Gabriel Sosa Plata.
Andrés Manuel López Obrador también
tendió la mano a los medios de comunicación el día de las elecciones.
En su mensaje en el Hotel Hilton dijo: “Fue ejemplar la pluralidad y el profesionalismo de la prensa, la radio
y la televisión. Los medios de comunicación no fueron como en otras ocasiones
correas de transmisión para la guerra sucia. También mi gratitud a las benditas
redes sociales”.
La política de la reconciliación se
concretó así con otro actor importante del país. Es lógico que así haya
ocurrido porque López Obrador, como la mayoría de los políticos, no desea
confrontarse con el poder mediático, por más que se advierta sobre su
debilitamiento de influencia en la opinión pública frente a las redes sociales.
Sin embargo, generalizó. No
todos fueron profesionales ni mucho menos plurales.
Así se demuestra en el monitoreo de noticiarios de radio y
televisión que ha hecho la UNAM para el INE. Como hemos comentado en Sin
Embargo, en este proceso electoral, hubo una cobertura más amplia y en
ocasiones equilibrada, si se le compara con lo que vivieron los candidatos y
partidos de oposición en elecciones anteriores, pero aún hay desafíos
importantes en pluralidad, ética (profesionalismo) y derechos de las
audiencias.
También, como denunció Mexicanos
contra la Corrupción, hubo mucho dinero ilegal en los medios de comunicación en
estas campañas políticas para apoyar o denostar a candidatos y partidos
políticos.
Este gasto y las preferencias
partidistas de empresarios mediáticos y periodistas fueron clave para la guerra
sucia que también vimos en diversos medios y espacios informativos, basada en
supuestos, rumores y mentiras para bajar a AMLO en las encuestas: por ejemplo,
la injerencia rusa, el perdón a criminales, el desprecio a la sociedad civil
organizada, el odio a los empresarios, su pésimo estado de salud y su vejez.
(Hernán Gómez, El Universal, 29 de junio 2018).
Lo mismo -o quizás peor- sucedió a Ricardo Anaya. Desde el
gobierno federal se operó una estrategia de comunicación para denigrar al
candidato de Por México al Frente a través de filtraciones de expedientes,
grabaciones, “exclusivas”, que varios medios de comunicación difundieron,
acríticos, con enorme gusto. A ello incluso se prestó la agencia mexicana de
noticias, Notimex. El panista, por si fuera poco, fue el que tuvo una menor
cobertura periodística frente a AMLO y José Antonio Meade.
Por supuesto que algunos medios de
comunicación, como en elecciones anteriores, pudieron ser más críticos y
destructivos con AMLO a lo largo de la campaña, pero optaron por jugar un papel
cauteloso ante el escenario posible que finalmente se cumplió: el avasallador
triunfo en las urnas de la coalición Juntos Haremos Historia.
Al confirmarse los resultados este
domingo, el trato hacia López Obrador ha sido todavía más amable. Y también es
comprensible porque para los medios, como lo dicta la experiencia, es
preferible mantener la prudencia y no cerrar las puertas a entrevistas,
noticias exclusivas, primicias y sobre todo a la publicidad gubernamental.
LA NUEVA POLÍTICA DE COMUNICACIÓN.
¿Cómo será la política de
comunicación social del futuro presidente?
La moneda está en el aire. López
Obrador ha reiterado que respetará la libertad de expresión y que disminuirá el
gasto en publicidad gubernamental. Veremos la manera en cómo operarán estos
compromisos en el día a día, porque una cosa es ser oposición, pero otra muy
distinta es ser gobierno y tener un enorme poder político.
El responsable de definir dicha
política será César Yáñez, el coordinador de comunicación de López Obrador. En
sus manos está transformar la relación poder político-medios de comunicación,
bajo los principios de un gobierno democrático y una visión de izquierda.
Además de una nueva regulación de la
publicidad gubernamental, otros temas prioritarios en este ámbito son los
medios públicos y su autonomía (Once TV, Canal 22, IMER, Radio Educación,
etc.), el fortalecimiento de los medios indígenas (Sistema de Radiodifusoras
Culturales Indigenistas), los derechos de las audiencias y su pleno
reconocimiento, la necesaria reestructuración de la Subsecretaría de
Normatividad de Medios de la Secretaría de Gobernación, el impulso pleno a la
transparencia y la rendición de cuentas en el gobierno federal, entre otros.
¿Se impulsará una reforma a la Ley
Federal de Telecomunicaciones y Radiodifusión, como parte de estos cambios
necesarios? ¿se reformulará la Ley General de Comunicación Social? ¿habrá
cambios a la legislación de la administración pública federal para reubicar a
los medios públicos en algunas dependencias y garantizar así su independencia
editorial? ¿cuál deberá el papel de Notimex? ¿y qué pasará con el cine? ¿se
modificará la Ley Federal de Cinematografía para dar más espacio al cine
nacional en empresas como Cinépolis (propiedad de un empresario que no quería a
AMLO en la presidencia)? ¿habrá un verdadero fomento a la producción audiovisual
nacional e independiente?
Al mismo tiempo, la nueva comunicación social de Presidencia
se demostrará en la relación cotidiana con los medios de comunicación, desde el
equipo de transición y una vez que asuman el Poder Ejecutivo. ¿Se seguirá privilegiando a las televisoras
comerciales o ya se volteará a ver a Once TV, Canal 22 y otros medios públicos
y comunitarios con información de primera mano y entrevistas? ¿se acabará con
las presiones o el chantaje desde la oficina de comunicación de la Presidencia
para incidir en las líneas editoriales o para terminar relaciones laborales con
columnistas, reporteros o conductoras? ¿se seguirá reproduciendo la tradicional
Comida Nacional de Radio y Televisión con el mismo formato, anacrónico, de
alabanzas mutuas? Infinidad de preguntas por responder.
¿Y los medios? Bueno, a los medios
les corresponde regresar a su esencia o mantenerla: hacer periodismo de calidad
y ser contrapoder, recuperar las agendas de la sociedad, hacer un marcaje para
que las promesas del político y los partidos que lo apoyan se cumplan,
denunciar con mayor ahínco la corrupción, terminar con la práctica del
“chayote”, ganar la credibilidad perdida de muchos de estos medios frente a la
ciudadanía y denunciar toda presión gubernamental para limitar su libertad de
expresión.
En la consolidación de la democracia, los medios impresos, la
radio y la televisión son también actores indispensables.
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