Martín
Moreno.
A Peña Nieto se le quiebra la voz. La
Gaviota lloriquea. Las hijas lagrimean. México llora ante un sexenio envuelto
por escándalos de corrupción, conflictos de interés, cinismo, violencia,
inseguridad, ineficacia gubernamental, ignorancia presidencial, frivolidades y
escasos avances económicos. Ese es el retrato del VI y último Informe de
Gobierno de EPN.
Cuando Peña mencionó en entrevistas
recientes que creyó que gobernar al país sería como gobernar al Edomex, dio en
el clavo:
Calculó gobernar sin oposición, pero
le falló.
Calculó gobernar a ciudadanos
arrodillados, pero le falló.
Calculó gobernar mediante
corruptelas, sobornos y complicidades sin que nadie lo notara y lo denunciara,
pero le falló.
Calculó gobernar sin prensa crítica,
pero le falló. (A
pesar de la censura contra pluma y voces críticas del gobierno peñista en
medios tradicionales).
Calculó que su gabinete podría actuar
sin que nadie lo cuestionara, pero le falló.
Calculó que podrían hacer sus
enjuagues y trampas contando con la complicidad de todos, pero le falló.
Calculó que México era Toluca. O
Atlacomulco, donde podían escupir al cielo sin que les manchara la cara, pero
le falló. (Allí
también fueron derrotados electoralmente).
Hoy por hoy, Peña Nieto se va como el
presidente más repudiado de la historia moderna; más,
inclusive – aunque no por mucho- que Salinas de Gortari, cosa que no es menor.
Una encuesta de Eje Central revela: solamente
11 de cada 100 ciudadanos aprueban el sexenio de Peña Nieto. Serán priistas,
acaso.
Un último Informe de Gobierno donde
Peña Nieto habló de combatir la corrupción, arrancando el aplauso rabioso del
emblema de la corrupción empresarial sexenal y del conflicto de interés
apapachado y enriquecido desde Los Pinos: Juan Armando Hinojosa, cabeza del Grupo
HIGA, sí, la misma constructora que le financió la Casa Blanca a la familia
presidencial, presente allí, en el informe de su amigo, ovacionándolo, muy
sonriente y multimillonario, avalando la palabra de su benefactor.
No nos extrañe qué al finalizar su
gobierno, Peña sea parte del Consejo de Administración de HIGA. O de OHL. O de
algún otro consorcio ligado a sus negocios personales.
Peña Nieto se construye un país en su propia
imaginación y habla de logros de humo. Se siente arropado por la clase política
y empresarial que, como en los viejos tiempos, le aplaude y le aplaude y le
aplaude. Peña necesita ese aplauso de ornato para sentirse vivo, para expiar
culpas y bañarse en la purificación proveniente del poder. Mira a todos y
extiende lo brazos, orondo, gozando su momento. Agradece. Se emociona. Se
engrandece.
(Entonces,
recordamos la frase jocosa del personaje de Carlos Salinas de Gortari en la
serie El Chapo en Netflix, justo cuando acaba de hablar por teléfono con el
personaje de Peña Nieto: “Éste ya se
creyó presidente…”).
Peña se dirige a su familia,
conmovido, buen padre, para agradecerles su comprensión. ¡Uy, qué tierno! (Bien
podría haber dicho: gracias, Angélica, por haberte dejado crucificar con el
caso Casa Blanca).
Como a López Portillo, a Peña Nieto se le quiebra la voz y los ojos se le
nublan. Parece a punto del llanto. ¡Carajo, quién dice que los corruptos no tienen emociones!
Y más allá, envueltas en trajes sastre de diseñador
exclusivo, colgantes las joyas de miles de dólares, forradas de vanidades y
viviendo entre frivolidades, La Gaviota y sus hijas también se estremecen,
cierran los ojos, las baña el aire divino, escuchan el cántico milagroso y,
como en La Rosa de Guadalupe, se les hace el milagrito de ser felices. A ver
cuánto les dura.
No. No ha sido un Informe de Gobierno
pronunciado por algún estadista. De ninguna manera.
Ha sido, sin duda, un capítulo más de
La Rosa de Guadalupe con actrices reales y con actores del poder político,
empresarial y financiero adorando a su benefactor que ya se va. Un acto de
histrionismo al estilo Peña: con el apoyo de la televisión. ¿Casualidad que
Emilio Azcárraga estuviera a la espalda de La Gaviota?
¡Corte!
Al México imaginario de Peña Nieto lo
desinfla el México real. Miente Peña cuando dice que hoy estamos mejor que en
2012. Las cifras lo apabullan:
–Al cierre
de 2012, la deuda pública fue equivalente al 46% de los ingresos totales
públicos (5, 943 billones de pesos). Con EPN, esta deuda representa ya el 78%
de los ingresos (10,088 billones) Aumento del 69%.
–Dólar, en 2012, a 12.90 pesos. 2018:
19.35 pesos.
–Gasolina Magna en 2012: 9.86 pesos
por litro. 2018: 20 pesos.
–Crecimiento en 2012 (último año de
FCH): 3.4%. Crecimiento promedio sexenal peñista: 2%.
–104 mil ejecutados en el sexenio de
Peña, cifra mayor a la guerra declarada por Calderón durante su gobierno. (Entre
ambos, alrededor de 200 mil homicidios).
Son algunas de las cifras que a Peña
se le olvidó mencionar en su Informe de (des) Gobierno.
¡Qué amnésico, qué olvidadizo!
Y allí están Ayotzinapa y la
investigación fallida de la PGR; el escándalo financiero Odebrecht que el
gobierno de AMLO está obligado a investigar; la Estafa Maestra que no debe
quedar impune; los negocios personales del presidente y de sus amigos; la
adquisición de la casota de Luis Videgaray en Malinalco, y su financiamiento
oscuro e ilegal. ¿Falta algo?
Peña Nieto,
con la voz quebrada.
La Gaviota,
con las lágrimas histriónicas.
Tal cual.
Y México, hundido en la corrupción,
la violencia y la mala economía.
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