Por Sanjuana
Martínez.
Vivimos
momentos de transformación. En tan sólo unas semanas, el Presidente Andrés Manuel
López Obrador le ha dado la vuelta a varias secretarías y ha tomado el toro por
los cuernos para intentar resolver algunos de los grandes problemas nacionales.
Este cambio de rumbo, este cambio de
régimen ha provocado auténticos movimientos telúricos que le mueven el piso a
quienes han vivido del presupuesto y afecta a los llamados “becarios” que
durante décadas se han servido con cuchara grande las bondades del erario, o a
los que, estaban acostumbrados a recibir las prebendas y la abundancia
financiera de las instituciones.
Obvio. La reacción de los saldos del régimen
corrupto que terminó es virulenta, desproporcionada. Son animales políticos
rabiosos. Su ira no tiene límites, ni su cólera fin. Sienten una inquina hacia
el cambio, un cambio que obviamente les perjudica, les afecta su cuenta
bancaria.
Los perdedores de las elecciones
están furiosos, impacientes por demostrar que ellos eran la mejor opción, que
los 30 millones que votaron por AMLO se equivocaron y que ahora se arrepienten.
Aborrecen la democracia. Su concepto del sistema democrático es ellos, primero
ellos, después ellos y siempre ellos.
El encono de los vencidos en las
urnas, de los derrotados en la calle, no se detendrá. Vale más que lo tengamos
claro. Esto acaba de empezar. Su misión ahora es desear que le vaya mal a
México. Prefieren la debacle, la crisis, la desgracia de los mexicanos para
poder decir “se los dije”.
Su odio acérrimo contra AMLO no es
nuevo. Llevan décadas incubando la bestia negra del rencor. Algunos, tienen el
alma podrida. Su fobia ha colmado su espíritu, ha enfermado su esencia. En esas
condiciones la psique de cualquiera queda dañada.
Es tiempo de canallas, de gente sin
conciencia, sin compromiso social, sin decencia. Aquí no importa la grandeza,
ni la honradez; para algunos de estos canallas, lo importante es vomitar su
odio, aunque tengan que mentir, simular, difamar.
Y prefiero
escribir Tiempo de canallas para hacer referencia del libro con ese nombre, de
la gran escritora Lillian Hellman, perseguida por el fascismo norteamericano,
víctima de la cacería de brujas del Senador republicano Joseph McCarthy,
acusada de comunista.
Y así, al más puro estilo del macartísmo, del
fascismo puro y duro, los perdedores, los derrotados en las elecciones, ahora
intentan hacer su propia cacería de brujas lanzando dardos envenenados, creando
estúpidas teorías de la conspiración, sobre el accidente del helicóptero que
acabó con la vida del ex Gobernador y Senador panista Rafael Moreno Valle y su
señora esposa, la Gobernadora Constitucional Martha Érika Alonso.
Conspirar es parte de su veneno, pero
acusar es francamente mezquino y acusar sin pruebas es inaceptable en una
democracia. ¿Dónde están las evidencias que sustentan la acusación contra López
Obrador? No existen. Sólo en sus mentes retorcidas puede justificarse semejante
despropósito de acusación. Lo que sí demuestran con este ataque sin sentido, es
que son como McCarthy, fascistas o mejor dicho neofascistas.
Las campañas de odio contra AMLO en
las redes sociales, la manipulación de la información a través de los ejércitos
de bots y por supuesto las absurdas conjeturas oportunistas, el uso de la tragedia,
del dolor, para llevar agua a su molino, han sido realmente deleznables.
La caída del helicóptero también ha
arrastrado al Partido Acción Nacional (PAN), un partido que vive en sus
estertores, que se regodea en su crisis interna e institucional, en su propio
abismo de falta de credibilidad.
Y lo demuestra a encuesta telefónica que
organizaron con llamadas para preguntar a la gente si consideraba que Moreno
Valle y su esposa, fallecieron en un “atentado”, teoría de la conspiración
chafa. La pregunta era directa: ¿Cuál considera que fue la causa de la caída
del helicóptero en que falleció la Gobernadora y su esposo? Las opciones de
respuesta eran: falla mecánica o atentado.
Pero lo verdaderamente desproporcionado, fue
descubrir que estos canallas, neofascistas, son en realidad auténticos
depredadores crear el hashtag #AMLOAsesino. ¿Neta? ¿En verdad, esto les parece
a los panistas y sus aliados, hacer una política de altura? ¿Dónde quedó la
responsabilidad, la seriedad de los políticos?
Algunos de estos políticos que pueden
ser perfectamente identificados con nombres y apellidos, mientras otros operan
en la sombra, agazapados como verdaderos carroñeros, son en realidad políticos,
periodistas o “intelectuales” depredadores, sanguijuelas, acostumbrados a
devastar todo lo que tocan y a consumir los despojos del sistema.
López
Obrador no ha cumplido ni un mes como
Presidente y los ataques que ha recibido parecen ya los de un sexenio. Vale más
que asumamos con paciencia los embates, las infamias de los ardidos derrotados.
Vale más que reconozcamos que no van a parar, que esto sólo acaba de empezar.
Vale más que veamos en su miseria completa a estos depredadores porque van a
seguir buscando carroña, su alimento predilecto.
El podrido sistema político sigue
vivo, bastante activo después de 36 años y se niega a morir. Necesitamos
paciencia y buenos alimentos para soportar a estos buitres.
Recordemos: es tiempo de canallas, de granujas, de
bandidos que se niegan a perder sus privilegios. Recordemos e identifiquemos
plenamente a estos a rastreros. Y pongámosles un espejo para que les de asco su
nauseabundo proceder.
Sólo queda, recordar las luchas del 2018 para augurarnos un mejor 2019,
deseando que a todos nos vaya mejor, queriendo un México con menos desigualdad
y pobreza, más próspero, más sano.
¡Feliz Año Nuevo!
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