El Instituto Nacional de Estadística
y Geografía (Inegi) reveló que en 2017 el impacto monetario de la inseguridad
en las empresas instaladas en el país alcanzó un nivel récord: 155 mil millones
de pesos o 0.86% del Producto Interno Bruto (PIB).
De acuerdo
con el organismo, el 55.9% de dicho
monto fueron pérdidas económicas a consecuencia de los delitos, y el 44.1%
restante representó los gastos que realizaron las unidades económicas en
medidas de prevención, como cambiar y colocar cerraduras y candados, instalar
alarmas y video-vigilancia, cambiar puertas y ventanas, construir rejas o
bardas, contratar vigilancia o algún seguro, además de instalar sistemas de
protección contra ataques cibernéticos.
Lo anterior se desprende de la
Encuesta Nacional de Victimización de Empresas (ENVE, 2018), que ofrece
información referente al nivel de victimización y delincuencia que afecta a las
unidades económicas del sector privado, así como las denuncias del delito,
características de las víctimas, los delitos y los daños causados, la
percepción sobre la inseguridad y el desempeño institucional.
La ENVE también demuestra que, conforme pasa el
tiempo, a las empresas les cuesta más dinero la incidencia delictiva:
En la
edición de 2015 el costo a consecuencia
de la inseguridad y del delito fue de 153 mil millones de pesos; en la de 2013
alcanzó 29 mil millones de pesos, y en el primer levantamiento de la ENVE, en
2011, las compañías consultadas declararon haber tenido un impacto económico de
145 mil millones.
En suma, el costo promedio del delito por unidad
económica a consecuencia del gasto en medidas de protección y de las pérdidas a
consecuencia del delito durante 2017 ascendió a 66 mil 31 pesos, cifra mayor a
la de 2015, cuando se registró un impacto de 57 mil 779 pesos.
Las cifras
del delito.
De acuerdo con el Inegi, el año
pasado 33.7% de las unidades económicas del país fue víctima de algún delito,
mientras que en 2015 la estimación fue de 35.5%.
Sin embargo,
al poner la lupa en cada uno de los
sectores económicos, 38.4% de las unidades económicas del sector comercio fue
víctima del delito, 30.6% del sector industria y 29.3% del sector servicios
durante 2017.
Si el lente
se enfoca en el tamaño de las empresas, las
medianas fueron en mayor medida presas del delito, con 61.5%, seguidas de las
grandes con 59.3%, mientras que las pequeñas registraron 51.4% de los casos y
las micro 32.9%.
Durante 2017
se generaron 3.8 millones de delitos
asociados a 1.5 millones de unidades económicas víctima. Esto representa una
tasa de concentración de 2.5 delitos por unidad económica víctima.
Así, los delitos con mayor tasa de incidencia
delictiva por cada 10 mil unidades económicas fueron el robo o asalto de
mercancías, dinero, insumos o bienes. De hecho, fue el ilícito más común en el
país y ocupó el primer lugar en estados como Aguascalientes, Baja California,
Campeche, Coahuila, Colima, Chiapas, Chihuahua, Durango, Estado de México,
Morelos, Nuevo León, Puebla, Quintana Roo, Sinaloa, Sonora, Tabasco, Tamaulipas
y Veracruz.
El segundo delito con mayor
incidencia delictiva es el robo hormiga, más común en Jalisco, Oaxaca, Tlaxcala,
Yucatán y Zacatecas.
La extorsión fue el tercer delito con
mayor tasa de incidencia por cada 10 mil empresas, y prevaleció con más fuerza
en Baja California Sur, Guanajuato, Michoacán, Nayarit y San Luis Potosí.
En Hidalgo, por ejemplo, el delito más común fueron los actos de corrupción; en Guerrero y
Querétaro, el fraude, y en la Ciudad de México reinó el robo total y parcial de
vehículos.
Las
características y la cifra negra.
La ENVE 2018
también proporciona información sobre el
uso de armas por parte de los delincuentes, de manera que de los 3.8 millones
de delitos estimados, en 39.4% de los casos estuvieron presentes uno o más
empleados o propietarios de la unidad económica víctima, lo que en términos
absolutos representa 1.5 millones de delitos.
De los delitos en los que empleados o
propietarios de la unidad económica víctima estuvieron presentes, en 6.5% de
los casos existió algún tipo de violencia física. Asimismo, de los 1.5 millones
de delitos estimados donde la víctima estuvo presente, los delincuentes
portaban arma en 27.7% de los casos: de fuego y armas blancas u objetos
contundentes, como palos, varillas, tubos y similares.
Sin embargo,
sólo se denunciaron 15.7% de los
delitos, de los cuales en 85.6% se inició una averiguación previa o carpeta de
investigación en el Ministerio Público.
Del total de delitos, se inició
averiguación previa o carpeta de investigación en 13.4% de los casos. Ello
quiere decir que en 86.6% de delitos no hubo denuncia o no se inició
averiguación previa o carpeta de investigación. A esto se le llama “la cifra
negra”.
Respecto de
las denuncias hechas por víctimas ante el Ministerio Público, en 62.9% de los casos “no sucedió nada o no se
resolvió”, o bien “está en trámite la denuncia”. Entre las razones para no
denunciar delitos ante las autoridades por parte de las unidades económicas
víctima destacan la “pérdida de tiempo”, con 35.6%, y “no tenía pruebas”, con
15%, dentro de las causas atribuibles a la autoridad.
Por causas atribuibles a la autoridad
se entiende: “miedo a que lo extorsionaran”, “pérdida de tiempo”, “trámites
largos y difíciles”, “desconfianza en la autoridad” o “por malas experiencias
anteriores con la autoridad”.
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