Grupo Carso, propiedad del magnate
mexicano Carlos Slim Helú, sufrió un revés en la construcción del gasoducto
Samalayuca-El Sásabe, luego de que la juez federal María Guadalupe Contreras
Jurado concedió un amparo a los residentes del ejido Agua Prieta, quienes se
inconformaron contra el mega-proyecto porque carece de licencias de uso suelo y
permisos para su edificación.
La suspensión definitiva del proyecto
quedó asentada en el juicio de amparo 221/2017, concedido en el Tribunal Noveno
de Distrito del Quinto Circuito con sede en esta población, localizada a 379
kilómetros al noreste de la capital sonorense.
En ese
juicio de garantías otorgado a los ejidatarios se establece que Carso Gasoducto
Norte SA de CV, filial del Grupo Carso –que cotiza en la bolsa de valores de
Nueva York con las siglas GPOVF, y en México con la nomenclatura GCARSO-A1–, edificó la estructura metálica sobre una
superficie lineal de 2.4 kilómetros, de manera ilegal y sin la autorización de
los quejosos.
Los denunciantes recibieron el cobijo
federal con base en los artículos 14, 16 y 27 consagrados en la Carta Magna
mexicana.
“Nadie podrá ser privado de la
libertad o de sus propiedades, posesiones o derechos, sino mediante juicio
seguido ante los tribunales previamente establecidos, en el que se cumplan las
formalidades esenciales del procedimiento y conforme a las leyes expedidas con
anterioridad al hecho”, destaca el primero de los artículos citados.
Una garantía
similar estipula el décimo sexto precepto constitucional: “Nadie puede ser molestado en su persona, familia, domicilio, papeles o
posesiones, sino en virtud de mandamiento escrito de la autoridad competente,
que funde y motive la causa legal del procedimiento”.
Y el
vigésimo séptimo de los artículos mexicanos establece: “La propiedad de las tierras y aguas comprendidas dentro de los límites
del territorio nacional, corresponde originariamente a la Nación, la cual ha
tenido y tiene el derecho de transmitir el dominio de ellas a los particulares,
constituyendo la propiedad privada”.
En ese
sentido, la intromisión de Carso
Gasoducto Norte SA de CV en territorio ejidal constituye un despojo a los
titulares de la propiedad, quienes acusaron que nunca recibieron una
indemnización por el uso de sus tierras, además de que la infraestructura para
el traslado de hidrocarburos de Chihuahua a Sonora impacta negativamente sus
cultivos de nogal.
El 11 de
septiembre de 2015, el Grupo Carso, a través de su filial Carso Electric SA de
CV, ganó la licitación emitida por la Comisión Federal de Electricidad (CFE)
para la prestación de servicios de transporte de gas mediante el gasoducto
Samalayuca-El Sásabe, entre los estados de Chihuahua y Sonora, con una longitud
de 624 kilómetros y un diámetro de 36 pulgadas, con una inversión inicial de
523 millones de dólares (alrededor de 10 mil 789 millones de pesos al tipo de
cambio actual).
De acuerdo con las declaraciones del
secretario de Economía, Jorge Vidal Ahumada, a Brisa Retano, corresponsal
sonorense de El Financiero, desde antes del 7 de junio de 2016 “se trabajaba en
los acuerdos con los municipios para proteger el derecho de vía (sic) y ya
existen acuerdos con los municipios para proteger la parte relacionada con uso
de suelo y otros esquemas que traerán ingresos y beneficios para alrededor de
10 municipios por los que pasará esa obra de infraestructura”.
Sin embargo,
la realidad echó por la borda las
palabras del secretario Ahumada, La obra internacional que nace en Waha, Texas,
Estados Unidos, cruzará hasta Samalayuca, Chihuahua, y de allí partirá hasta El
Sásabe, donde se conectará con el Gasoducto Sonora que va desde El Sásabe,
Sonora, a El Oro, Sinaloa, pero la obra está detenida porque se introdujo la
tubería de manera ilegal en territorio sagrado, sin consultar a la etnia Yaqui.
Además, Carso Gasoducto Norte SA de CV enfrenta
otras dos denuncias penales ante la Fiscalía General de Justicia y la Fiscalía
Anticorrupción de Sonora, con folio SON/HR/PGJ/2018/503/0087, interpuestas por
la exsíndica de Agua Prieta Karmina Nemer Navarro y los regidores Ángel
Caballero Camou y Jorge Nomelí Pérez.
En su
calidad de representantes populares,
argumentaron que los permisos de construcción, derechos de vía y cambio de usos
de suelo no fueron avalados por los regidores del municipio, sino que se trató
de un acuerdo privado entre el exalcalde panista Héctor Ruvalcaba y el
exdirector de Obras Públicas Arlo Alejando Torres Rascón.
En sus
denuncias detallaron que el expresidente
Ruvalcaba y su subordinado se tomaron atribuciones que no les correspondían,
además que un pago de 7.4 millones de pesos realizado por la empresa al
ayuntamiento no corresponde al riesgo de atravesar la ciudad de extremo a
extremo con un gasoducto.
Asimismo, solicitaron a las autoridades
investigadoras que analicen las prácticas de Carso Gasoducto Norte SA de CV
para hacerse de documentos ficticios que supuestamente le otorgan el derecho de
construir el gasoducto.
Según se
establece en la denuncia penal, la
presidencia de Ruvalcaba, sin el aval del cabildo, exigió una paga de 8
millones por esos permisos de “facto”, pero Carso sólo liquidó 7.4 millones de
pesos, porque de manera alevosa prestó al ayuntamiento camiones recolectores de
basura, supuestamente en garantía de pago, que al término del trienio 2015-2018
recuperó por la fuerza y volvieron a manos de la empresa.
La abogada
Liliana Bernal Zamora, de la firma Regino Abogados, que representa a los
exfuncionarios de Agua Prieta, estima
que la suspensión del gasoducto internacional puede retrasarse un año, lo que
se suma al inconveniente de que la obra debió entrar en operación comercial
desde noviembre 2017.
“La fiscalía anticorrupción, y en su
debido momento un juez de Control, deberán determinar la responsabilidad penal
de la empresa y de los exfuncionarios públicos denunciados por la presunta
comisión de actos como cohecho, peculado, uso indebido de atribuciones y daño
patrimonial”,
concluyó la litigante.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Gracias por tu comentario.