Javier Risco.
“¿Cuándo Andrés Manuel López Obrador ADJETIVA a la prensa qué
piensa Jesús Ramírez?”, el 1 de agosto pasado le hice esta pregunta al jefe de
comunicación social del que era el Presidente electo. Su respuesta devela
mucho: “A mí luego no me gustan los adjetivos o las frases hechas porque anulan
el argumento, entiendo por qué se señala, por qué se dice esta diferenciación,
lo que se está señalando es que existen intereses en la prensa o en los medios
y que se reflejan en su línea editorial, dicho de una manera elegante, que
representan a ciertos sectores, no a toda la población. Entonces creo que está
bien denotar y hacer ver al público qué hay detrás de la línea editorial de los
medios, creo que es muy sano para la democracia y respetar el ámbito de este
derecho. También creo que debemos construir un respeto mutuo entre políticos,
gobernantes y medios, los medios están para informar y criticar y los
gobernantes para dar la cara y dar explicaciones y creo que en eso se debe
basar la relación”.
Traigo esta respuesta a los primeros días de enero después de
la carta publicada este fin de semana por la organización defensora de la
libertad de expresión, Artículo 19. En ella, la organización expone su
preocupación por los calificativos en los últimos días, del Presidente al
periódico Reforma. “Como Presidente constitucional se refirió a Reforma como
uno que difunde ‘información falsa y equivocada’, ‘información sensacionalista,
no apegada a la realidad”, en respuesta a una nota publicada por el medio el 2
de enero, titulada: ‘Crecen ejecuciones con AMLO en 65%’ […] Cabe recordar que
las descalificaciones y estigmatizaciones constantes hacia medios de
comunicación o periodistas, como ha señalado la Relatoría Especial para la
Libertad de Expresión de la CIDH, generan un clima que impide una deliberación
razonable y plural […] es importante advertir que las descalificaciones no son
parte del derecho de réplica”, señala la carta de Artículo 19. Y sería
importante rescatar un fragmento más de esta carta pública al Ejecutivo: “Ello
no quiere decir que la veracidad no sea exigible a los medios de comunicación y
periodistas, pero recae en un ámbito de ética profesional que le toca juzgar a
las audiencias al momento de optar por las diversas ofertas informativas”.
Y es justo este último punto el que más preocupa, cuando el
vocero dice que “está bien hacer ver al público qué hay detrás de la línea
editorial de los medios” expone los excesos del gobierno actual y su trato con
los medios de comunicación. El Presidente no es el encargado de calificar ni a
los medios ni a los periodistas, esa calificación es un valor que sólo tienen
las audiencias. Como bien lo señala el propio vocero, los gobernantes están
“para dar la cara y dar explicaciones”, ojalá logren convencer al Ejecutivo de
acompañar estas explicaciones con datos y no con calificativos. López Obrador
no ha cumplido ni siquiera cuarenta días en el cargo, tal vez es el impulso de
una campaña de 12 años lo que hace tan difícil el asumir una postura
presidencial respecto a los medios; aplaudo sus conferencias matutinas, sin
embargo, la estridencia de sus palabras al llenarlas de calificativos poco
aporta al debate. Leo más justificaciones razonables en varios de su equipo a
través de redes sociales que del propio Presidente. El periodista Javier Garza
hace un apunte lleno de prudencia a través de Twitter: “Es muy probable (diría
inevitable) que en algún mes o cadena de meses de este año se dé un alza en
homicidios. Ojalá me equivoque, pero la realidad indica que la inercia criminal
es demasiado poderosa y la estrategia de este gobierno no se ha concretado. Un
día de estos, alguna institución con autoridad (INEGI, SESNSP) va a publicar
cifras señalando aumento en homicidios. Y nos preguntaremos dónde estarán
muchos de lo que hoy insisten que la violencia está bajando con AMLO”.
Es importante, por último, no olvidar que nuestro país es uno
de los más peligrosos para ejercer el periodismo, tan solo en 2018, Artículo 19
documentó 9 asesinatos. La prensa no es el enemigo, la prensa nutre a la
democracia, genera un contrapeso necesario y audiencias informadas, ojalá
logremos con el Ejecutivo un debate de altura y de contraste de datos.
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