Salvador
Camarena.
Nos vemos el
2 de diciembre, amagó Javier Jiménez Espriú, propuesto para ser secretario de
Comunicaciones y Transportes del próximo gobierno federal, cuando la semana
pasada la apoderada legal de un predio le obligó a salir del mismo.
Ese
desplante del colaborador de Andrés Manuel López Obrador no desentona con
gestos que con casi idéntica autosuficiencia han proferido otros acompañantes
del presidente electo.
“Nos vemos
el 2 de diciembre” como grito de guerra con el que machacan que sólo ellos
tienen el monopolio del mensaje expresado en las urnas el 1 de julio; y que el
modo de ese cambio, al que desde ya califican de histórico, sólo toca a ellos
descifrarlo e instrumentarlo. Detrás de la raya que estamos trabajando en la IV
transformación…
Y mientras
las bancadas de Morena se atropellan de tanto ímpetu –no necesariamente para
bien– transformador, del otro lado lo que se aprecia es el pasmo de las
oposiciones, de los empresarios, de los del Poder Judicial, de no pocas ONG y
de otros actores que en silencio escuchan un día sí y otro también lo que será
el país apenas asuma López Obrador.
De forma que
el 2 de diciembre amaneceremos con gobernadores que tendrán una correa en el
cuello llamada superdelegados, con mandos únicos de seguridad que olímpicamente
traspasarán las competencias que corresponden a gobernadores y presidentes
municipales, sin reforma educativa o con una a la que le estarán arrancando los
dientes, con un padrón de beneficiarios de programas sociales que, sin que
nunca se explicara fondeo y metodología, bien podría ser impuesto como nuevo
canon de la política del bienestar, con un Poder Judicial al que le ordenarán
no sólo equidad de género sino nuevas reglas de rotación geográfica de jueces y
magistrados, con un Petróleos Mexicanos sólo pensando en cuando él por sí mismo
hacía todo y no en realizar alianzas estratégicas con aquellos que saben hacer
lo que Pemex nunca aprendió, con un Tren Maya a toda marcha sin que nadie haya
visto el proyecto ejecutivo o los estudios de impacto ambiental, con una
campaña de zafra (Galia García Palafox dixit)... perdón, con una campaña de
reforestación que no ha despejado dudas de especialistas como Julia Carabias,
con un aeropuerto cancelado o trasladado a la iniciativa privada o demorado o
vayan ustedes a saber qué diantres…
Eso sí, hay
que reconocer que nunca escondieron la mano. Que dejaron claritas sus
intenciones. La propia Olga Sánchez Cordero lo advirtió el 5 de octubre, al
clausurar la Semana Nacional de la Transparencia.
En esa
ocasión, quien está propuesta para ser secretaria de Gobernación contó que
cuando unos banqueros le preguntaron si el gobierno de AMLO va a respetar el
Estado de derecho, ella explicó: “No, no es que vayamos a respetar el Estado de
derecho, vamos a restaurar el Estado de derecho, entre otras, en esta materia
de la corrupción. Y los 30 millones de mexicanos votaron por restaurar el
Estado de derecho (…) Ese fue el mandato”.
Es decir,
que ni enterados de que estábamos en bancarrota legal. Y miren que lo dice
quien fue ministro de la Corte, así que algo debe saber.
Lo que no
sabíamos es que nadie más quería participar en construir ese nuevo país, esa
restauración. Porque hasta hoy, y salvo estériles retobos tuiteros, nadie
reclama el derecho a ser escuchado, a colaborar. En ese sentido, la única que
ha dicho no en este panorama fue la abogada del predio ya citado. Al menos ella
sí hizo valer su derecho. Los demás, nos vemos el 2 de diciembre
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