Cristina
Arellanes y Olmides López sujetan cada una un extremo de la red que han tirado
para pescar. De pie en su lanchita de motor esperan a ver qué cae. El sol de
mediodía abruma y ellas se distraen con su plática. Cuando calculan que algo
pudo haber caído empiezan a jalar la malla, que sale casi vacía de pescados.
Apenas dos demasiado pequeños. Las mujeres los devuelven al agua y al final
solo se quedan con uno de buen tamaño.
Antes no
pasaba así, había buena pesca en la comunidad de Zapotalito, municipio de Villa
de Tututepec de Melchor Ocampo, en la costa chica de Oaxaca. Las redes salían
llenas. Cirila Martínez, una de las pobladoras, cuenta que cuando ella empezó a
pescar con su esposo, hace 30 años, llegaba a ganar dos mil pesos diarios con
mojarra prieta, robalo, cursiento, curvina, camarón. Eran 30 o 40 kilos de
producto que les daba para vivir a gusto y mandar a sus hijos a la escuela. Si
llegaron a tener carrera fue porque en esa laguna había peces.
Así fue hasta que el gobierno federal
llegó en 2014 a construir dos escolleras nuevas que reforzarían la que ya
existía en la bocabarra de la laguna, y que en teoría ayudaría a que hubiera
más peces todo el año en beneficio de la pesca local. Pero no se han concluido.
En 1972 se construyó la primera escollera,
una especie de muro hecho de rocas que ayudaría a redirigir las corrientes para
incrementar el caudal de agua y drenar mejor los sedimentos.
La Secretaría de Hacienda asegura
haber entregado a la Secretaría de Agricultura, Ganadería, Desarrollo Rural,
Pesca y Alimentación (SAGARPA) “los recursos necesarios” que ya están
reportados como ejercidos, por lo menos 186 millones de pesos de los 226
millones 666 mil estimados como costo total del proyecto.
La SAGARPA no ha explicado qué pasó con ese dinero,
mientras la empresa constructora, Grupo IMPSA, alega falta de pago y evalúan
demandar al gobierno. Los más afectados son los más de 4 mil pobladores de
Zapotalito y otras cuatro comunidades que se han quedado sin su principal
actividad económica: la pesca.
La
intervención del gobierno.
En esta zona de la Costa Chica de
Oaxaca hay un sistema de lagunas. Entre ellas está la de la comunidad de
Zapotalito, La Pastoría, pegada a la costa. Su hábitat depende del intercambio
de corrientes de agua dulce y salada, y de la entrada de peces desde el océano.
Hoy en un día de pesca apenas se saca
un kilo o kilo y medio de camarón y algunos pescados para una venta de 300
pesos diarios. “Casi nomás lo de la gasolina de la lancha. Está duro esto,
triste, y nomás vienen y nos prometen y nos prometen, pero no cumplen”, dice Cristina.
Durante el
penúltimo intento del gobierno federal por abrir y proteger la bocabarra de
Cerro Hermoso en 2003, en el sexenio de Vicente Fox, la Comisión Nacional de
Acuacultura y Pesca (CONAPESCA) hizo la rehabilitación de la escollera que ya
estaba y construyó dos espigones, estructuras usadas para proteger los cuerpos
de agua dulce.
“Nosotros les dijimos a los
ingenieros que no iba a funcionar. Aquí nacimos, conocemos las corrientes, las olas.
Sabíamos que no iba a funcionar y se los dijimos. No nos hicieron caso”, dice Felipe Quiroz Velasco, poblador
de Zapotalito y presidente del Comité de Seguimiento al Proyecto de la Boca
Barra de Cerro Hermoso.
Laguna y mar se comunicaban, de
manera natural, a través de un canal y una abertura llamaba boca, ubicada en el
poblado vecino a Zapotalito, en Cerro Hermoso. Ese conducto se cerraba y se
abría de forma cíclica. Cuando no llovía, la arena se acumulaba y la boca se
bloqueaba; cuando volvía a llover, el incremento de agua drenaba todo y se
abría.
Si de pronto las lluvias no bastaban,
los pobladores ayudaban con palas a sacar la arena. Había un equilibrio y la
cosa funcionaba. En
los años 70 se hizo la primera intervención. El gobierno federal consideró que
era buena idea ayudar a la naturaleza a mantener la boca de Cerro Hermoso
abierta.
En lugar de
eso, la obra generó mayor acumulación de
arena no porque estuviera mal hecha, sino porque “cualquier obra de
infraestructura que se haga para mantener esa barra abierta, afecta su
funcionamiento natural”, explica Rodolfo Silva, especialista en estructuras
marítimas y costeras e investigador del Instituto de Ingeniería de la UNAM.
“Ese tipo de proyectos están
relacionados con una idea muy centralista del gobierno, de mejoramiento
geográfico y manejo del agua, aunque también es por aquello de llevar
desarrollo a la zona. Pero no se considera que al intervenir se altera el
equilibrio natural y social del lugar”, coincide Edgar Talledos, investigador en Geografía y
Política, Conflictos Socioespaciales y Políticos por el Agua de El Colegio de
San Luís.
Silva afirma que muchas veces este
tipo de obras se hacen en realidad por una cuestión política más que funcional. En Google Maps pueden encontrarse
fotos que le dan la razón. En ellas puede verse la abertura de la boca, con su
bahía clara y tranquila. En un extremo estaba el Canal del Silencio, el
corredor donde se mezclaban y fluían corrientes dulces y saladas. Ahora eso es
pura arena, un pequeño desierto por donde se puede caminar.
Ni para
comer.
En la laguna La Pastoría ya casi no
hay peces. Doña Cirila no se preocupa tanto porque sus hijos tienen estudio y
trabajo. Pero para sus compañeras de la cooperativa Mujeres Pescadoras del
Manglar, si la cosa no se arregla será difícil llegar a los sesenta años de
ella con la misma calma.
Con la construcción de las nuevas
escolleras, el gobierno federal pretendía aumentar el ingreso de agua marina a
la laguna y detener los sólidos. Solo sucedió lo segundo: la
arena empezó retenerse ahí y el canal y la bahía quedaron tapados. “Duró
abierta la boca año o año y medio. Luego se cerró peor –dice Quiroz– y aquí
están las consecuencias: se han muerto los peces, el agua huele mal, la laguna
se está muriendo”.
Todo parecía
arreglado.
La comunidad
de Zapolito se fue conformando de a poco. La mayoría de los pobladores son
afromestizos. Vinieron de otros lugares cercanos, donde no había de qué vivir,
buscando una actividad económica para tener ingresos. Así llegaron aquí las
integrantes de la cooperativa Mujeres Pescadoras del Manglar: de niñas con sus
padres o recién casadas, con sus maridos. Con ellos empezaron a pescar.
Así lo hizo
doña Cirila por 30 años, también Olmides y Virginia. Pescaban con sus esposos y
con eso evitaban pagar un ayudante externo y todo el dinero quedaba en familia.
Solo doña Brígida no ha entrado nunca a la laguna. Le tiene miedo al agua. Se
dedica a comprar y vender pescado.
Ahora
atiende la cocina del restaurante que también abrieron como parte de la
cooperativa y que es lo único en pie después de cerrar su pescadería por falta
de producto y de venta. Doña Brígida le da ánimos a su hija Cristina, para que
siga al frente y salga a pescar con Olmides, aunque saben que poco van a
encontrar.
Después de los errores en el intento
por abrir la bocabarra en el sexenio de Fox, los pobladores se organizaron en
el comité de gestión que preside Quiroz y anduvieron de un lado a otro
solicitando apoyo y recursos para que se abriera la bocabarra. Fue hasta
finales del sexenio de Felipe Calderón, en 2012, cuando les dijeron que ya
estaban etiquetados.
Se
canalizaron hasta 2014. La Cuenta Pública de los Programas y Proyectos de
Inversión de SAGARPA registra que ese
año se gastaron 46 millones de pesos en obras de dragado, escolleras y supervisión
en Boca de Cerro Hermoso. En ese
entonces se proyectó que en total se invertirían 226 millones 666 mil pesos y
se fijó como fecha para terminar la obra diciembre de 2016. Pero al no concluir
la obra se extendió el plazo hasta diciembre de 2017.
La
cooperativa de Mujeres Pescadoras del Manglar nació justo en 2016, con la
esperanza de que las autoridades abrirían la bocabarra. La organización civil
La Ventana, dedicada a apoyar proyectos productivos de mujeres, llegó a la
comunidad de Zapotalito buscando interesadas en agruparse en una cooperativa.
Lograron
afiliar a 24 pobladoras. Les dieron capacitación y talleres, desde
administración hasta autoestima, y el proyecto arrancó. Se planeó que tendrían
su propia pescadería y un comedor para atender a quienes andaban en faena por
la orilla.
Durante los
primeros meses las mujeres vendieron bien, sobre todo porque en la zona el
gobierno estatal estaba desarrollando un proyecto con sanitarios ecológicos y
había trabajadores de diferentes partes del país.
Como eran
muchas tenían que repartir la ganancia. Cada una se quedaba entre 500 y mil
pesos a la semana, según los ingresos. También ahorraron de forma colectiva:
lograron reunir 10 mil pesos en una cuenta de banco, con lo que pagaron la
renta de los locales, agua, luz y gas. Con el paso de los meses y frente a
diversos conflictos, varias integrantes se fueron saliendo del negocio. Quienes
se quedaron pensaron que las cosas mejorarían, pero la obra en la boca de Cerro
Hermoso se estancó. Las dos empresas ejecutoras del proyecto, Dragados Pakal de
Chiapas y Grupo IMPSA dijeron a los pobladores que el gobierno no les estaba
pagando.
“Estuvo todo
detenido como año y medio. Las máquinas se hubieran ido desde entonces, pero
los pobladores nos organizamos y no las dejamos salir”, cuenta Felipe Quiroz,
el presidente del Comité de Gestión y Vigilancia del proyecto. Los pobladores
tuvieron que hacer presión, incluso bloqueando vialidades. Las obras se
reanudaron, pero de a poco. “Ahorita solo están acabando una de las escolleras.
Van muy muy lento”, dice.
Yo no fui,
fuiste tú.
¿Por qué no
se ha concluido la obra? De acuerdo con
la SAGARPA, la Secretaría de Hacienda no ha canalizado los recursos necesarios
para terminar y esta se ha complicado por fenómenos naturales de la zona y el
alza en los precios de los combustibles.
“Durante el periodo 2014 al 2017 esta
obra ha presentado diversos recortes presupuestales. De un importe total de 226
millones 666 mil pesos que se había proyectado como costo total, solo se han
ejercido 162 millones 125 mil pesos. Faltan 64 millones 541 mil 636 pesos del
recurso que se ha solicitado a la SHCP”, indica la dependencia en dos tarjetas informativas que
entregó como respuesta a la solicitud de información de esta reportera.
Por su
parte, Hacienda niega que sea así y
asegura que en la Cartera de Programas y Proyectos de Inversión se encuentra el
dato: “con un monto total solicitado por la Sagarpa de 193.9 millones de pesos
a precios de 2018, de los que se han ejercido 186.2 millones de pesos”.
Las cifras entre las dos dependencias
no cuadran, pero Hacienda asegura que las suyas son las oficiales, es decir, “las reportadas por Sagarpa como ejercidas”. Otra discrepancia es que
la Cuenta Pública y la tarjeta de Hacienda registran un porcentaje de avance
físico acumulado del proyecto hasta 2017 de 97%. Pero, de las dos escolleras
que iban a hacerse, no se ha terminado ni siquiera una. “Debe faltarle como
10%”, dice Quiroz. Las obras de dragado tampoco coinciden con el porcentaje,
pues de lo contrario la bocabarra estaría casi abierta, explica el poblador.
En COMPRANET
hay cinco contratos relacionados al
proyecto de Cerro Hermoso. El primero es por 76 millones 363 mil 383 pesos por las
obras de las escolleras, celebrado el 14 de noviembre de 2014 con la empresa
Infraestructura y Edificación del Sureste, S.A de C. V, de Grupo IMPSA. El
segundo es por 55 millones 042 mil 801 pesos por los trabajos de dragado, con
fecha del 14 de noviembre de 2014, con Dragados Pakal de Chiapas, S.A de C. V.
Los otros tres son por evaluación biológica de la laguna y supervisión de la
obra. El total de los cinco contratos es por un monto de 135 millones 240 mil
953 pesos.
La compañía encargada de las
escolleras, en el proyecto de Cerro Hermoso, afirma que ellos no han
incumplido. “Lo que ha pasado es que han faltado recursos. No nos han cumplido
lo estipulado en el contrato. Nosotros vamos a terminar la escollera Este, de
la que ya nos falta poco. La acabaremos en un mes, si el tiempo nos lo permite.
Terminaremos porque no queremos que los pobladores piensen que esto es cosa de
la empresa”, dice
Manuel Sánchez, gerente de construcción de Grupo IMPSA.
Al final, “la comunidad siempre se le va encima a la
empresa, no a la dependencia. Nuestras máquinas están ahí, queremos sacarlas
sin problema. Ya después veremos cómo vamos a cobrar, sea con esta
administración o la que venga”, agrega.
Hacienda asegura que la SAGARPA ha
solicitado la actualización del registro en la Cartera, o sea de la inversión,
para que este 2018 el proyecto reciba 15.5 millones de pesos. Pero eso sucederá hasta que SAGARPA cumpla con ciertas observaciones
emitidas por la Unidad de Inversiones de Hacienda respecto a la obra, aunque se
niegan a comentar cuáles son esas observaciones argumentando confidencialidad.
El
investigador del Instituto de Ingeniería de la UNAM, Rodolfo Silva, dice que en lugar de seguir canalizando
recursos para esas obras, lo que deberían hacer es un estudio de cuándo
conviene abrir la boca y tener un programa de manejo de la laguna que le
permita recuperarse.
“Necesitan determinar cuándo es
conveniente abrirla, permitir que se cierre naturalmente y luego volverla a
abrir. Las obras requeridas para eso son menos costosas y permiten un manejo
sustentable”, dice.
Y entonces
nos tembló.
Con la
bocabarra de Cerro Hermoso cerrada, la única salida que tiene la Laguna de
Pastoría es la boca de su vecina, la Laguna de Chacahua. Pero esa salida le
queda muy lejos como para beneficiarse lo suficiente. Con todo, después de
varias mortandades causadas por la acumulación de agua sin circulación, había
pocos peces, pero había. Entonces llegó
el temblor del 7 de septiembre de 2017 y los mató a todos.
“Al otro día, la laguna se veía
blanca, todo blanca, como si estuviera llena de espuma, eran los peces muertos
flotando en la superficie”, cuenta Cristina. Los pobladores tuvieron que
sacarlos. Varios camiones de volteo se llenaron. Casi no quedó ninguno vivo.
Luego, ya para febrero, se estaban recuperando, pero volvió a temblar. Y otra
vez se murieron.
“Le hemos pedido al gobierno, al
FONDEN, al del estado también, que nos ayuden. Pero dicen que como aquí no se
dañaron las casas, la prioridad es Juchitán y las zonas donde hubo daños en las
viviendas y las estructuras. No ven que aquí también somos damnificados. Los
temblores y la bocabarra nos han dejado sin forma de ganar dinero para vivir.
No podemos ni sacar producto de la laguna para comer”, reclama doña Brígida.
Las seis integrantes de la
cooperativa que todavía quedan están más unidas que nunca. “Ya somos poquitas y
las que quedamos nos llevamos muy bien”, dice Cristina. “Tratamos de mantener
vivo esto. Hay días que apenas vendemos unas tortillas de comal, un par de
comidas. Si la cosa no mejora en la laguna, cuando se acabe el financiamiento
de la organización que ahora nos apoya, Semillas, en octubre, tendremos que
cerrar”.
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