Tatiana
Clouthier.
No puedo dejar de ver lo que pasa en
Nuevo León aunque quisiera. Ya algunos medios lo mencionan: El Bronco no sale
mucho, habla menos y se esconde más. Y claro, motivos hay, pasó de más de un
millón de votos en la elección a gobernador a obtener en la presidencial un
tercio de lo obtenido hace dos años.
Evidentemente esto no sería problema
si las cosas marcharan bien en Nuevo León, pero las cosas no son así. Por un lado,
se tiene una creciente ola de inseguridad en el estado, que, claro está, va de
la mano de la responsabilidad de los alcaldes.
Pero lo que sí vemos es el alto costo
que los neoleoneses pagamos por el chiste e irresponsabilidad de que Jaime
Rodríguez Calderón jugara a su capricho presidencial. Ante ello, el balance es
el siguiente:
a) Desvío de
recursos humanos y económicos del estado.
b) Baja
calidad de atención estatal y, por tanto, más inseguridad: el semáforo del
delito no miente: cuatro rojos, tres amarillos y sólo robo a vehículos en
verde.
c) Pérdida
de liderazgo del gobernador; ya arriba mostré resultado de esta elección.
d) Decepción,
pero sobre todo falta de respeto a la autoridad.
e) Menores
recursos para obra en el estado.
Considero fundamental que la
ciudadanía no debe dejar de ejercer la presión necesaria para que el gobernador
haga lo que tiene que hacer, y sobre todo, cuando menos a lo que se
comprometió.
Lo anterior
lo menciono por dos motivos muy graves que tenemos frente a nosotros:
1) Jaime Rodríguez ya no tiene nada que perder
y, ante esto, se puede dedicar a no hacer nada; crecerse y desfalcar sin
problema alguno las arcas estatales.
2) Su desgaste y/o presión pueden llegar a tal
grado, que abandone más el estado y las cosas empeoren para todos los que aquí
vivimos.
Espero de
todo corazón que mis palabras aquí vertidas sean y se puedan desmentir por el
propio gobernador, lo más pronto que tarde por el bien de todos.
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