La mañana del 24 de febrero de 2015,
el ingeniero Francisco Herrera, entonces de 39 años, fue interceptado cuando
conducía a su trabajo, en la ciudad de Tampico, Tamaulipas, por al menos dos
vehículos que lo encajonaron en una avenida y lo obligaron a parar la marcha.
Tal como registraron las cámaras del
C4 de la ciudad, de uno de esos autos descendió al menos una persona, que
abordó la camioneta del ingeniero Herrera, y luego los tres vehículos
partieron, ya con el ingeniero bajo “privación ilegal de la libertad”, para
luego perderse, tal como señalan las averiguaciones previas que por separado
iniciaron tanto la Procuraduría de Justicia de Tamaulipas, el mismo día de los
hechos, como la Procuraduría General de la República, un mes después.
Desde
entonces, el paradero del ingeniero
Francisco Herrera (empleado de una empresa productora de papel, recién
separado, que habitaba en una casa de interés social con una cama y una mesa de
plástico como únicos muebles) es desconocido.
Aunque los indicios acumulados en los
tres años y medio transcurridos desde el rapto apuntan a un presunto
responsable, paradójicamente, las mismas averiguaciones previas emprendidas (a
las que Animal Político tuvo acceso) evidencian omisiones y actos dilatorios
por parte de la autoridad investigadora, cuya consecuencia ha sido la
exculpación de dicho presunto involucrado, que es el Ejército Mexicano.
El rapto.
Al mediodía
del 24 de febrero de 2015, al no tener noticia del ingeniero Francisco Herrera,
y al no lograr contactarlo en ninguno de sus dos teléfonos celulares, su familia comenzó a rastrearlo a través
del servicio de geolocalización de su teléfono celular, que ubicó las
instalaciones del 15 Batallón de Infantería, de Tampico, como último punto en
donde su teléfono celular se había activado.
Tal como indicaba el rastreador GPS,
el aparato se había activado dentro del cuartel militar a las 9:35 horas del 24
de febrero, es decir, alrededor de dos horas después de que el ingeniero fue
raptado.
Con esta información del GPS, los
familiares se trasladaron a dicho cuartel, al frente del cual estaba en ese
entonces el general brigadier diplomado del estado mayor Jesús Alejandro Adame
Cabrera.
Al rendir
declaración ministerial sobre los hechos, este
militar reconoció haber atendido a la familia del ingeniero Herrera, a quienes
“llevé personalmente a la parte donde supuestamente estaba el teléfono, y no
había nada, porque no hay instalaciones, es un área verde”.
Para
entonces, habían transcurrido más de
nueve horas desde que el teléfono se había activado en ese lugar.
Destaca un
hecho: este militar subrayó en su
declaración que, con la intención de ayudar a esta familia, él mismo les
sugirió buscar en la colonia Tancol, que rodea el cuartel, específicamente en
“las casas que colindan con la barda perimetral del campo militar”.
La familia no atendió dicha
sugerencia, y en cambio acudió a la Procuraduría General de Justicia de
Tamaulipas, para formular ante el Ministerio Público local una denuncia formal
por la desaparición del ingeniero.
Según consta en la denuncia
ministerial de esta familia, una serie de coincidencias peculiares ocurrieron
justo cuando acababan de ingresar a las instalaciones del MP: primero, el
teléfono del ingeniero Herrera volvió a dar una señal, y una nueva ubicación de
GPS, una casa ubicada precisamente junto al 15 Batallón, colindante con su
barda perimetral, tal como había sugerido el encargado del cuartel.
Esta nueva ubicación GPS le fue
comunicada inmediatamente al general brigadier Jesús Alejandro Adame, quien
informó a la familia del ingeniero que, por voluntad propia y sin notificarles,
él había integrado un contingente de 50 soldados para salir a buscarlo en la
colonia aledaña al cuartel.
Según el
militar, el contingente de soldados
acudió rápidamente al domicilio señalado por la familia del ingeniero, pero no
encontró nadie que les abriera la puerta.
“Fui a tocar –declaró el militar ante
el Ministerio Público– y no salió nadie”. Esa fue toda la búsqueda.
Control de
daños.
Al día
siguiente de la desaparición del ingeniero Herrera, su madre denunció ante el MP que un grupo de al menos cuatro militares
estaba vigilando la vivienda de su hijo, y la de otros integrantes de la
familia.
Aunque vestían de civil, la familia
pudo constatar que se trataba de militares ya que, al detectarlos, se
comunicaron al 15 Batallón para denunciar que personas extrañas estaban
haciendo rondines en sus viviendas, ante lo cual, el general brigadier Jesús Alejandro
Adame les confirmó que se trataba de soldados que realizaban investigaciones
para apoyar la búsqueda.
Cabe
destacar que, según el marco legal mexicano, el Ejército no está facultado para realizar ningún tipo de
investigación relacionada con la comisión de delitos del orden común ni
violaciones a derechos humanos cometidas por sus integrantes, facultad
exclusiva de las autoridades civiles.
Al rendir declaración ministerial, el
encargado del 15 Batallón subrayó que en todo momento los militares actuaron de
buena fe, para apoyar en la búsqueda. Sin embargo, de su misma declaración se
desprende que la información que admite haber recabado el Ejército, luego le
fue ocultada a la familia y a las autoridades judiciales.
En el
reporte interno titulado “Urgente. No. PTN.INF.333”, el general reporta que entró en contacto con la encargada del C4, para
que personal militar realizara “una exhaustiva búsqueda en los registros de
grabación con que cuentan en el citado centro de monitoreo”, para identificar
el momento, lugar y forma en que fue privado de la libertad el ingeniero
Herrera.
Ese rastreo
en los archivos del C4, realizado por los militares, permitió identificar el
momento en que fue interceptada la camioneta del ingeniero Herrera, y éste
raptado.
No obstante, tal como informó el encargado del 15
Batallón, una vez que las imágenes fueron recabadas y llevadas al cuartel “ahí
las dejé, en el batallón, porque no tenía yo ningún objeto (sic) de mandárselas
a nadie”, y luego añadió: “esas imágenes no se las mostré a la familia
Herrera”, bajo la lógica de que ellos, por su cuenta, “en algún momento iban a
pedir esa información” al C4.
Esos videos también revelaron que el
contingente de vehículos en el que iba secuestrado el ingeniero Herrera se
detuvo, por unos minutos, en una gasolinería.
Esa gasolinería tiene ocho cámaras de
seguridad, por lo que, según la declaración ministerial del general brigadier,
al lugar acudieron elementos de la Policía Militar Ministerial, cuyo nombre y
grado afirmó no recordar, para confiscar los videos del día del secuestro, cuyo
contenido no ha sido incluido enteramente a la investigación, porque el
Ejército, hasta la fecha, sólo ha entregado a la PGR fragmentos editados.
Dos días después del rapto, el mismo
encargado del 15 Batallón elaboró un informe interno, en el cual concluyó, sin
aportar ningún elemento de prueba, que el ingeniero Herrera es “parte de algún
grupo de la organización delictiva Cartel del Golfo que opera en el área, y
pudo haber sido objeto de una agresión por parte de la misma organización delictiva”.
Con eso, el Ejército dio por
concluida su participación en la búsqueda, y se deslindó de cualquier
responsabilidad.
Tres semanas
después del rapto, el general brigadier Jesús Alejandro Adame Cabrera fue
relevado de sus funciones al frente del 15 Batallón de Infantería en Tampico, y
reubicado por el mando militar en Badiraguato, Sinaloa.
Campo
Militar Número 1
Los peritajes elaborados por la PGR
revelaron que el 28 de febrero de 2015, cuatro días después del rapto del
ingeniero Francisco Herrera, los dos teléfonos celulares que portaba consigo
registraron actividad, y la señal de uno de estos aparatos pudo ser rastreada
mediante sistemas de geolocalización hasta un lugar preciso: latitud 19º, 26″,
14′ Norte, y longitud 99º, 14″ 20′ Oeste, coordenadas que corresponden
exactamente con la ubicación del Campo Militar Número 1, en la frontera entre
la Ciudad de México y el municipio mexiquense de Naucalpan, el cuartel central
del Ejército Mexicano.
Tal como
consta en la averiguación previa, la PGR
no hizo ninguna diligencia para saber por qué el teléfono de esta víctima de
desaparición emitió una señal, cuatro días después de su rapto, desde el
principal cuartel militar del país.
El auto.
Cuando el
ingeniero Francisco Herrera fue raptado, los perpetradores también se llevaron
consigo su camioneta, un Jeep Grand Cherokee con 14 años de antigüedad.
La versión oficial indica que este
vehículo fue localizado cinco meses después, tras un enfrentamiento con
integrantes del crimen organizado ocurrido en el rancho “El Perro”, del ejido
Ruiz Cortines, en el municipio de González.
No obstante,
la versión oficial, sin embargo, queda
desmentida con la misma averiguación previa.
La dueña del
rancho El Perro, por ejemplo, declaró
ante el MP que su propiedad no se encuentra en el ejido Ruiz Cortines, y que en
su rancho nunca hubo enfrentamientos entre fuerzas oficiales y grupos del
crimen organizado.
Asimismo, aclaró que tampoco era un lugar llano y
despoblado, como fue descrito por la autoridad, sino que es un rancho en
constante producción agrícola, con permanente presencia de trabajadores y
comercializadores.
Por su parte, el operador de la grúa contratada para
arrastrar la camioneta, del servicio privado Grúas Aries, también informó al MP
que él originalmente había sido convocado para retirar un vehículo distinto,
custodiado por el Ejército en el municipio de González.
Según su
testimonio, cuando ya había levantado
ese auto, yendo en camino de vuelta hacia su base en Tampico, un vehículo
militar lo alcanzó y sus tripulantes le solicitaron que enganchara un segundo
auto, ubicado en un municipio Villa Gómez, es decir, un municipio distinto al
que las autoridades señalaron.
Se trataba del Jeep Grand Cherokee
del ingeniero Herrera que, según el operador, estaba en un camino de
terracería, custodiada por militares quienes, además, estaban manipulando los
objetos de su interior al momento en que él llegó.
Aunque el vehículo tenía las llaves,
le faltaba una de las llantas delanteras, por lo que no se explica cómo llegó
hasta ese camino de terracería.
Dentro de la camioneta (cuyos objetos
del interior fueron manipulados por militares, según testimonio del operador de
la grúa) fue reportado el hallazgo de un uniforme de la Secretaría de Marina,
que pudo ser vinculado a un marino que estuvo asignado a Tamaulipas entre 2012
y 2013, es decir, un año antes del rapto del ingeniero Herrera.
Según la
declaración de ese marino, él entregó su
uniforme gastado en 2013, una vez que concluyó su asignación en Tamaulipas y
salió del estado, al cual, desde entonces, nunca fue nuevamente destacamentado.
Las puertas.
La última
prueba que destaca, de entre el cúmulo de indicios recabados en tres años y
medio de investigación judicial de este caso, es un conjunto de llaves y llaveros encontrados por la Procuraduría de
Tamaulipas en la vivienda ubicada junto al cuartel del 15 Batallón de
Infantería, en Tamaulipas, en donde el teléfono del ingeniero Herrera pudo ser
geolocalizado por segunda ocasión el día de su rapto.
Se trata, explica
el peritaje realizado, de un inmueble adyacente a la barda del cuartel, que
estaba pintado con el mismo color que las instalaciones militares.
Según el
peritaje, el inmueble estaba
deshabitado, aunque en una repisa fueron encontradas las llaves y llaveros,
entre los cuales la familia del ingeniero Herrera pudo reconocer el llavero de
la víctima.
Luego de ese hallazgo, la
Procuraduría estatal dejó pasar 48 horas para acudir a la vivienda del
ingeniero Herrera, a verificar si esas llaves abrían las puertas, lo que
permitiría comprobar que la víctima, o sus captores, sí habían estado en el
inmueble aledaño al cuartel militar.
Finalmente, cuando la Procuraduría estatal acudió al
domicilio del ingeniero, a verificar si las llaves abrían las puertas, se
encontró con que los sellos de aseguramiento habían sido quebrantados, y las
chapas destruidas, lo que impidió realizar la comparación.
Curiosamente, el objetivo de
violentar las chapas de las puertas no fue robar la vivienda, ya que la
televisión, el aparato de aire acondicionado y el equipo de sonido del
ingeniero, los únicos objetos de valor dentro del inmueble aún permanecían ahí.
La Procuraduría estatal no realizó
ningún acto orientado a rastrear huellas dactilares de las personas que
destruyeron las chapas.
Ante ese
escenario, la familia propuso una
segunda forma para verificar si las llaves encontradas en el inmueble adyacente
al cuartel militar pertenecían al ingeniero Herrera: compararlas con el juego
de llaves de la vivienda de la víctima, que la misma familia había entregado al
MP cuando esta autoridad puso su casa bajo resguardo.
Sin embargo,
la Procuraduría estatal les informó que
tampoco podían realizar dicha confronta, ya que esa copia de las llaves de la
casa del ingeniero (que la familia había entregado al MP) se extraviaron.
El presente.
A lo largo de dos años, la PGR
requirió al Ejército (a través de una decena de oficios) que entregara la lista
del personal que estaba asignado al 15 Batallón el 24 de febrero de 2015, así
como los partes de novedades y la bitácora del cuartel, sin obtener respuesta.
Finalmente,
en enero de 2017, el Ejército anunció
oficialmente a la PGR que no entregaría esa información (aunque la ley obliga a
todas las instituciones de gobierno entregar al Ministerio Público la
información que se les requiera como parte de sus investigaciones), bajo el
argumento de que está “reservada por comprometer la Seguridad Nacional”.
Parapetándose
en esa respuesta del Ejército, la PGR
informó a la familia del ingeniero Herrera que no había logrado recabar
información suficiente y que “no es posible acreditar la probable
responsabilidad de elementos adscritos a la Secretaría de la Defensa Nacional”
en el rapto.
Además, les notificó y que este caso no puede ser
investigado como una “desaparición forzada de personas”, ya que dicho tipo
penal exige la participación, directa o indirecta, de agentes del Estado. Lo
anterior, a pesar del cúmulo de pruebas recabadas por la PGR, empezando por la
geolocalización de los teléfonos de la víctima en dos cuarteles militares, de
forma posterior a su rapto.
El argumento de la PGR con el que
descarta la participación de agentes del Estado en el rapto es contradictorio,
ya que en la misma notificación aclara que no puede investigar al Ejército en
este caso, pues “autoridades del fuero común también pudieran estar implicadas
en la desaparición de Francisco Herrera”.
Tal como muestran las averiguaciones
previas estatal y federal, las autoridades investigadoras no han realizado
ninguna acción orientada a determinar si, además del Ejército, otras autoridades
locales “también” están implicadas en esta desaparición.
Para conocer
la postura del Ejército en torno al rapto y desaparición del ingeniero
Francisco Herrera, Animal Político solicitó una entrevista con un representante
de la Secretaría de la Defensa Nacional, sin que se obtuviera respuesta.
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