Gabriel Sosa
Plata.
Será el viernes de esta semana cuando
Adriana Pérez Cañedo se retire de Canal 11 (Once TV), después de más de dos
décadas de laborar ahí. Ella es conductora del noticiario estelar de dicha
televisora del Instituto Politécnico Nacional (IPN) y una de las periodistas
más reconocidas del país e ícono de la televisión pública.
La destacada periodista sale en el
ocaso de un sexenio que se caracterizó por disminuir cada año el presupuesto de
la mayoría de los medios públicos federales, pero también por ejercer un
riguroso control de sus contenidos, particularmente de sus noticiarios. Así lo
confirman periodistas de estos medios, con los que he podido conversar en los
últimos días.
Pérez Cañedo
informó vía Twitter que se despedía de
la televisora, pero no ha explicado públicamente las razones. Sería positivo
que lo hiciera en beneficio de la transparencia hacia las audiencias y para
fortalecer a los medios públicos. Su testimonio tiene un enorme valor ante el
cambio de Gobierno y la toma de decisiones sobre quién debe dirigir ese canal y
hacia dónde deben estar encaminadas las prioridades en sus contenidos.
En el canal se afirma que es deseo de
su actual directora, Jimena Saldaña, continuar en el cargo, mismo que ocupa
desde octubre de 2015. En el equipo de transición no se ha descartado esta
posibilidad. Sin
embargo, las mismas fuentes consideran
indispensable hacer una evaluación sobre su desempeño y la manera en cómo se
ejerció el presupuesto, antes de su ratificación.
Quizás uno de los casos más conocidos
de su gestión fue la contratación, despido y recontratación del periodista
Ricardo Alemán,
quien protagonizó uno de los episodios más polémicos del anterior proceso
electoral al sugerir un acto de violencia en contra del entonces candidato a la
presidencia, Andrés Manuel López Obrador. Esta
decisión, no obstante, parece menor frente a otro tipo de señalamientos
relacionados con el gasto.
Algunas de las críticas se centran en
los enormes recursos públicos destinados para cubrir eventos deportivos en
diferentes ciudades del mundo, particularmente muy onerosos para un medio
público, y a muchos de los cuales asistía la misma directora, así como en la
coproducción de series que podrían realizarse a costos mucho menores o bien con
productoras libres de cualquier conflicto de interés. Basta asomarse al portal
de transparencia del canal para conocer los montos de los contratos y hacernos
preguntas al respecto.
También hay
contratos “curiosos”, por calificarlos de alguna manera. Por ejemplo, la compra de un vehículo tipo sedan con un costo cercano
al millón 300 mil pesos, los pagos a un funcionario por “asistir a reuniones de
trabajo convocadas por la coordinación de comunicación social de las
dependencias y entidades de la Administración Pública Federal, para obtener
información de la agenda gubernamental, entre otras actividades” o la erogación
por un monto superior a los 7 millones de pesos sólo por colocar un par de
anuncios de la serie Listos a jugar en una publicación de distribución
gratuita. Años atrás, en marzo de 2012, durante la gestión de Enriqueta Cabrera, se pagó un vuelo Los
Ángeles-Ciudad de México, ida y vuelta, al director de fotografía, Alberto Lee
Sánchez, que costó más de 3 millones 300 mil pesos a los contribuyentes.
En el Canal 11 hay muchas voces de
descontento sobre cómo se ha dirigido el canal en este sexenio. Censura,
autocensura, vetos a personajes para no ser entrevistados, han sido algunas de
las prácticas frecuentes en varios de sus programas. Este factor ha sido una de
las razones de la enorme rotación personal y, al mismo tiempo, fuente probable
de una de las diferencias entre quienes encabezan la televisora y la periodista
que esta semana se despedirá de sus audiencias. De ahí la relevancia de su
testimonio.
Canal 11 es
uno de los medios públicos de mayor prestigio en México y América Latina. Su
fortaleza está en la calidad de sus producciones, su credibilidad y su independencia
editorial. Desafortunadamente, la
intromisión constante del Gobierno de Peña Nieto dañó varios de sus principios
y por eso es urgente hacer un replanteamiento de sus objetivos y fortalecerlo a
la luz del cambio democrático que tuvimos en las elecciones de julio.
En una
entrevista que concedió el pasado domingo al programa Media 20.1 de TV UNAM, Jesús Ramírez Cuevas, próximo coordinador
de Comunicación Social de la Presidencia, dijo que se fortalecerán los medios
públicos, que dejarán de ser medios del Gobierno y se convertirán en medios de
la ciudadanía. Anticipó que serán medios que operarán con pluralidad y
diversidad, en los que la voz del Gobierno será una más de las voces, sin que
ello implique una intervención directa en los contenidos. Esperamos que así
sea.
UNA
COMISIONADA MUJER.
Crecen las voces para impulsar una
mayor participación de las mujeres en el proceso de selección como comisionado
del Instituto Federal de Telecomunicaciones (IFT). Después de la salida de
Adriana Labardini, el pleno del órgano regulador quedó integrado por seis
hombres y una mujer.
La única mujer que ostenta ese cargo,
la economista Elena Estavillo, termina su periodo el último día de febrero de
2019. Hace algunos se lanzó la convocatoria para elegir a la persona que la
sustituirá. La ley no establece paridad de género, pero lo deseable es que haya
mayores equilibrios en el pleno del órgano regulador.
Labardini fue una comisionada
virtuosa y honesta. Lo mismo ha demostrado Estavillo. Ambas funcionarias
defendieron con aplomo la autonomía y facultades del órgano regulador cuando se
aprobó la ley secundaria en materia de telecomunicaciones y la contrarreforma
en los derechos de las audiencias, a diferencia de los demás comisionados.
También su voto se ha distinguido, por ejemplo, por una mayor competencia en el
mercado de la televisión de paga o en mayores exigencias para que los titulares
de concesiones de uso público cumplan a cabalidad las obligaciones de la ley en
cuanto a la participación ciudadana y los mecanismos para garantizar su
independencia editorial.
Es obvio que estos atributos no son
exclusivos de las mujeres, pero hasta ahora las mujeres que han integrado el
pleno del IFT han sido ejemplares.
Habrá que impulsar una política
pública para una mayor equidad de género en el sector de las telecomunicaciones
y en el órgano regulador. De acuerdo con Conectadas MX, en el sector hay apenas
un 23 por ciento de participación de las mujeres. El próximo Gobierno de Andrés
Manuel López Obrador podría hacer un gran aporte para equilibrar la balanza.
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