Gustavo De
la Rosa.
En la
frontera de Ciudad Juárez con El Paso ha nacido una nueva tradición: el abrazo
en la línea fronteriza, “abrazos, no muros”.
Esta región
del norte de México y suroeste de los Estados Unidos tiene características muy
específicas, y una de ellas es la estrecha relación familiar entre los que
viven en El Paso, Texas, y los que vivimos en Ciudad Juárez, que conquista el
corazón de los más curtidos (que por acá son los agentes de migración
norteamericanos).
Una
motivación en común movía a las familias juarenses que llegaron aquí antes de
1985: pasar la frontera para vivir el sueño americano. Posteriormente llegó una
segunda ola de migrantes originarios de los estados del centro y sur del país,
aunque en esta ocasión los impulsaba el deseo de operar en la industria
maquiladora. Mi tribu llegó en 1957; éramos 11 hermanos y poco a poco cada uno
de los mayores fueron “arreglando papeles” mientras trabajaban en El Paso y
vivían en Juárez, una rutina de vida muy común que permitió conservar la unidad
familiar con mejores ingresos.
Pero hoy las
cosas se han complicado debido a la política migratoria endurecida de la
administración federal norteamericana y muchos núcleos parentales se han roto:
los que viven allá, si vienen no pueden regresar, y los que viven acá, que no
pueden cruzar; algunos hermanos tienen una década sin poder abrazarse, otros
sienten que han perdido todo lazo familiar y la sensación de soledad los abruma
en una tierra extraña.
La Red
Fronteriza por los Derechos Humanos y las organizaciones que trabajan a su lado
han logrado, con profundo amor por la humanidad, negociar que una vez al año se
abra la puerta del muro que divide a las dos ciudades durante dos minutos; en
ese instante un familiar puede cruzar a México y regresar sin verse obligado a
demostrar su legal residencia en Estados Unidos. Esos dos minutos son
aprovechados por los familiares para disfrutar del contacto físico y cariño de
sus hijos ausentes.
Son dos
minutos de esperanza para los hermanos y padres que están legalmente
imposibilitados para disfrutar la cercanía familiar. Sin embargo, pienso que el
video que acompaña esta nota puede transmitir los sentimientos del encuentro
mejor que las palabras.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Gracias por tu comentario.