Javier Risco.
¿Qué gozan
de su trabajo? Sí, ya sé que es una pregunta peculiar para empezar una columna,
pero ahora comprenderán el cuestionamiento. No les pregunté ¿qué les gusta?, o
¿qué disfrutan? No, les pregunté ¿qué gozan? Subrayo esta palabra porque creo
que es un adjetivo muy particular; gozar es “sentir placer o alegría a causa de
algo”, según la definición más simple de la Real Academia Española. Así que el
gozo aborda lo placentero, tal vez es la palabra que más sutilmente roce la
sensación del placer sin llegar a ser tan explícito; sin embargo, en la escala
de la felicidad, el gozo debe estar en uno de los niveles más elevados. Cuando
lo juntamos con la palabra “trabajo” podría ser contradictorio, pero al menos
algo sabemos después de 42 días en el cargo: el presidente goza su chamba, de
eso nos enteramos la semana pasada en la entrevista que el Ejecutivo tuvo con
cuatro periodistas de esta casa editorial en el programa de televisión La Silla
Roja.
¿Cómo lo
sabemos? El periodista y director de El Financiero, Enrique Quintana, le hizo
una pregunta muy puntual al presidente: “Hay una percepción a propósito de que
a usted no le gustan las críticas, algunos lo consideran intolerante: ‘al
presidente López Obrador le molesta que haya críticas’, ¿qué responde a ello?”.
Su respuesta exhibe gran parte de su personalidad, pero también en qué nivel
pone a la prensa: “Yo soy demócrata, ofrezco disculpa por hablar de mí, pero no
soy autoritario, respeto el derecho a disentir, incluso me siento muy bien con
la polémica, lo que pasa es que no dejo pasar ciertas cosas, porque tampoco
puedo estar contestando todo, entonces me gusta responder y me genera un poco
de gozo decirle que mis adversarios son conservadores con apariencia de
liberales; es un gozo, porque cómo se presentan como liberales, como gente de
avanzada y no, son conservadores. ¿Por qué conservadores? Porque al final no
quieren que haya cambios”.
Aunque todos
sabíamos de su capacidad para comunicar, para acaparar la agenda nacional y
para hacer suyos todos los golpes hacia cualquier decisión de este gobierno, no
había dejado tan clara su afición a la “polémica”, lo bien que se siente cuando
dice algo que sabe que encenderá a algunos cuántos y motivará a otros. Es ahí
donde López Obrador encuentra su mejor estado, no en el consenso, no en la
armonía de una voz, sino en la polémica de las decisiones. Se levanta cada
mañana con el ansia de alguien que espera material para trabajar y sentirse
bien. Respecto a los calificativos a la prensa, también llama la atención el
“gozo” sobre la provocación: “Me gusta responder y me genera un poco de gozo
decirle que mis adversarios son conservadores con apariencia de liberales, es
un gozo”, lo repite un par de veces. Cuando la organización protectora de la
libertad de expresión, Artículo 19, publica una carta pidiéndole al Presidente
que evite los adjetivos, le está pidiendo que le quite lo placentero a su
trabajo. En el foro de La silla roja, lo dice sonriendo mientras María Scherer,
Leonardo Kourchenko, Antonio Navalón y Enrique Quintana dicen que “se le nota”
el placer de calificar a sus adversarios.
Podría
parecer un detalle menor en una semana de desabasto gasolinero, la aprobación
de la Guardia Nacional en la puerta y la decisión de un fiscal general en el
senado, pero vaya que este matiz nos ayuda a comprender declaraciones,
decisiones, actitudes del presidente que apenas comienza.
¿Cómo
comportarse como oposición ante un presidente que se siente cómodo en la
polémica y que goza calificar a los contrarios? Es una buena pregunta para
pensar en estrategias de comunicación futuras, y también para adoptar actitudes
como medios. ¿Vale la pena caer en el juego de la provocación? Ahí donde espera
estar los próximos seis años, habrá que elegir las batallas porque el Ejecutivo
irá a todas… y con una sonrisa en el rostro.
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