Dolia Estévez.
De acuerdo con datos
proporcionados por la Embajada de México en Washington, la primera solicitud de
extradición contra el fugitivo ex gobernador de Chihuahua Cesar Duarte Jáquez,
fue entregada al Departamento de Estado el 31 de enero pasado. La última
petición, recibida por la Embajada el 21 de septiembre, se presentó al
Departamento de Estado el 4 de octubre. Entre enero y octubre de este año, se
han hecho 12 solicitudes sucesivas contra Duarte, según la Embajada de México.
No sólo eso. El 29 de
mayo de 2018, el Embajador Gerónimo Gutiérrez envió nota diplomática
preguntando por el estatus de la gestión de extradición de Duarte, a quien el
gobierno de Chihuahua acusa de haber drenado los cofres estatales. El área
jurídica del Departamento de Estado se tardó más de dos meses en responder. El
7 de agosto finalmente informó que seguían analizando el asunto.
Los departamentos de
Justicia y Estado declinaron pronunciarse. El primero me dijo que la política
de la dependencia es no comentar sobre peticiones de extradición, ni siquiera
decir si existen. Mientras que una vocera de la subsecretaría para Asuntos del hemisferio
de la Cancillería estadounidense, señaló que la dependencia no confirma o
desmiente peticiones de extradición.
Tras reunirse con el gobernador de Chihuahua esta semana,
Andrés Manuel López Obrador se comprometió a “pedir” la extradición de Duarte,
quien presuntamente vive en la clandestinidad en Texas y/o Nuevo México. AMLO
dijo que la extradición está en manos de la SRE e informó que tan pronto asuma
el poder pedirá a Estados Unidos lo devuelva (Sin Embargo 20/10/2018).
López Obrador parece no
estar bien informado. El futuro de Duarte está en la cancha de Estados Unidos.
No en Plaza Juárez 20. Corral me dijo en septiembre que hasta ese mes eran 11
las solicitudes de extradición contra Duarte, correspondientes a 10 órdenes de
aprehensión estatales y una federal. El Secretario de Gobierno de Chihuahua
tiene copias de todas.
Tras la conversación, metí
dos solicitudes de información al INAI. Luego de cinco semanas de espera, la
SRE me negó los textos de todas las solicitudes de extradición o solicitudes de
orden de aprehensión provisional con fines de extradición presentadas ante el
Departamento de Estado contra Cesar Duarte Jáquez. Igualmente me negó las
pruebas de los delitos que se le imputan.
La Unidad de
Transparencia de la dependencia a cargo de Luis Videgaray clasificó la
información solicitada de “RESERVADA” y “CONFIDENCIAL” por un período de 5
años. Se excusó argumentando que su divulgación pondría en sobre avisa al
inculpado, y en riesgo la investigación y la integridad física de los testigos
que declararon contra Duarte. Además, sostuvo, la documentación requerida
contiene información de datos personales. La negativa se basa en el alegato de
la Dirección General de Asuntos Jurídicos de la Cancillería que alude a la
“prueba de daño”.
Pese a la opacidad de
la SRE, la respuesta no deja lugar a dudas de que las peticiones de extradición
contra Duarte existen. De lo contrario, se hubiera declarado inexistente la
información solicitada.
Hay seis posibles
explicaciones de por qué parece estar atorada: 1-los trámites de extradición
toman tiempo; 2-Duarte pudo haberse vuelto soplón ya estando en Estados Unidos;
3-está protegido; 4-las solicitudes están entre papeladas en el cenagal
burocrático; 5-las solicitudes son daño colateral del disfuncional sistema de
toma de decisiones del gobierno trumpista; 6-falta de solidez en las pruebas en
el expediente mexicano.
Vale recordar otra
petición de extradición que tampoco prosperó.
En 1995, Mario Ruiz Massieu, quien fue acusado de proteger al asesino de
su propio hermano y de recibir sobornos millonarios del narco, huyó a Estados
Unidos. En los últimos años de su vida (se suicidó en 1999) logró evadir cuatro
solicitudes sucesivas de extradición debido a la incompetencia de la evidencia
presentada por la PGR.
Tampoco se puede
descartar que Duarte tenga padrinos en este lado de la frontera. Como
gobernador, no tenía mala cartelera en Washington. En junio de 2014, pronunció
las palabras de apertura en una conferencia de gran calado sobre cómo construir
una frontera competitiva, copatrocinada por el Instituto México del Centro
Woodrow Wilson. El evento de un día reunió a congresistas, banqueros, altos
funcionarios, embajadores y empresarios. El discurso central lo pronunció Gil
Kerlikowske, entonces Comisionado de Aduanas y Protección Fronteriza. Las
medidas que Duarte tomó para reducir la delincuencia y mejorar las relaciones
del gobierno con la sociedad civil fueron bien vistas. Algunos le dieron
crédito por la caída de la tasa de homicidios en Ciudad Juárez.
La extradición de
Duarte marcaría un hito. Sería atípica. No encontré casos de prominentes
políticos y ex funcionarios mexicanos que Estados Unidos haya extraditado a
México en el pasado reciente. No será fácil. López Obrador tendrá que invertir
capital político. Abordar el asunto directamente con Trump, quien seguramente
no está enterado de nada. A su vez, Marcelo Ebrard tendrá que tratarlo con
Jared Kushner, con quien me dicen ya entabló relación. Habrá que dejar en claro
que es prioridad para el nuevo gobierno. Trump no da paso in huarache. Quid pro
quo. Ignoro el precio que López Obrador estará dispuesto a pagar por Duarte.
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