Patricia
Mayorga.
El Grupo Interdisciplinario de
Expertos Independientes (GIEI) que investigó el caso Ayotzinapa fue una pequeña
comisión de la verdad que fortaleció un caso ya convertido en espejo para
México, afirma Carlos Beristain.
Entrevistado
en la capital peruana, el especialista
en procesos de paz y de búsqueda de la verdad en regiones de América, Europa y
África, explica que para crear una comisión de la verdad en México primero
tiene que haber un cambio de sistema por los niveles de violencia que ha
alcanzado el país en los últimos años.
Desde tiempo
atrás, precisa, urge un marco social de
reconocimiento de las víctimas y de la experiencia que ellas han acumulado cada
vez más.
“En todos los países hemos escuchado
la frase de que no es el tiempo, y yo creo que el tiempo es ahora. Tenemos que
encontrar las condiciones que hacen posible que los procesos puedan hacerse,
para no exponer a la gente a cosas que no hay condiciones para hacer y que las
pueden golpear más, o que las visibilizan cuando no hay condiciones de
seguridad para ellas. Hay que tener cuidado”.
Desde hace
tiempo, insiste, la gente exige una
respuesta digna del Estado, en la que se reconozca su experiencia. “Y yo creo
que sí es el tiempo” de una comisión de la verdad.
Tras señalar que en México hay un
sistema social y político en crisis, Beristain afirma que dicho sistema se ha
convertido en parte del problema en términos de impunidad. “Es un círculo entre
violencia, corrupción, impunidad, violaciones de derechos humanos, ahí hay todo
un cúmulo que se ha retroalimentado”.
Y, para dimensionar la complejidad de
México, recuerda con insistencia las palabras de familiares de los normalistas
desaparecidos en Iguala, Guerrero, el 26 de octubre de 2014: “POR FAVOR NO SE
VENDAN”.
“Pero otra cosa que nos dijo mucha
gente es: ustedes no van a poder hacer nada. Nos lo dijo mucha gente, gente
bien intencionada, comprometida”, dice.
De acuerdo
con el experto, esas frases no las había
escuchado en los países donde ha trabajado en comisiones de la verdad,
acompañamiento de víctimas o procesos de pacificación en países como Guatemala,
El Salvador, Perú, Colombia, Ecuador, Brasil, Venezuela, Chile, Paraguay,
Argentina, el País Vasco, los Balcanes, Argelia y el Sahara Occidental.
“Y el GIEI demostró que se puede
hacer. Lo que tenemos que encontrar son las metodologías, la manera de
documentar casos que permitan hacer ese proceso y acompañar a las víctimas. Yo
creo que eso se tiene que ir haciendo, como una comisión de la verdad, pero no
creo que se pueda hacer una cosa mimética, un calcado. Tiene que adaptarse a la
reflexión y tiene que adaptarse al contexto de las víctimas”.
En opinión
de Beristain, la narco-política es una
dimensión solamente de lo que sucede en México. Y el aparato del Estado, que ha
sido penetrado por el narco y la impunidad, es parte del elemento que alimenta
ese círculo vicioso.
“Lo que demostramos en el GIEI, por
ejemplo, es el rostro que tiene un caso concreto en esa relación”, apunta.
El
especialista refiere que en el exterior,
cuando se preguntan qué pasa en México, la gente se concreta a decir que existe
un problema de narcotráfico, como sucedió en Colombia.
“Pero es un rostro amorfo (el del
narco) que genera miedo, porque es la indeterminación de la amenaza que te va a
golpear. Y también los mecanismos que debía tener el Estado frente a esa
situación han fracasado. No tienes nada que te ayude frente a eso. Lo único que
te queda es adaptarte a sobrevivir o armarte en autodefensas para hacer no sé
qué. O inhibirte frente a la situación y tratar de poner muros cada vez más
altos para que esa violencia no te llegue”.
Casi todas las guerras modernas,
sostiene, buscan el control de la población y el control del territorio. Los
últimos años en México se han visto esas relaciones de control, asegura.
“No es el control de la población o
el control del territorio de la guerra contrainsurgente de los años 80 o de
otras, pero es una lógica del control de los corredores, control de los
procesos comunitarios como los de la (Sierra) Tarahumara, donde es brutal el
control de la plaza, de la gente y del territorio. Eso pasa por el control del
narcotráfico y luchas de cárteles, el extractivismo, más la presencia del
Estado. Todo eso está penetrando junto, no son cosas separadas”.
En ese
sentido, subraya, es necesario
documentar todas esas situaciones, ponerles nombre e identificar los factores
que han hecho que esa violencia contra la gente se perpetúe, para poder tomar
decisiones frente a ello.
“Lo que hemos visto es cómo en México
se ha dado una continuación de la violencia. Los Zetas, por ejemplo, vienen de
los kaibiles y del uso del terror ejemplificante que vivimos en Guatemala, que
de pronto se traslada a México con los mismos métodos y con otras lógicas.
“No es la lógica contrainsurgente de
Guatemala de los años 80, pero hubo terreno fértil, y si no cortas la impunidad
y la corrupción, si no hay costo político y si no hay responsabilidad de
delincuentes y de elementos del Estado que están implicados en estos temas, si
no hay una ética distinta del aparato del Estado, al final lo que predomina es
adaptarte para sobrevivir”.
El GIEI, recalca, dejó 20 medidas o alternativas
para hacerle frente a las situaciones que hay en el camino en términos de la
investigación criminal.
No se trata de tener una nueva
fiscalía dentro de la Procuraduría General de la República (PGR), sólo por
tenerla, sino de un cambio en la investigación criminal, en los mecanismos que
tienen la capacidad de generar un círculo virtuoso de transformación, no un
círculo vicioso de reproducción puntualiza.
“Si no se generan cambios
estructurales en México, entonces no hay nada que hacer. Las condiciones de la
reproducción de la violencia seguirán en el país. México sigue teniendo una
frontera con Estados Unidos. El problema de las drogas que van hacia arriba y
las armas que van hacia abajo va a seguir existiendo. Si se sigue persiguiendo
más a la gente que al dinero, no hay condiciones estructurales de cambio”.
Prosigue: “Urge hacer cambios en política, principalmente
en el respeto a las víctimas y en no estigmatizarlas, en la investigación de
los casos y reconocer las condiciones que siguen haciendo posible el horror a
gran escala en el territorio nacional, porque no es una situación de hechos
aislados”.
Y lanza la
pregunta: “¿Qué ha hecho posible el
horror a gran escala?”.
A cuatro
años de Ayotzinapa.
Beristain afirma que, con su trabajo
en el país, el GIEI demostró que sí es posible investigar un caso con
profesionalidad, con sensibilidad, y generar resultados que “tumbaron” la
llamada verdad histórica institucional.
“Después de dos años de haber salido
del país, nadie ha podido cuestionar los resultados (del informe del GIEI), se
han confirmado por la vía de los hechos. Muestra también que quienes hicieron
una campaña en contra nuestra tratando de desprestigiarnos, trataron de
atacarnos personalmente, pero no pudieron atacar nada del informe”, recapitula.
El informe
del caso Ayotzinapa, abunda, demostró
que se requieren herramientas como las que el GIE utilizó: poner sobre la mesa
las verdades indudables, que no son opiniones, que no son condiciones de parte
o politizadas; poner sobre la mesa la perspectiva de los derechos humanos, de
las pruebas probadas, objetivas, que demuestran que se puede hacer frente a los
miles de casos que se registran en el país.
De igual
manera, el experto español indica que
México tiene las posibilidades técnicas y prácticas de desarrollar un proceso
eficaz, pero necesita la independencia de los mecanismos de investigación para
que tengan la autonomía para hacer las cosas con profesionalismo y compromiso
real.
“(El caso Ayotzinapa) también muestra
la importancia de los familiares. Nada hubiera sido posible sin la movilización
de los familiares: ni la presencia del GIEI, ni nosotros, hubiéramos aguantado
en el país frente a la campaña en contra nuestra si no hubiéramos tenido la
relación del sentido, de quedarte en el país para hacer frente a la situación,
para hacer un aporte que sea significativo. Los familiares han sido quienes han
mantenido una memoria viva y han llevado a que el caso no pueda ser olvidado,
no pueda ser sepultado. Son una fuente de legitimidad en este caso, pero
también hay otros muchos casos. Ahí está Fundem, Fundec, Cadac, en todos los
estados hay. Creo que es una energía muy importante”.
Las alternativas deben generar
procesos con la gente que ha mantenido viva esa historia, para buscar la forma
de sostener sus esfuerzos, para acompañar su lucha y abrir un marco de
reconocimiento frente a ellos, frente a la situación de insensibilidad que han
vivido gran parte,
dice.
Los exintegrantes del GIEI siempre
están dispuestos a colaborar en lo que necesite México, aunque haya regresado
cada uno a diferentes tareas, apunta.
Destaca que hay dos cosas que se han dado
últimamente: en primer lugar, la sentencia del tribunal de Tamaulipas que
confirma los hallazgos, la mala investigación, y determina que se debe hacer de
verdad una investigación sobre los hechos. Confirma que la verdad no era una
verdad como tal, pero también habla sobre la impunidad y sobre la
responsabilidad de la PGR en la mala investigación sobre los hechos.
En segundo
lugar, está el compromiso que lograron
los familiares de los estudiantes desaparecidos por parte del presidente
electo, Andrés Manuel López Obrador, para hacer una investigación sobre el
caso.
“Las dos cosas van en la misma
dirección, muestra cómo este caso ha sido clave para generar una crisis de
legitimidad sobre la investigación criminal y sobre la importancia de los
organismos internacionales por la independencia necesaria para poder hacer el
proceso, y también muestra que cuando hay un ejemplo positivo, esta impotencia
aprendida en el país, de que eso no se puede hacer, que esto no va a dar nada
de sí, puede generar también ejemplos positivos para otros casos. Mueve a
sujetos dentro del aparato del Estado que se atreve a hacer cosas que no se
atrevían a hacer, ese es el punto central para el cambio en México”.
El experto está convencido de que esa experiencia
acumulada puede alimentarse de la experiencia del GIEI y de la manera en que
hicieron la investigación.
“No se trata de reproducir la
experiencia del GIEI en la actualidad, pero sí son muchos aprendizajes de la
experiencia para los nuevos modelos que hay que hacer”.
Con la llegada de un nuevo gobierno
se ha albergado la esperanza de que una comisión de la verdad, como ha ocurrido
en otros países, pueda dar solución a la situación de violencia en México, pero
Beristain insiste en que se requiere preparar el camino para hacer que las
cosas sean posibles y analizar las nuevas condiciones.
“Las víctimas en México de la guerra
sucia de hace un tiempo y de la guerra contra el narcotráfico necesitan dese
hace años un marco social de reconocimiento”, dice, y ejemplifica con algunos casos que ha
acompañado en otros países.
“Nosotros hicimos un informe que se
llamó ‘La verdad de las mujeres del conflicto armado en Colombia’. Lo hicimos
en un tiempo en el que recogimos mil testimonios de mujeres víctimas de la
guerra en un tiempo que ni siquiera se podía hablar de conflicto armado
interno. El gobierno había decretado que no había conflicto armado interno y
sólo se podía hablar de terrorismo, pero las víctimas estaban exigiendo,
estaban organizándose, necesitaban un espacio de escucha, de reconocimiento, de
sistematización de su experiencia. Hicimos ese proyecto en un tiempo en el que
no se podía hacer”.
México, requiere mecanismos extraordinarios para
hacer frente a la situación de violencia que ha vivido los últimos diez años, y
esos mecanismos se deben adaptar al contexto.
“Pero no pueden esperar ocho años
más, seis años más para apoyar. Se necesitan dar pasos para ello. Y hay que dar
pasos que vayan hacia una comisión de la verdad; hacia la creación de un marco
social de reconocimiento de la historia de lo que se ha vivido; hacia una
identificación de los mecanismos que han hecho posible el horror de gran escala
que está viviendo el país todavía, porque todavía no ha terminado”, alerta.
El
entrevistado advierte que, si se está
pensando en hacer algo que esté bien hecho para México, no se tiene que basar
en que se necesita políticamente, sólo va a ser útil si se sintoniza con el
tiempo de los procesos colectivos y de la gente que determinará si es tiempo de
hablar, de documentar los casos, de sistematizar la experiencia, de abrir un
espacio para que enfrente el miedo y se pueda poner de pie.
“Yo creo que eso sí es importante, y
el movimiento de las víctimas en México ha demostrado que las víctimas han
hecho muchas cosas. Nosotros hace diez años empezamos los talleres de atención
psicosocial que han sido el espacio de fortalecimiento, que fueron algo que
ayudó al proceso de construcción de las organizaciones que ya han empezado”.
Con
impunidad no puede haber amnistía.
Según el
experto, no puede haber amnistía sin
investigación, sin verdad ni reconocimiento. Si no se reconstruyen los mecanismos
de justicia –apunta–, la impunidad se construye en un mecanismo central y las
respuestas del Estado serán como han sido hasta ahora: no hay salida política
para México.
Tras señalar que la impunidad no
puede ser la salida, dice tajante que los dos puntos básicos son: verdad y
respeto a las víctimas.
“La ‘verdad’ que en México siempre se
ha construido es sobre cosas que parecen creíbles, pero no se han demostrado,
como el caso de las 43. Se construyen historias que criminalizan a las
víctimas, que dan explicaciones cerradas, que tratan de cerrar el caso. Son
variables que se han repetido en muchos casos. Necesitamos una verdad que
deconstruya los mecanismos, que nos ponga realmente frente a los hechos y
frente a lo que se pueda demostrar”.
Finalmente resalta que México necesita una verdad que
genere reconocimiento y dignificación, que no sólo señale lo que pasó y genere
una sensación moral frente a lo que supuestamente pasó, porque no es justo.
La verdad que le urge a México
subraya, es la que reconozca la dignidad de la gente que ha sido pisoteada,
estigmatizada y señalada, que destruya los mecanismos de la justificación de la
violencia y de la impunidad, que han hecho posicionado que la vida no vale.
“El respeto es el bálsamo con el que se
pueden curar las heridas. Si no hay respeto, las heridas en México no se pueden
curar. Y eso forma parte del cómo se trabaja con la gente. Tan importante es el
qué como el cómo. Si hay una futura comisión de la verdad, una reforma a la
fiscalía, a los mecanismos extraordinarios que se pongan en marcha, tienen que
trabajar con la gente de una manera diferente, que permita generar respeto que
ayude a curar las heridas, que no den respuestas burocráticas, insensibles, con
falta de comprensión de la esperanza de la gente”.
Finaliza: “Si el cómo hacen las cosas, no respeta a
quien se pretende ayudar, no se estará haciendo nada. Esas son claves para
cualquiera de las salidas que pretendan plantear en el debate”.
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