Por Sanjuana
Martínez.
El nivel de deshumanización de una
parte de la sociedad mexicana es alarmante y explica perfectamente porque nos
encontramos en una degradación ética y moral.
Nos ha quedado claro que el problema
del huachicol somos todos. A la estructura criminal encabezada por
funcionarios, políticos, empresarios, crimen organizado y por todo un sólido
entramado de corrupción y complicidades, hay que añadirle ciudadanos.
Lo digo por todo aquel dispuesto a
comprar gasolina robada, aún sabiendo que es robada. Por aquellos que para
ahorrarse unos pesos compran gasolina robada y desde luego, lo digo por todo
aquel que, está dispuesto a arriesgar su vida en una toma clandestina, por tal
de ganar dinero aunque sea de forma ilegal.
Y no voy a justificar el robo de
gasolina ocurrido en la tragedia de Tlahuelilpan, pero tampoco comparto la idea
de culpar a las víctimas, a la gente que se encontraba ahí intentando obtener
con una cubeta, gasolina del chorro del ducto perforado para llenar sus
bidones. No son las víctimas las culpables. Tampoco los militares o los
policías federales que intentaban disuadirlos sin éxito para que se retiraran
del lugar.
Las víctimas, los 79 muertos y los 81
heridos, son el eslabón más débil de la cadena criminal. Por encima de los
ciudadanos de a pie que participan de una u otra manera en el huachicol, por
encima de quienes prefieren comprar gasolina robada, están los peces gordos. Me
refiero a los jefes del huachicol. Los jefes de cuello blanco y los jefes del
crimen organizado. Ambos van juntos aunque no revueltos.
En esta estructura criminal hay que
advertir que el crimen del huachicol se dejó crecer tanto que ahora los
huachicoleros son los narcotraficantes de antes. Delincuentes que encontraron
en el oro negro, una mejor opción para sus ganancias, un negocio más redituable
que el tráfico de drogas. Ahora los huachicoleros son los mismos capos, jefes
de plaza, sicarios, narcomenudistas, vendedores de piratería, encargados de los
giros negros, delincuentes comunes.
El negocio del combustible resultó
menos peligroso y con más ganancias. Menos ilegal porque la impunidad permite
que se legalice vendiendo el combustible robado a los huachicoleros de cuello
blanco, es decir, a los empresarios. Son ellos los que han blanqueado este
negocio ilícito. Empresarios a quienes no les ha importado que el crimen del
huachicol creciera a tal escala, empresarios que han preferido incrementar sus
ganancias comprando pipas a mitad de precio, alimentando el monstruo,
empobreciendo a la población.
Y sostengo que las víctimas no son
culpables porque, como bien dice mi colega Ana Lilia Pérez, periodista
especializada en este tema con cuatro libros sobre la corrupción en Pemex y el
huachicol, en muchas comunidades del país, es el crimen organizado quien obliga
a la gente a participar en el robo de combustibles.
Analicemos
este dato importantísimo ofrecido por una de las grandes expertas de este tema: es evidente que todas las tomas
clandestinas y las ordeñas están perfectamente coordinadas. Aún hay
complicidades dentro de Pemex y fuera. Funcionarios, políticos, empresarios y
autoridades están de acuerdo.
Por otra
parte, romper un ducto no es tarea
sencilla, de hecho la gente que se dedica a esto tiene una preparación. Además
hay que añadir que cuando se prepara una toma clandestina se avisa. Todo indica
que los sistemas de información de la estructura criminal del huachicol y sus
comunicaciones son más efectivos que los de los gobiernos o las autoridades.
No es de sorprender, esta estructura
criminal se ha fortalecido sexenio a sexenio desde el mandato de Carlos Salinas
de Gortari. Los siguientes presidentes tenían conocimiento de esto y no actuaron
por comodidad o bien, por complicidad.
Dicho esto,
observemos ahora el escenario. A la
comunidad de San Primitivo, ubicada en el municipio de Tlahuelilpan en Hidalgo,
se le avisa que habrá gasolina gratis para todos, que vayan con sus bidones y
que se podrán llevar todo lo que quieran. Pero antes, los jefes huachicoleros,
ya llenaron una buena cantidad de pipas destinadas a empresarios sin ética ni
moral que se las compraran como han venido haciendo desde hace décadas.
A la gente de a pie se le permite
robar los restos del combustible, las sobras pues. Lo verdaderamente importante
de esa toma clandestina, de la ordeña de ese ducto, fueron las pipas.
El crimen organizado, funcionarios,
políticos y empresarios, necesitan al pueblo raso para extender el crimen del
huachicol. Es una estrategia para sostener que el delito lo cometen todos, que
todos los de la estructura criminal son culpables.
Pero ojo, algunos son más culpables que otros.
Insisto, no perdamos de vista la estructura criminal completa. Y miremos hacia
arriba, hacia los meros meros de este negocio, no hacia abajo, hacia la gente
amenazada o bien empobrecida, porque en esas comunidades, el huachicol arrasó
la economía productiva de la región. El negocio ilícito de los combustibles, el
mercado negro impune y casi legalizado, fue acabando con las otras actividades
productivas.
Veámoslo más
claro aún. Estamos ante un enorme
desafío: acabar con el huachicol implica la colaboración de todos. No será
fácil. Pero si nos mantenemos sentados a esperar a que el gobierno termine con
este flagelo de nuestra economía y acabe con el robo de combustibles que nos ha
dejado en la ruina financiera a todos, con bajos salarios y con un cinturón de
pobreza que afecta a más de 70 millones de mexicanos, entonces habrán ganado
los mismos.
Y aquí está
la fotografía completa: el huachicol era
un mercado negro casi legal. Era un Pemex alterno. Su estructura es poderosa y
sus beneficiarios lograron implantarlo en la misma sociedad. Por tanto, su
combate requiere no solo del presidente, el fiscal, el ejército, la marina o
las policías, requiere la participación de todos: denunciando a los
huachicoleros de dentro y fuera de Pemex, rechazando consumir gasolina robada,
negando participar en la ordeña de ductos.
Si ahora no nos comprometemos a
combatir este flagelo, si no dejamos nuestro sillón de confort, si seguimos
juzgando, culpando y azuzando la llama del rencor, olvídenlo, jamás se podrá
erradicar el huachicol y aumentaremos nuestra degradación moral.
Insisto, hoy toca pensar en México, toca arrimar el
hombro. De eso depende nuestro futuro como país. Tú decide. ¿Le entras y
participas o prefieres ser espectador?
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