo se enteró y supo a
quien se refería.
Sin embargo, para Jaime Bonilla la
crítica de Díaz hacia Armando Reyes sí tendría consecuencias y muy graves: se
podrían en riesgo algunos negocios de construcción, previamente pactadas, por
lo que Bonilla expuso su más elevado interés en ganar varios distritos del
estado de Baja California Norte, entre ellos, Rosarito, Tijuana y Ensenada,
pues había hecho compromisos fuertes en temas de negocios y el triunfo en ese
distrito depende de Armando Reyes, le dijo con tono tajante.
Bonilla le recriminó al periodista
que lo estaba afectando en sus intereses políticos y empresariales. Le dijo
también, según el audio que se dispone, que él estaba apoyando con dinero al
abanderado del PT y de Morena y que además le había prometido otorgarle todo el
apoyo de la televisora para garantizar su triunfo.
“Para mí es muy importante ganar ese
distrito, le dijo Bonilla a Jorge Díaz, y si golpeas a Armando Reyes me golpeas
a mí. Golpeas mis intereses cuando le pegas a los candidatos que van conmigo en
la coalición. Quiero que me apoyes y que te sumes a este proyecto, quiero que
se solidarices conmigo. Y para esto te pido que vayas a ver a Armando Reyes y
hagan las pases. Es para mi es muy importante porque no vaya a pensar que lo
estoy traicionando y no es así.
Lo que llama la atención de todo esto
es la incongruencia de Bonilla con los intereses de Morena y de su candidato
presidencial, quien se solaza públicamente de ser un defensor de la libertad de
expresión. Pero su candidato al Senado por Baja California –Jaime Bonilla
–despide al comunicador por ejercer la crítica, lo que confirma que el
empresario y político es un usurero de los medios y del periodismo.
El empresario Jaime Bonilla Valdez es
señalado en Tijuana y Ensenada como un insubordinado y un hombre que no respeta
los lineamientos de Morena. Simplemente quiere hacer su voluntad y en ese afán
ha causado muchos problemas a Morena y a AMLO en el estado.
Alrededor de Bonilla han surgido
varias voces críticas que cuestionan su comportamiento y se preguntan por qué
Morena y AMLO lanzaron a este “hombre anárquico” como su candidato al Senado.
Una de esas voces es la del teniente coronel Julián Leyzaola durante una
entrevista que le concedió al periodista Paco Palani.
Dijo Leyzaola que Bonilla Valdez es
un delincuente. También dijo, sin cortapisas, que Jaime Bonilla Valdez actuaba
como un candidato anárquico e insubordinado que no respeta las reglas del
juego. “Me parece ilógico que un subordinado del partido Morena en un estado
quiera cambiar las reglas a nivel nacional”.
También le preguntaron a Leyzaola
–por años el responsable de la seguridad en Chihuahua y Baja California –que
con quien preferiría hacer alianza: con Bonilla o con el senador panista Jorge
Ramos. Y respondió sin rodeos:
–Con Bonilla
jamás trabajaría, con Ramos tendría que pensarlo.
No es la primera vez que Leyzaola
cuestiona a Jaime Bonilla, de quien ha dicho que ha sido acusado de actos de
corrupción y de estar vinculado con algunos narcopolíticos. Algunos miembros de
Morena, incluso, lo acusan de ser el responsable de una desbandada de
morenistas ocurrida en 2015 en Baja California Norte.
En ese tiempo, los morenistas
rechazaron su nombramiento como dirigente de Morena en el estado, pues entre
otras acusaciones fue señalado de estar relacionado con el lavado de dinero.
Pese a esta mala fama, Morena y AMLO dieron su visto bueno para que fuera el
dirigente, primero, y el candidato al Senado, después. ¿Será esto un ejemplo de
la amnistía de AMLO para los presuntos delincuentes y narcopolíticos?
Jaime Bonilla tiene una historia
sucia. Es pública, muy pública al igual que sus presuntos nexos con el manejo
de dinero de dudosa procedencia. Ahora quiere fuero como senador y busca
afanosamente serlo a costa de lo que sea. No tiene límites en sus ambiciones
personales.
De acuerdo con informaciones
difundidas en Baja California y documentos en poder de quien esto escribe,
Jaime Bonilla amasó una gran fortuna a base de corrupción.
Un corporativo trasnacional hizo
amasó millones de dólares exportando agua potable que pertenecía por derecho a
Baja California gracias a los pactos que Bonilla hizo cuando fungió como
diputado federal, en 2012, por el Partido del Trabajo.
Bonilla protestó como diputado
federal en 2012, pero antes fue uno de los cinco directores de Agua de Otay, en
San Diego, California. Se asegura que sus alianzas le ayudaron a cabildear a
favor de la Consolidated Water Company, empresa que se amasó millonarias
ganancias a costa de los bajacalifornianos.
Y es que Bonilla operó a favor de CWC
para que se explotaran los recursos naturales del estado y se vendiera al
Distrito de Agua de Otay. Bonilla dirigió esta dependencia hasta el 2011, pues
fue separado del cargo debido ser acusado de actos corrupción.
Una investigación en las oficinas
estatales y centrales de la Secretaría del Medio Ambiente y Recursos Naturales
(Semarnat), la Secretaría de de Infraestructura y Desarrollo Humano (Sedue) y
La Comisión Nacional del Agua, así como el seguimiento que se hizo en el
Distrito de Otay, revela que Bonilla logró que el gobierno emitiera el dictamen
ambiental a favor de la corporación privada en marzo de de 2015.
Pero de manera inusual, Semarnat no
subió copia digital de la resolución para consulta ciudadana ni tampoco incluyó
el resolutivo en los números de la Gaceta Ecológica correspondiente a ese
tiempo.
CWC –la
empresa que operó el negocio del agua con Bonilla – opera en ocho países, posee
veinte plantas desalinizadoras que producen 98.2 millones de litros diarios de
agua potable. Sus ganancias anuales se estiman en unos 500 millones de dólares,
pero gran parte de sus operaciones las realiza al estilo de la trasnacional
Odebrecht: corrompiendo a políticos.
En el
reciente debate celebrado entre candidatos a senadores y diputados en Baja
California, la historia sucia de Bonilla
salió a la escena pública. El abanderado de Morena no asistió a debatir.
Alejandro Arregui, el candidato del PRI, dijo que lamentaba que Bonilla no haya
asistido al debate y públicamente exhibió un documento titulado “Expediente
Bonilla” y dijo que en dicha investigación hay muchas cosas oscuras que el
morenista debe explicarle a la gente.
Ahí mismo, Ignacio Anaya, abanderado
del Partido Verde, celebró que Jaime Bonilla no haya asistido a debatir. “No me
gusta debatir con delincuentes”, señalo.
Armando Reyes, por su parte, resulta
ser otra ficha negra. Actualmente es el candidato de PT y de Morena por el
distrito 03, pero a lo largo de su historia acumula acusaciones por presunto
enriquecimiento ilícito, compra de propiedades millonarias, entre las que
destaca una mansión en la llamada ruta del vino. También posee varios vehículos
de lujo.
Pero otro lado oscuro de Reyes es que
ha sido acusado de acoso sexual en varias ocasiones. En Baja California se
afirma que suele ofrecer puestos en el gobierno a mujeres que militan en la
política o que aspiran a un cargo público, pero a cambio tienen que ceder a sus
pretensiones sexuales. Tan larga es su historia delictiva que, se asegura, esa
es la razón por la que busca un escaño en la Cámara de Diputados, pues pretende
blindarse con el fuero. Y también se dice de él que representa a “la mafia del
poder”, justamente lo que AMLO cuestiona, pero si se trata de sus candidatos el
tabasqueño guarda silencio.
Recientemente visitó el estado de
Baja California Tatiana Clouthier, la coordinadora de la campaña de AMLO. A
ella le cuestionaron que cómo era posible que López Obrador y Morena apoyaran a
candidatos de negra historia como Bonilla y Reyes, además de otros que tienen
antecedentes de estar ligados al narcotráfico.
Clouthier
respondió sin tapujos: Si no quieren a los candidatos de Morena, no
voten por ellos, pero apoyen a Andrés Manuel para la presidencia de la
República. Esa fue la salida. Ni un argumento más y mucho menos una
explicación. Simplemente se ausentaron las palabras.
Lo cierto es que en Baja California
como en otros estados –y eso lo sabe AMLO –Morena se ha convertido en refugio
de presuntos delincuentes, lavadores de dinero que, como Jaime Bonilla, buscan
blindarse en el fuero para mantener sus cotos de poder ahora desde la
izquierda. Y en la defensa de sus intereses mafiosos despiden a periodistas,
cierran espacios críticos a pesar de que López Obrador defiende la libertad de
expresión, pero respalda a personajes de la peor ralea.
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