Salvador
Camarena.
Andrés
Manuel López Obrador es presidente y millones y millones se sienten no sólo
reivindicados sino esperanzados con este hecho.
Véanse, por
ejemplo, los números de ayer de la encuesta en El Financiero. El 81 por ciento
de los encuestados tiene una buena o muy buena opinión “acerca de la forma como
se llevó a cabo la toma de posesión” de AMLO. Y después de la misma, 83 por
ciento se siente optimista, según la misma fuente, con respecto al futuro del
país.
En
contraste, sólo a 11 por ciento de los encuestados por Alejandro Moreno le
pareció mala o muy mala la forma de tomar posesión del tabasqueño, y tras ese
evento y de cara al futuro, sólo el 15% se siente pesimista.
Son números
contundentes respecto a la fuerza con la que asume la presidencia López
Obrador, que en los ritos del sábado tuvo otros momentos de confirmación de ese
liderazgo que no dejó de ejercitar durante los cinco largos meses de una
transición que tuvo sólo un actor, pues el exmandatario en funciones (Pérez Gay
dixit) se desvaneció pocas horas después del 1 de julio, mientras que los
partidos de oposición entraron en la irrelevancia, no sólo por la contracción
de sus bancadas en el Congreso de la Unión, sino por las pugnas intestinas en
las que han desperdiciado su energía durante todo este tiempo.
López
Obrador, por tanto, avanza cada semana desde hace medio año sin que nadie
articule una alternativa al discurso de nostalgia por ese México de los años
cincuenta, que fue al mismo tiempo gobernado por la regla autoritaria y por una
ilusión de un progreso que nunca ha terminado de materializarse, ni de lejos.
Y frente a
ello, lo que tenemos es nada esperanzador. Horas
después de la toma de posesión, el Partido Acción Nacional ha intentado
reaccionar a lo visto el sábado con una estrategia del miedo, esa que no dio
resultados durante la campaña, esa que si somos honestos tampoco dio resultado
en la transición, pues a pesar de la caída en la bolsa o la subida del dólar
López Obrador llegó a su toma de posesión dueño de un porcentaje de aprobación
en las encuestas mayor aun al porcentaje de votos que obtuvo en la elección.
Pero esa
evidencia del resistente teflón, actual si se quiere pero teflón al fin, de AMLO no le ha importado al PAN de
nuestros días, que ha echado mano de ese recurso del miedo al comparar en spots
a AMLO con Maduro, e incluso con Hitler.
Si Acción
Nacional de verdad cree que López Obrador llevará a México por la senda en que
ha sumido Maduro a su país, entonces su responsabilidad de encontrar pronto un
discurso efectivo para ese fin resulta crucial.
Pero un spot más, que sólo revive la
lógica que dio resultado en 2006, esa que ya luego se desdibujó en la
corrupción e ineficacia panista y priista, un spot más en esa narrativa prueba
que el PAN de Marko Cortés es uno dado a un facilismo que denota, por lo menos,
pereza mental.
El momento
de México demanda de todos inteligencia, templanza, creatividad, realismo y
arrojo, fórmula a la que se podrían agregar otros elementos como patriotismo e
incluso generosidad.
Si el PAN no construye un espacio
alternativo al lopezobradorista, uno donde se debatan propuestas que vayan más
allá de ese revanchismo adolescente de “baja las gasolinas ya” (el PAN pidiendo
irresponsabilidad presupuestaria, vaya cosas que se ven hoy), uno donde al innovar la narrativa
no sólo se entusiasme a los que rechazan a AMLO, sino que poco a poco capture
la atención de aquellos que eventualmente dudarán o se desencantarán, si los
panistas no inventan un nuevo discurso a la altura de este reto, entonces ya
sabemos el resultado: Acción Nacional
será irrelevante, con una falsa autoridad moral que es derrotada porque más de
uno de los que llaman a regresar al modelo que se está abandonando son
personajes denunciados por beneficiarse (y mucho) del mismo.
O quizá sea que todo lo que los
actuales líderes panistas quieren es ser como el otrora PPS: vivir por años
como una parte del sistema, actores que disfrutan prerrogativas, pero no cargan
mayor responsabilidad.
El PAN solía
ser otra cosa, pero en una de esas con sus trillados spots sobre Maduro lo
único que buscan es producir ese ruido estéril que les hará muy funcionales a
López Obrador. Nada de oposición.
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