Adela
Navarro Bello.
Andrés Manuel López Obrador ha
demostrado en un mes como Presidente de la República, que el gobierno federal
puede funcionar con una política de austeridad. Si en algo ha destacado el
político tabasqueño, es que los priístas mayormente y los panistas por un rato,
utilizaron el gobierno federal para convertirse en los nuevos ricos del País.
Se desplazaban en convoyes de camionetas blindadas, dentro de un tanto
aparatoso como cuantioso equipo de seguridad que no solo los alejaba de los
gobernados, sino los elevaba a una clase privilegiada que abusaba del poder y
los recursos de la Nación.
Nada de eso ha necesitado el
presidente López Obrador para gobernar el país. Ni decenas de escoltas, ni
helicópteros, ni aviones privados, mucho menos un oneroso séquito de
funcionarios para cada reunión, mensaje, gira. Cosa contraria, sus
desplazamientos en aerolíneas comerciales han logrado humanizar la figura
presidencial sin demerito de la importancia institucional que da el cargo.
En el mismo
sentido, abrir la que fue la residencia
oficial de los presidentes de la República desde 1934 hasta el 2018, hoy
convertido en Centro Culturas Los Pinos, contribuyó a la desmitificación de la
figura presidencial, cuando López Obrador se traslada todos los días de su casa
particular a Palacio Nacional para trabajar, como lo hace cualquier otro
trabajador mexicano.
La disminución de los sueldos de la
cúpula de funcionarios públicos y el incremento al salario mínimo, éste último
como nunca se había visto en la historia del País, son aciertos de un
presidente que está implementando una nueva forma de hacer gobierno, sin abusar
de los recursos públicos, obligando además a que los otros poderes de Estado,
el Legislativo, y particularmente el Judicial, se sometan a reglas de
austeridad no antes vistas pero sí harto necesarias.
Eso se reflejó también en un
presupuesto austero. Recortes en instituciones manchadas por la corrupción y en
otras que han sostenido un alto nivel de gasto para la indignación popular, sea
a partir de obesas nóminas o de programas de apoyos económicos entregados de
manera de directa para el fomento de la corrupción.
Ciertamente los programas
asistencialistas son ahora de las áreas robustas en contra parte del apoyo a la
cultura que se ha disminuido en una nación que adolece de educación en ese
sentido, y es necesariamente junto a otras disciplinas sociales, pavimento no
solo para la seguridad de México, también para el desarrollo, la competitividad
y el crecimiento.
El decreto de estímulos fiscales para
la región fronteriza que incluyen disminución de IVA e ISR a partir del
cumplimiento de ciertas normas es también un paso a favor del desarrollo de la
frontera, que durante muchos años tuvo condiciones especiales en materia de
economía para general la competitividad de los estados del norte de México con
los vecinos de los Estados Unidos.
Pero los yerros del presidente López Obrador
también han sido evidentes. El principal y más criticado por los mercados
internacionales fue la cancelación de la construcción del Nuevo Aeropuerto de
la Ciudad de México, caso en el que incluso había comprometido su palabra de
una vez auditado y señalada la corrupción, lo concesionaría a la iniciativa
privada.
En ese
sentido, la no persecución de la
corrupción que siempre señaló, no sólo en la construcción del aeropuerto,
también en secretarías como la SEDESOL, Comunicaciones y Transportes,
Presidencia de la República, y otras, es uno de los equívocos más grandes del
mandatario nacional, pues promueve la impunidad en lugar de hacer valer la Ley
y con ello el Estado de Derecho. Parece que el presidente no ha entendido que
investigar y procesar a los corruptos no significa un acto de venganza sino
representarían casos de justicia en un país donde la impunidad ha reinado por
décadas hasta llevarlo a los primeros sitios en los índices de corrupción en el
mundo.
“Perdonar” a los ex presidentes, a
los ex funcionarios, no abona al Estado de Derecho, ni hace al presidente
compasivo y pacifista, sino como un gobernante cómplice. Eliminar la autonomía
largamente buscada de la Fiscalía General de la República, desoyendo a la
sociedad organizada que trabajó en proyectos para que la procuración de
justicia en México fuese independiente a la presidencia de la República y por
tanto sin intereses ligados al poder política, López Obrador crea su propio
fiscal carnal, además ya con la consigna de no hacer justicia en los casos de
corrupción detectados en la administración pública federal en el pasado inmediato.
El perdón a la corrupción será, de
concretarlo a pesar de los resultados de la Auditoría Superior de la Federación
y las denuncias ciudadanas, el mayor lastre de la administración de López
Obrador.
Otro yerro, aliarse con lo que llamó la mafia del poder.
Integrar un grupo consultivo de grandes empresarios no pareciera ser una mala
medida, sin embargo incluir los apellidos Hank, Salinas Pliego de TV Azteca,
Gómez de Televisa, Vázquez de Editorial Mexicana y Alemán de una de las
familias más acaudaladas del país gracias a la institucionalización de la
corrupción en México, resulta no solo ofensivo para la sociedad que creyó en
que transformaría la forma de hacer gobierno de fondo, sino el signo de que la
clase poderosa que se ha alzado al cobijo de los gobiernos, lo seguirá siendo.
Ponderar la militarización de la
seguridad pública por encima de una real depuración de las corporaciones
policíacas no cambia en nada el escenario de combate a la inseguridad que se
vivió en el país durante la guerra contra las drogas de Felipe Calderón, o el
México en paz de Enrique Peña, ambos proyectos sustentados en la utilización de
las fuerzas armadas, Ejército y Marina, para perseguir a los narcotraficantes
que se han convertido, hasta el día de hoy, en prófugos transexenales.
Ciertamente es solo un mes en el
ejercicio del gobierno federal y aun no se cuentan con los elementos
suficientes para calificar la labor del presidente Andrés Manuel López Obrador
y su grupo de colaboradores, pues sus programas no han arrancado, y lo que se
ha visto a partir de la toma de decisiones por consulta tampoco lleva un avance
considerable para determinar en base a números y beneficiados, para hacer una
evaluación, pero a la fecha, los aciertos del mandatario nacional están
focalizados en la austeridad, y sus yerros en la falta de justicia para un país
donde la pobreza y la impunidad, son los principales inhibidores del
desarrollo, el crecimiento y la formación.
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