Dolia
Estévez.
Los explosivos alegatos del abogado
de Joaquín El Chapo Guzmán de que Enrique Peña Nieto y Felipe Calderón
recibieron millonarios sobornos de una facción del Cartel de Sinaloa, avivaron
la sed de justicia contra los autores de la estrategia fallida que sigue
acumulando muertos y víctimas. Nunca antes se les había señalado ante una corte
de Estados Unidos. Con todo, es poco probable que Peña Nieto y Calderón, quienes
niegan las imputaciones, sean citados a testificar en el juicio contra El Chapo
que abrió esta semana. Y aún menos probable que el litigio resulte en
acusaciones penales en su contra. No obstante, sus presuntos vínculos con el
narcotráfico han quedado registrados en los anales del juicio y en los motores
de búsqueda del mundo entero.
No es la
primera vez que Jeff Lichtman, el astuto defensor de Guzmán usa como estrategia
cuestionar la premisa de la parte acusadora. En 2005, logró la absolución de John
Gotti Jr., argumentando que el hijo de un conocido gánster neoyorquino, había
pertenecido a la Mafia pero ya no. Hoy, alega que Guzmán es un “chivo
expiatorio”, víctima de una mega conspiración transfronteriza que, según dice,
le atribuye poderes criminales que nunca tuvo.
El espectáculo mediático que toma
lugar en un tribunal de Brooklyn y que puede durar meses es una hipocresía. Un
reflejo de la clásica visión maniquea de buenos contra malos. La aseada
justicia estadounidense contra los “bad hombres” de México.
El show tiene poco que ver con el
mundo real donde la violencia que convirtió a México en el país de las 2,000
fosas sigue escalando sin prospecto de bajar. Y tiene poco que ver con el
tráfico de armas, la compulsiva adicción y la complicidad de los poderosos
bancos sin los cuales los carteles dejarían de existir.
Para Estados
Unidos, el juicio del capo que la DEA catalogó como el más peligroso del mundo
representa el éxito de la estrategia de “decapitar carteles” inspirada en el
Plan Colombia. “Es el juicio más importante de un capo en Estados Unidos”, me
dijo Dave Gaddis, ex director de operaciones internacionales de la DEA. “Desafortunadamente, condenarlo no va a
frenar el suministro de drogas ni tampoco fortalecerá la ‘guerra’ al narcotráfico”,
lamentó Gaddis, quien también fue director de la DEA en México. Una de las
“debilidades” de la política internacional antinarcóticos, señaló, “es poner a
estos imbéciles en el pedestal y aparentar que son más importantes de lo que en
realidad son. Cien piltrafas más surgirán para ocupar su lugar”.
Phillip
Jordan, ex director del Centro de Inteligencia de la DEA en El Paso, coincide. “El juicio no tiene ningún impacto en la
guerra a las drogas… Nunca ha habido guerra. Hay que entender que uno de los proveedores
de drogas más grande en los ochenta fue la agencia del gobierno de las tres
iniciales”, dijo en aparente referencia a la CIA. Jordan espera que en el
juicio salga a relucir la presunta implicación de El Chapo en el asesinato de
Enrique Kiki Camarena en el que, según ex agentes de la DEA, estuvo implicada
la CIA.
Jordan me dijo que si los testigos de la DEA no
tienen bien alineados sus blancos, bajo el sistema judicial estadounidense y
con todo el dinero del mundo para comprar abogados, El Chapo puede probar ser
más listo que sus verdugos. Gaddis anticipa que Guzmán perderá, lo que no exime
a sus abogados explotar todo tipo de trucos para convencer al jurado y acaparar
reflectores. Gaddis descarta un acuerdo con la parte acusadora a cambio de concesiones,
socorrido recurso de la justicia penal. “No es el estilo de Joaquincito. Pactar
con la Fiscalía no quedaría bien en las estrofas de sus corridos”.
El encarcelamiento de El Chapo no
debilitó el negocio. El Mayo Zambada, su sucesor, tiene una fortuna de 3 mil
millones de dólares (Bloomberg 05/11/2018). Antes de su rompimiento, El Chapo y
El Mayo construyeron un emporio criminal que toca cinco continentes.
Blanquearon dinero a su antojo en los bancos más grandes del mundo. Invirtieron
ganancias millonarias en empresas fantasmas y cuentas bancarias en paraísos
fiscales.
Guzmán se declaró no culpable. Su
abogado lo llamó “criatura mítica”. Pero El Chapo no es un mito. Es un
delincuente mayor que cometió delitos horribles, desde tráfico de drogas hasta homicidios.
Es acusado de sobornar presidentes, gobernadores, procuradores, militares y
policías. Merece todo el peso de la ley. Le correspondía a México enjuiciarlo.
Sin embargo, el corrupto y disfuncional sistema judicial mexicano tiene precio.
¿Qué podemos
esperar? Aunque no se puede descartar
una sorpresiva y sorprendente absolución, lo más probable es que Guzmán sea
condenado. En la eventualidad de que el jurado lo declarara no culpable o el
caso fuera desechado por falta de consenso, no quedaría libre. Cuando menos
diez acusaciones más penden en su contra en otros estados de Estados Unidos. El
Chapo no tiene escapatoria jurídica.
La leyenda del campesino de
Badiraguato que creo un imperio de corrupción y delito sin paralelo perdurará
en el soniquete de los narcocorridos de su tierra que resuman en tres minutos,
un largo sainete que comenzó con la negativa de un juez para que El Chapo
abrazara a Ema Coronel y que seguramente concluirá con la clase política
mexicana embarrada pero incólume.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Gracias por tu comentario.