Javier Risco.
En este país ha habido
irregularidades en los recursos que han ido a universidades, a los damnificados
después de un sismo devastador, a programas sociales hechos para erradicar la
pobreza, incluso al deporte; nuestra clase política ha creado un sistema donde
la triangulación es descarada y obscena.
Hoy toca al Seguro Popular, un
programa de gobierno surgido en 2004 para toda la población que no tiene seguro
social –ni IMSS ni ISSSTE–, una iniciativa que Vicente Fox presumió como
emblema del cambio que representaba su administración y que ha buscado llegar
hasta el piso de la pirámide, tocando a los más necesitados. Tampoco ese se
salva. Ahí, en el dinero destinado a esa población vulnerable se han detectado
irregularidades financieras en cinco estados por más de 3 mil millones de
pesos.
Ayer las
organizaciones Impunidad Cero y Justicia Justa, AC presentaron la investigación “Irregularidades financieras del Seguro
Popular en los gobiernos estatales”, a cargo del maestro Julio Copo, la cual
demostró que vivimos en un país donde también se lucra con un derecho
fundamental como la salud. ¿O hay algo más ruin que desviar recursos destinados
a salvar la vida de un enfermo? ¿O comprar medicinas a sobreprecio provocando
un desabasto a corto y mediano plazo? ¿O simplemente hacer negocios en el
sector salud sin licitaciones y pagos sin documentación comprobatoria? Respondo
rápidamente: no, no hay nada más ruin.
Desde hace años, organizaciones como
estas han tenido que hacer el trabajo de quienes deberían estar fiscalizando el
destino de recursos públicos evidenciando desfalcos y excesos. Pero en este
país del ‘no pasa nada’, y los escándalos ya no desincentivan conductas
delictivas, estas organizaciones han tenido que dar un nuevo paso hacia el
frente y pasar de investigar y exhibir al litigio estratégico.
El trabajo
de Impunidad Cero y Justicia Justa, AC no
se ha quedado sólo en la exhibición de estos millonarios desvíos. Ayer Luis
Pérez de Acha y Federico Reyes Heroles, presidentes de ambas organizaciones,
interpusieron catorce denuncias penales contra quienes resulten responsables
por los delitos de peculado y uso indebido de atribuciones y facultades de
servidores públicos durante los años 2012 a 2016 en el Seguro Popular y el
Fondo de Aportaciones para los Servicios de Salud (FASSA), en siete entidades
federativas –Chiapas, Estado de México, Guerrero, Michoacán, Oaxaca, Sinaloa y
Veracruz.
¿Qué encontraron estas organizaciones
que les permitió tener elementos que los lleven ahora a enfrentar un proceso
judicial? Los hallazgos permitieron tener un panorama no sólo de la inversión
que hace el Estado mexicano en el tema de salud pública, sino cuánto realmente
termina en el paciente y no se va entre nómina y gastos de infraestructura.
Además, le dio oportunidad de revisar la poca transparencia con la que operan
programas de tal importancia a nivel nacional, de cómo es imposible darle
seguimiento a los procedimientos en que se violan las normas y las sanciones
que son impuestas por los abusos en el Seguro Popular.
Basados en
los reportes de la Auditoría Superior de la Federación, se encontró un subejercicio en los fondos del programa en su
presupuesto anual, transferencias a otros fondos y cuentas, que luce cuando
menos irregulares, que la Secretaría de Finanzas termina sin transferir los
recursos programados para ciertas entidades, que se hacen pagos a ‘proveedores’
sin la documentación que le permita a la ASF fiscalizar ese gasto, a veces
millonario, pago a aviadores, y hasta pago de impuestos estatales con dinero
que estaba destinado para el programa. Es decir, todo menos la salud.
Así, encontraron por ejemplo irregularidades en
Baja California por más de 155 millones de pesos, 949 millones en Chiapas, 821
millones de pesos que no se justifican en el Estado de México, en Michoacán hay
irregularidades por 928 millones y en Oaxaca por 175 millones. Todos esos
estados con población vulnerable, con escasos recursos económicos en los que el
derecho constitucional a la salud que debiera protegérseles, es violado
sistemáticamente.
¿Qué país podemos aspirar a ser
cuando es el propio Estado quien constantemente vulnera uno de los derechos
primarios de sus habitantes, los más expuestos?
El
comunicado publicado ayer por ambas organizaciones señala que “las denuncias buscan que la Procuraduría General de la
República lleve a cabo las investigaciones necesarias para esclarecer los
hechos de corrupción cometidos por el mal uso de recursos públicos. Se trata de
recursos que la Federación entregó a los estados para el programa de Seguro
Popular y a través del FASSA, y que estaban etiquetados para prestar servicios
de salud a la población –en especial a la de bajos recursos económicos”.
Y aunque en otros países el tema de
la salud pública implica una vigilancia extrema y cuidado en el cauce y la
implementación, en México seguimos viviendo en esa época en la que violar
nuestros derechos fundamentales es una cosa de todos los días con la que hemos
aprendido a sobrevivir. No cabe duda, hay que extirpar el cáncer en el Seguro
Popular.
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