Ricardo Ravelo.
Si Andrés Manuel López Obrador ha dado de qué hablar con su
zigzagueante proceder, el caso de
Cuitláhuac García Jiménez, Gobernador electo de Veracruz, es más que
preocupante. Cuando faltan pocos días para que inicie el proceso de transición,
el Gobernador electo se la ha pasado entre el baile y la dispersión: asiste a
fiestas y convivios mientras la integración de su Gabinete avanza a paso de
tortuga en medio de la incertidumbre.
El inexperto político
de Morena, quizá el más sorprendido con su triunfo electoral del pasado 1 de
julio, en poco tiempo se ha sumido en la distracción; disfruta del boato y ya
se sabe con poder, aunque no lo ejerza con acciones claras sino con soberbia.
Atrás parece haber quedado la humildad que alguna vez lo abrazó y ahora lo
atenazan los delirios de grandeza; baila salsa, se divierte con sus nuevos
amigos –los que arribaron a su entorno luego de su triunfo, nunca antes porque
nada significaba en la vida pública –y con frecuencia se le observa en giras
acompañado de personajes de dudosa reputación, como es el caso de Fernando
Padilla Farfán, un acaudalado contratista que amasó fortuna de la obra pública
y que, a la sombra de la revista Líderes, se abre paso en el intrincado mundo
de la política y los negocios. Ahora es el gurú del Gobernador electo y poco a
poco se apodera de su voluntad.
Carente de dirección política,
inexperto en el difícil arte de gobernar, García Jiménez se deshizo de algunos
compromisos contraídos durante su campaña política y abrió la puerta a
personajes de un grupo que ya gobernó el estado de Veracruz con pésimos
resultados; estos arribistas, como les llaman, pretenden enquistarse de nuevo
en el poder con el objetivo de volver a disponer de privilegios sin medida. Y
se trata concretamente de empresarios y políticos que rodearon al ex Gobernador
Javier Duarte y cuyas decisiones sin freno lo condujeron a la cárcel.
Por ningún lado se
justifica la relación del nuevo Gobernador con estos fantasmas del pasado, pues
él encabeza un nuevo proyecto, aunque se diga que tiene compromisos con Javier
Duarte porque le financió la campaña en el 2016 y cuyos recursos –se afirma
–formarían parte de las cuentas no aclaradas del exmandatario.
Lo cierto es que el
entorno del Gobernador electo de Veracruz es demasiado pobre: no tiene equipo y
esto justificaría, en parte, la demora en la integración del nuevo Gabinete que
lo acompañará en los próximos seis años y cuyas responsabilidades no serán
menores dado el escenario de caos que priva en la entidad.
De igual forma se
cuestiona por todas partes que a poco más de tres meses de haber ganado las
elecciones Cuitláhuac García no haya nombrado al grupo político que se ocupará
de la recepción de la nueva administración; el próximo 5 de noviembre, por
ejemplo, toman posesión los diputados locales que encabezarán la nueva
Legislatura y es la hora que no hay coordinador parlamentario. Nadie parece
tomar decisiones. Se ignora si Cuitláhuac García se ocupará de ese nombramiento
o será el equipo de López Obrador o el propio presidente electo quien se
ocupará de guiar al inexperto Gobernador veracruzano en su difícil travesía
política. Este tema preocupa y mucho porque el escenario que hasta ahora se
respira en el estado es de completa incertidumbre.
Sin duda que Cuitláhuac
García necesita un coordinador de la fracción de Morena con amplia experiencia
en las tareas parlamentarias. Más que un amigo –la decisión basada en los
afectos, en este caso, no conduciría por buenos caminos –lo que el nuevo
Gobernador necesita es un hombre con oficio político que pueda negociar con las
fuerzas políticas. Alguien sin experiencia ocasionaría mayor incertidumbre de
la que ya existe en el equipo que rodea a García Jiménez.
La transición comenzará
en una semana, a lo mucho, y hasta ahora García Jiménez sólo ha realizado siete
nombramientos de un total de 13 importantes que debe hacer para integrar su
Gabinete. Falta la designación de los secretarios de Finanzas y Planeación; de
Seguridad Pública y del titular de la Fiscalía del estado, entre otros. El
equipo cercano que se ocupará de la transición y de la entrega recepción del
gobierno sigue en el limbo.
Para la administración
de López Obrador el estado de Veracruz es clave en su plataforma de
reposicionamiento económico; la zona sur, sobre todo el corredor petrolero de
Coatzacoalcos-Tabasco-Campeche formará parte de las regiones a las que más recursos
se le inyectarán para reactivar la economía nacional con miras a los próximos
50 años.
De ahí que el
presidente electo necesita un Gobernador que actúe a la altura de las
exigencias nacionales, un Gobernador que no pierda el tiempo en fiestas ni en
francachelas con políticos y contratistas del viejo régimen y ligados a la
negra historia del narcotráfico y el saqueo del estado que, como se sabe, es
uno de los más pesados lastres que arrastrará la nueva administración.
El escenario para
Cuitláhuac García es bastante oscuro y existen graves conflictos: tres cárteles
en disputas que generan violencia de alto impacto, deuda social, muertes y
desapariciones sin aclarar; también existen decenas de fosas clandestinas que
todavía tienen cuerpos sin rescatar y que requieren ser exhumados para llevar a
cabo las respectivas identificaciones.
La deuda financiera
supera los 80 mil millones de pesos, el 80 por ciento del presupuesto anual,
como consecuencia del saqueo de varios sexenios y cuyos actos están, en su
mayoría, impunes. Nada fácil estará la situación para el nuevo Gobernador, pero
más complicada estará su situación si no se rodea de los mejores hombres que lo
acompañen en esta aventura de gobernar el estado de Veracruz.
Algunos actores
políticos nos aseguran que el caso de Cuitláhuac García y su circunstancia
actual preocupa y mucho a López Obrador. Hasta donde se pueda, dicen, se
tratará de impedir que este barco llamado Veracruz no termine de hundirse
después de enfrentar grandes tormentas financieras y saqueos que la justicia
local ni federal todavía no terminan de esclarecer.
A Cuitláhuac García le
urgen asesores, le urge un buen coordinador en la Cámara de Diputados que le
garantice un eficaz desahogo de la agenda política y parlamentaria. Se afirma
que el próximo coordinador de Morena en la Legislatura local está por definirse
y se habla de dos mujeres y un hombre –Amado Cruz Malpica — por cierto el único
con amplia experiencia en estas tareas, a quien Cuitláhuac debe tomar en cuenta
porque, sin duda, es el más preparado: ha sido diputado federal y local, se
reeligió como legislador justamente por sus logros y su buen desempeño y es
visto como un político que conoce y maneja como pocos el difícil arte de la
negociación. El puede ser una pieza importante en el nuevo esquema.
Todo dependerá de cómo
decida García Jiménez: si se impondrá su inteligencia o si tomará la decisión
con base en sus zigzagueantes estados de ánimo.
Los afectos en política
muchas veces no conducen por los mejores caminos. Ya lo decía el expresidente
Miguel Alemán Valdez: en política como en la vida las decisiones no deben
tomarse ni muy enojado ni demasiado contento porque esos estados extremos
conducen al error.
La ley del accidente no debe imponerse en el caso de
Cuitláhuac García. Alguien de su equipo cercano debe decirle cual es el mejor
camino.
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