Por Sanjuana Martínez.
¿Huachicol o desabasto?
Pareciera ser esta la disyuntiva a la que nos enfrentamos actualmente.
Y surge la pregunta pertinente: ¿por qué hay desabasto de gasolina en un país con petróleo y suficiente
gasolina? Obvio. Porque el huachicoleo dominaba los estados donde falta
gasolina por el retraso del nuevo sistema de distribución.
Ahora ya sabemos que en
los estados donde falta gasolina son los estados del huachicoleo y de la
implicación de autoridades en el mismo, no sólo de funcionarios o sindicalistas
de Pemex.
Todo indica que en los
estados de Guanajuato, Jalisco, Michoacán, Puebla, Tlaxcala, Colima, Nayarit,
Estado de México, Hidalgo, Querétaro, Aguascalientes y Tamaulipas, entre otros, el huachicoleo era una práctica común con decenas de cómplices. ¿A
poco los gobernadores de estos estados no sabían lo que sucedía en sus estados?
Difícil de creer que el robo a manos llenas de combustible convertido en
práctica común y tolerada, fuera algo ajeno a ellos y sus autoridades.
En los últimos quince días, sólo en los estados de Jalisco, Tamaulipas, Estado de México, Puebla y
Querétaro, fueron localizadas 34 tomas clandestinas y las autoridades iniciaron
51 carpetas de investigación por el robo de 261 mil litros de hidrocarburo.
Hace dos años, existían
6 mil 873 tomas clandestinas en 25 de los 32 estados de la República, según
afirma mi colega periodista Ana Lilia Pérez, que ha investigado el gran negocio
de robo de gasolinas que ha existido en México en los últimos años entre bandas
delictivas, personal de Pemex y autoridades diversas.
Diariamente se robaban
600 pipas con 15 mil litros cada una, bajo la complicidad del Sindicato de
Trabajadores Petróleos de la República Mexicana, pipas que cuestan en el
mercado negro 50 por ciento menos que si se compraran a Pemex y que
representaban 200 millones de pesos diarios. No es sólo el huachicol o la
ordeña de ductos, aquí había toda una estructura de robo de combustibles con
complicidades de las altas esferas de los gobiernos, el sindicato y diversas
autoridades. Durante 2016 se robaron 26 mil barriles de combustible, es decir,
más de 30 mil millones de pesos; durante el 2017 fueron 43 mil barriles y el
año pasado superó los 58 mil barriles al día, es decir, más de 66 mil 300
millones de pesos.
Sólo basta con pasear
por las calles de Matamoros, Tamaulipas, por ejemplo,
para ver a los huachicoleros vendiendo la gasolina en las esquinas, frente a la
mirada cómplice de las autoridades de los gobiernos municipales y estatales de
cada entidad.
Incluso, algunos
dueños de gasolineras de la Asociación Mexicana de Empresarios Gasolineras
(Amegas) señalan que eran “obligados” a comprar la gasolina y el diesel de las
pipas hurtadas, aunque seguramente otros estaban encantados de hacerlo porque
significaba un ahorro del 50 por ciento y una ganancia múltiple.
Pero aquí lo importante
es identificar a los dueños del huachicoleo. ¿Quiénes son los nuevos dueños del
petróleo mexicano? Obviamente quienes han adquirido bienes de Pemex y aquí hay
una larga lista, pero
destacan nombres bastante conocidos como
por ejemplo, Carlos Salinas de Gortari, Enrique Peña Nieto, Vicente Fox, Felipe
Calderón, Carlos Romero Deschamps, Emilio Gamboa, Pedro Aspe y Manlio Fabio
Beltrones, entre otros ilustres ex funcionarios o líderes sindicales. Todos
ellos tienen intereses personales en Pemex; unos compraron plataformas
marítimas, otros acciones de Exxon, Mobil o Pemex y algunos son conocidos
distribuidores de gasolina.
Obviamente el desabasto
de gasolina tiene que ver con los dueños del petróleo lícito e ilícito. Estos
nuevos dueños están lanzando un órdago al nuevo Gobierno para retarlo a aceptar
el sucio negocio del huachicoleo en detrimento de la economía de los
ciudadanos.
Pero el fin del huachicoleo se aproxima y el más perjudicado es el poderoso dirigente vitalicio del sindicato
petrolero, el corrupto Romero Deschamps, que quien quiere seguir controlando
Pemex. Es él quien está detrás del desabasto, junto a sus cómplices
beneficiarios de Pemex.
Son ellos los que han
vendido nuestros recursos a multinacionales extranjeras y decidieron importar
hidrocarburos, en lugar de producirlos. Recordemos como durante el Gobierno de
Peña Nieto se anunció la compra de un millón 400 mil barriles de petróleo de la
empresa Philips 66.
Ahora en el plan para la prevención del Mercado Ilícito de
Combustibles (MIC) urge que la
Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana investigue a los dueños del
huachicol y que la Fiscalía General de la República empiece a judicializar con
los jueces especialistas en la materia. Mientras la Unidad de Inteligencia
Financiera y la Secretaría de la Función Pública analiza las operaciones
financieras que son inusuales y el SAT verifica junto con la Profeco la
inspección de los instrumentos de medición de las maquinas expendedoras de
gasolina.
Es hora que se acabe el
huachicol, que los dueños de gasolineras dejen de comprar pipas robadas, que
los empresarios dejen de enriquecer a los corruptos comprando gasolina
expoliada a los mexicanos. Es hora de que la sociedad se implique y también
deje de comprar gasolina robada, en especial los contratistas, transportistas y
ciudadanos en general. El cambio está en cada uno de nosotros. El negocio sucio
de Pemex debe desaparecer por el bien de todos.
Llegó la hora de meter a
la cárcel a los huachicoleros de arriba y a los huachicoleros de abajo. Y si
para acabar con este cínico negocio sucio es necesario batallar con el abasto
de gasolina unos días, tengamos paciencia, urge comprensión de los consumidores
y también un compromiso social a favor de la justicia.
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