Gabriel Sosa
Plata.
El país
despertará con Andrés Manuel López Obrador. Literal. Desde las siete de la
mañana con las conferencias a medios, que ofrecerá diariamente durante su
Gobierno. Los temas de la agenda nacional y los ejes del debate serán colocados
así en los noticiarios de radio y televisión, los medios digitales, las
transmisiones en tiempo real en redes sociales y los medios impresos. Es una
expresión de los cambios estructurales que traerá el nuevo Gobierno, en este
caso en la comunicación política.
“¿Qué no es un cambio el que yo estoy
aquí informándoles?”, preguntó López Obrador a los periodistas que asistieron a
su primera conferencia de medios como Presidente. Y tiene razón. Como lo destacó la agencia AP, en el
pasado, los presidentes mexicanos pocas
veces hicieron algo similar porque, a pesar de que contaban con el apoyo de
muchos medios, podrían ser vulnerables ante una pregunta incómoda o una mala
respuesta.
Es evidente que López Obrador no teme
a los medios. A él pueden preguntarle lo que quieran, con total libertad, lo
reiteró ayer el Presidente. Y así lo hicieron los periodistas que tomaron la
palabra. Si
consideramos los días laborales a lo largo del sexenio, quienes integran la
“fuente presidencial” podrán reunirse con él unas mil 500 veces. Y de ahí
podrán generarse al menos unas 7 mil 500 preguntas (con un mínimo de cinco
preguntas por día).
¿Qué otro Presidente, no sólo
mexicano sino de otro país ha tenido este contacto tan directo con los medios?
Uno de los
aspectos positivos de esta práctica es que se fortalece la transparencia, la
rendición de cuentas y el derecho a la información de la sociedad. Para ello, las periodistas y los
periodistas que madrugarán, como el Presidente, tendrán un papel protagónico.
De sus preguntas, de su trabajo previo, de su preparación, dependerá mucho la
utilidad de estas conferencias de medios. Si no hay línea ni preguntas vetadas
ni acuerdos previos, tendrán la oportunidad de oro para abordar los temas que
interesan a sus audiencias o a sus lectores y no sólo al Gobierno en turno.
En
contraparte, si se sigue el guion del
Presidente, los medios serán instrumentos y no actores fundamentales de la
cuarta transformación. Marcar distancia entre ambos actores es obligado ante
las nuevas circunstancias políticas. Los periodistas no deben ser amigos ni
socios de los políticos. Es un principio ético que desde siempre se ha
inculcado en el ámbito periodístico y por más buena onda que sea el Presidente
aplicaría la misma consigna. Hacer periodismo en tiempos de una hegemonía
política será un reto constante en los meses venideros.
Paralelamente se corre el riesgo de
la saturación. Marcar la agenda nacional, todos los días, también implica
riesgos en el derecho a la información de la sociedad y la libertad de
expresión de otros actores de la vida nacional. En un país donde el
presidencialismo pesa tanto, muy pocas voces -salvo las que pagan por ello, lo
que también es contrario a la ética, así como a la legalidad- tendrán el eco
que alcanzará López Obrador. Los medios afrontarán otro desafío: equilibrar la
balanza. No todo lo que diga el Presidente será “nota” y no todo lo que diga
deberá pasar sin el matiz del contraste, del “dato duro” y las opiniones de
otros líderes sociales, académicos o políticos.
El
Presidente, además, corre el riesgo de
desgastarse mediáticamente. Despertar con López Obrador, verlo en la sopa, en
la cena y hasta dormir con el susurro de su discurso durante las noches puede
ser motivo de regocijo para su equipo de comunicación, pero no para toda la
ciudadanía. Si no hay una razón de peso que justifique su presencia en los
medios, podría ocurrir el mismo fenómeno que hemos visto con los spots de los
candidatos durante las campañas políticas o las canciones que nos repite y otra
vez Alfa 91.3. ¿Cómo mantener el prudente equilibrio? ¿Cómo generar expectativa
sin saturar? Ya se verá cómo lo resuelve Jesús Ramírez Cuevas, coordinador de
Comunicación Social de Presidencia, y los mismos responsables editoriales de
los medios.
Las conferencias matutinas no son
sólo mecanismos de rendición de cuentas, sino también actos políticos. No lo olvidemos. En la llamada cuarta transformación los
medios no deben ser comparsas ni aliados acríticos o funcionales del Gobierno o
del Presidente en turno, como lo fueron muchos de ellos durante décadas. Lo que
se espera es que hagan periodismo, buen periodismo. Ni más ni menos. López
Obrador ha reiterado el compromiso de respetar el derecho a disentir y que no
habrá ningún tipo de censura. Lo volvió a decir en sus discursos del primero de
diciembre. El marco es propicio para la función de los medios y los periodistas
en un Estado democrático.
EXIGENCIA
POR LOS DERECHOS DE LAS AUDIENCIAS.
Y ya que nos
referimos a la nueva comunicación política y la necesidad de fortalecer la
ética de los medios y los derechos de expresión e información, aquí otro asunto que debe ser atendido por
el Gobierno de López Obrador y el renovado Congreso: en Guadalajara, defensoras
y defensores de las audiencias de América Latina y México reiteraron su
exigencia de dar marcha atrás a la reforma a la Ley Federal de
Telecomunicaciones y Radiodifusión del 31 de octubre de 2017, que dejó en la
indefensión a las audiencias al debilitar la protección y garantía
correspondientes a sus derechos y al trabajo autónomo e independiente de las y
los titulares de las defensorías de las audiencias.
En la
declaratoria final de su quinto Congreso, la Organización Interamericana de
Defensoras y Defensores de las Audiencias (OID) también manifestó se pronunció
sobre los retrocesos que se han presentado en materia de derechos de las
audiencias en Argentina y Brasil, al igual que en proyectos de reformas a la
legislación, como el que se promueve en Colombia, donde la figura de la
Defensoría del Televidente está en riesgo de desaparecer.
“Los
retrocesos en la regulación bajo el pretexto de una legislación actual y
convergente ponen en riesgo los derechos de las audiencias, conquistados en el siglo
XXI”, advierte la OID en su comunicado, distribuido el jueves pasado. Sin embargo, “las defensorías de las
audiencias se convierten en una herramienta clave en este mundo analógico que
convive, interactúa y confluye con la era digital” y “frente a fenómenos como
las falsas noticias o fake news, el control algorítmico de acceso y
distribución de la comunicación”.
El quinto
Congreso de la OID se llevó a cabo en el marco de los programas de TVMorfosis,
que produce Canal 44 de la Universidad de Guadalajara, y la Feria Internacional
del Libro (FIL). La declaratoria final fue publicada en Sin Embargo y se
encuentra en este enlace: https://www.sinembargo.mx/29-11-2018/3504480.
LORET DE
MOLA.
Carlos Loret de Mola dejará esta
semana su espacio “Sin anestesia” en Grupo Radio Centro (GRC), pero las
especulaciones no se hicieron esperar.
Otra vez se
le achacó en redes sociales a López Obrador y a su equipo esta salida, sobre
todo por el diferendo que se presentó entre el periodista y el entonces
Presidente electo en torno de la construcción del aeropuerto de la Ciudad de
México.
Por supuesto que el tufo de “censura”
fue alentado por los opositores o adversarios del Presidente y su grupo
político. Sin embargo, seguimos sin un dato duro que lo demuestre.
López Obrador no es Peña Nieto, ni
Calderón ni Fox, quienes sí actuaron para despedir a periodistas incómodos. Además ¿no sería ilógico, contraproducente, irracional, promover la salida de
un periodista al inicio del Gobierno y justo cuando en el discurso se reitera
el respeto a la libertad de expresión?
Muy frecuentemente hay cambios o
salidas de periodistas en los medios, pero no todos los casos son por censura
gubernamental o autocensura de los empresarios mediáticos.
GRC informó a través de un comunicado que el 14
de enero de 2019 la estación 97.7 se convertirá en una estación hablada y que
este cambio implicará una reubicación de sus noticiarios. La propuesta no la
aceptó Loret de Mola y por eso terminó el acuerdo con el grupo radiofónico. En
aras de la ética y la honestidad, corresponde ahora a Loret de Mola aclarar por
qué saldrá del aire su programa.
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