El pasado 7
de agosto, en el marco del Foro Escucha Ciudad Juárez –que congregó a víctimas
de la violencia y próximas autoridades federales–, el gobernador del estado de Chihuahua, Javier Corral, informó que el
feminicidio de Lilia Alejandra García Andrade (raptada, torturada sexualmente y
asesinada en 2001) “ya está resuelto”, pues, aseguró, se encuentra detenido el
“asesino serial” responsable, y contra él se tiene “prueba científica”.
No obstante,
la mamá de la joven víctima, la
activista Norma Andrade, desmintió en entrevista al gobernador Corral, y reveló
que el detenido del que habló el funcionario público fue capturado por su
supuesta vinculación con dos casos distintos a los de su hija.
“En abril de
2018 –detalló Norma Andrade–, la
Fiscalía de Chihuahua obtuvo orden de aprehensión en contra de un sujeto
llamado Manuel N., pero esa orden es por el caso de otras víctimas (Rosa Isela
Tena, de 14 años al ser asesinada, y Sonia Ivette Sánchez, de 13 años). La
orden de captura –subrayó– no fue emitida por el caso de mi hija, esa es una
mentira del gobernador Corral”.
La
investigación por el asesinato de Lilia explicó por su parte el abogado David
Peña (que da acompañamiento legal a Norma Herrera), sumó más de 17 años de
diligencias judiciales, y “en todo ese tiempo se han acumulado diversas
evidencias para identificar a los agresores,
pero ninguna de esas evidencias ha apuntado jamás a esta persona que ahora el
gobernador Corral presenta como culpable”.
Además,
subrayó el abogado, “aún si esa persona
estuviera relacionada con la muerte de Lilia, de lo cual no hay pruebas, lo que
sí se tiene comprobado es que en el ataque del que fue víctima Lilia
participaron al menos tres personas, así que no se puede hablar de que el caso
está ‘resuelto’, como aseguró el gobernador, porque para eso tienen que estar
identificados, procesados y con sentencia firme todos los responsables”.
En el caso
de Lilia, insistió Peña, “hasta la
fecha, a más de 17 años del feminicidio, no se tiene a ninguna persona detenida
y mucho menos sentenciada. No se ha emitido orden de captura contra ningún
presunto responsable. Y si la autoridad tiene pruebas de que ese detenido,
Manuel N., está involucrado en el asesinato de Lilia, a nosotros, como
representación legal de la familia, no nos las ha mostrado, y tampoco a un
juez, o de lo contrario ya habrían obtenido una orden de captura por el caso de
Lilia, lo cual no ha ocurrido”.
Animal
Político buscó a la Fiscalía General del Estado de Chihuahua para conocer la
situación legal de este caso, pero al cierre de la edición la dependencia no
había emitido postura.
Efectividad
fabricada.
En febrero de 2018, Norma Herrera
emprendió una campaña internacional de denuncia en contra de las autoridades
mexicanas, por la impunidad que han gozado estos 17 años los asesinos de su
hija. Esta campaña inició con una solicitud formal de audiencia ante la
Comisión Interamericana de Derechos Humanos, para exponer su caso.
Justo después de iniciada esta
campaña internacional, explicó el abogado David Peña, la Fiscalía de Chihuahua
decidió retirar la investigación del caso a la Fiscalía de Homicidios, que
hasta entonces había dirigido las diligencias, y la responsabilidad de conducir
la investigación fue asumida directamente por Sergio Castro Guevara, quien ocupa
el cargo de secretario particular del Fiscal General y, al mismo tiempo, el de
agente del MP.
Este solo hecho, destacó Peña,
representa una irregularidad, ya que aun cuando el secretario particular del
fiscal ostenta un nombramiento como agente del Ministerio Público, dicho
nombramiento lo acredita para fungir como tal sólo en el ámbito de la justicia
penal “oral”, no así en el sistema penal tradicional, en el cual está radicado
el caso de Lilia.
Es decir, subrayó el abogado, que “este funcionario
en realidad no está facultado legalmente para conducir esta investigación en
particular, ciertamente podría conducir otras que sí estén en el sistema de
justicia oral, pero esta no, porque es de los casos que aún quedan del sistema
tradicional, que deben seguir en ese sistema hasta su conclusión. Y, aun así,
en febrero de 2018 no sólo asumió su conducción, sino que, de manera mágica, en
45 días lo dio por resuelto”.
Este
funcionario, destacó el abogado, “en 45
días dio por resuelto el caso, de manera mágica, con lo que podría denominarse
alquimia jurídica, aunque sin ninguna prueba real, y su narrativa acerca de
cómo llegaron al sujeto que ahora tienen detenido no tiene pies ni cabeza”.
–¿Cómo es
que las autoridades llegaron a Manuel N., y cómo es que lo vinculan con el
asesinato de Lilia? –se le preguntó.
“Tal como nos lo explicó el
secretario particular del fiscal –detalló David Peña–, el 1 de febrero pasado,
él recibió el expediente de Lilia para darle prioridad, y como no encontró nada
nuevo, decidió pedir una lista con los nombres de todas las mujeres asesinadas
en Ciudad Juárez, en varias décadas. Según el funcionario, él se puso a revisar
la lista y, casualmente, encontró dos víctimas que tenían los mismos apellidos,
así que decidió investigar ese caso, aunque esas víctimas no tienen ninguna
relación con el caso de Lilia que, supuestamente, era su prioridad”.
Luego de
identificar a esas dos víctimas, “el
secretario particular del fiscal nos contó todo un cuento: que fueron a la zona
donde habían vivido esas víctimas, y alguien les contó que el que las había
matado era el papá de una de ellas, y fueron por él y lo detuvieron”.
Ya detenido, “este funcionario nos dijo que le hicieron
pruebas de ADN, y descubrieron que él era el atacante de otras dos niñas que no
son ni sus dos familiares muertas, ni tampoco Lilia –explica el abogado–. Es
decir, investigando el caso de la víctima A, las autoridades dan con el
supuesto feminicida de las víctimas B y C, pero finalmente lo procesan por los
asesinatos de las víctimas D y E… y entonces lo presentan como un ‘feminicida
serial'”.
Como
representantes legales de Norma Herrera y de su hija asesinada, destacó Peña, “nosotros no estamos cerrados a la
posibilidad de que esta persona pudiera estar vinculada con el asesinato de
Lilia, pero exigimos pruebas, y no sólo no hay pruebas de que Manuel N. haya
participado en la agresión a Lilia, sino que las pruebas existentes indican lo
contrario, que él no está involucrado en este feminicidio. Quizás tengan
pruebas contra él en otros casos, pero en este no las hay. Y aun así, según el
gobernador, el caso de Lilia ya está resuelto.”
Feminicidas
seriales.
Durante los 17 años transcurridos
desde el asesinato de Lilia, cuyo cuerpo fue encontrado una semana después de
su desaparición, en febrero de 2001, en un lote baldío de Ciudad Juárez, las
autoridades estatales de Chihuahua han encabezado formalmente las
investigaciones realizadas, aunque subrayó Norma Herrera, todas las diligencias
han sido propuestas no por el Ministerio Público, sino por ella misma y su
acompañamiento legal.
Como parte
de esas diligencias, destacó David Peña, del
cuerpo de Lilia se lograron recuperar muestras genéticas de al menos dos
agresores distintos, de las cuales sólo una permitió la obtención de un perfil
de ADN, ya que la otra muestra estaba contaminada.
Durante los
siguientes siete años, señaló el abogado, el
perfil genético que sí logró obtenerse fue contrastado con el de casi dos
centenares de personas del círculo social de Lilia, en el intento de
identificar a la persona a la que correspondía dicho ADN, sin éxito.
Sin embargo,
en 2008, “solicitamos al MP que
contrastara ese perfil de ADN del agresor de Lilia con las bases de datos
genéticos que hubiera disponibles, y nos encontramos con que la única base de
datos genéticos con la que contaba en ese momento el gobierno de Chihuahua era
la del personal de la Fiscalía estatal. Era una base que habían integrado con
el objeto de poder identificar los cuerpos de aquellos agentes que el crimen
organizado raptaba y luego abandonaba”.
Cuando la
Fiscalía estatal contrastó el perfil de ADN del agresor de Lilia, detalla el
abogado, “la sorpresa fue que había una
coincidencia parcial con una persona que había sido agente ministerial, y que
recientemente habían asesinado”.
El análisis realizado permitió
determinar que el agresor de Lilia compartía todos los marcadores genéticos del
lado paterno con ese agente ministerial, lo que quería decir que dicho agente
no era el agresor, pero sí alguien de su familia paterna.
Con esa información, la Fiscalía
logró determinar que en el lado paterno de ese agente había 45 hombres que, por
su edad, eran compatibles con el perfil del agresor de Lilia. De ellos, 21
hombres han sido localizados y en 16 casos se comprobó que se compartían todos
los mismos marcadores genéticos paternos del agresor.
Es decir, ninguno de ellos era el agresor de Lilia,
pero las 16 pruebas confirmaron que el agresor sí es un integrante de esa
familia.
En 2008,
señaló Peña, “pedimos también que el
perfil genético del agresor de Lilia fuera contrastado con los perfiles
genéticos de agresores de otras víctimas de feminicidio, y así fue como la
Fiscalía se dio cuenta que la persona que atacó a Lilia había participado al
menos en otros tres feminicidios”.
El asesinato
de Lilia y de esas otras tres mujeres ocurrieron entre 1993 y 2005, y en todos
los casos, subrayó Peña, “se encontraron
rastros genéticos de más agresores, o sea, que esas niñas fueron atacadas por
varias personas. Esas pruebas indican que, por lo menos desde 1993, en Juárez
opera un grupo de pederastas que se dedica a raptar niñas, torturarlas
sexualmente y asesinarlas”.
Al detenido
Manuel N., detalló el abogado, se le
vinculó con la muerte de dos de esas niñas agredidas por la misma banda que
atacó a Lilia, y por esos casos fue detenido, pero el ADN de ese procesado no
corresponde con el perfil genético del agresor de Lilia.
–¿El ADN del detenido Manuel N. es
compatible con la muestra genética con la que se cuenta del agresor de Lilia? –se le preguntó al abogado.
–Ese es el
problema: en el marco de la
investigación por el feminicidio de Lilia, a ese sujeto nunca se le había
relacionado y, por lo tanto, su ADN no obra en la carpeta de investigación;
entonces, si su ADN no forma parte de la indagatoria, obviamente tampoco lo
pueden comparar con el ADN del agresor de Lilia. Por lo tanto, no tienen
elementos para asegurar que es compatible con el perfil genético del agresor de
Lilia.
Debido a
que, a través de 17 dictámenes de ADN, el
agresor de Lilia ya fue vinculado científicamente con una familia en
particular, “por lógica, el detenido Manuel N. tendría que estar emparentado
con dicha familia, pero no es así, este detenido no tiene nada qué ver con ese
grupo familiar, entonces, aquí hay una contradicción grande en la versión de
las autoridades”.
Esa contradicción, de hecho, quedó
plasmada en documentos oficiales: en 2008, la Fiscalía emitió un dictamen
pericial en el que afirma que hay una coincidencia plena entre el ADN del
agresor de Lilia, y la familia paterna de uno de sus agentes.
Luego, diez años después, en 2018, la
misma especialista emitió un nuevo documento, ahora para señalar lo contrario:
que el agresor no es parte de dicha familia. En ese documento se sustentan las
nuevas conclusiones de las autoridades de Chihuahua.
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