Por Darío
Ramírez.
La madrugada de este miércoles, el
activista Samir Flores, opositor al Proyecto Integral Morelos, del que forma
parte la central Termoeléctrica y el gasoducto de Huexca, fue acribillado con
dos balazos en la cabeza afuera de su casa. Samir Flores, conducía una estación
de radio.
Las comunidades Coloradas de la
Virgen y Choreachi, en la Sierra Tarahumara, en Chihuahua, estuvieron
involucradas en una larga disputa legal contra el otorgamiento de concesiones
madereras en sus tierras. Siete miembros de estas comunidades fueron asesinados
entre 2013 y 2016. Ninguno de los asesinos ha comparecido ante la justicia.
En México, la defensa de los derechos
humanos es una actividad de alto riesgo. Y la defensa la hacen personas que
trabajan en organizaciones de la sociedad civil.
De 2006 a la fecha 40 personas han
sido asesinadas por su activismo, por defender derechos. Por disentir.
El día de ayer, el Presidente Andrés
Manuel López Obrador lazó duras críticas contra la sociedad civil. Afirmó:
“Se apropiaron de la sociedad civil,
antes era pueblo…”.
“No conozco a gente de la sociedad
civil de izquierda…”.
“Todo lo que tienen que ver con la
sociedad civil tiene que ver con el conservadurismo…”.
“Grandes consorcios promueven a la
sociedad civil…”.
El Presidente está equivocado. El
Presidente comete un grave error en no reconocer el trabajo de miles de hombres
y mujeres –algunos que están a favor de él- a favor de la defensa de los
derechos humanos, tierra y territorio. Su falta de generosidad para dar ese
reconocimiento pone en mayor riesgo el trabajo que muchos hacen con un altísimo
riesgo para ellos y ellas. El desdén presidencial solo se puede calificar como
desafortunado, infantil y carente de talante presidencial.
Hace algunos años el Secretario de
Marina, señaló que los defensores éramos tontos útiles por defender el debido
proceso y la no tortura. Sus palabras pusieron al movimiento en alerta.
Lo que ignora el Presidente Obrador
es que la sociedad civil es heterogénea, como fiel reflejo de la misma
sociedad. El concepto monolítico de la sociedad civil lo nubla, y un Presidente
no puede estar nublado.
Hay organizaciones de izquierda y
derecha. Organizaciones que abarcan el espectro político más amplio. Todas
tienen derecho a existir y no ser calificadas negativamente por el Presidente.
De hecho, me atrevo a afirmar, que la mayoría de personas de las sociedad civil
de izquierda votamos por Obrador, y, una de las reiteradas críticas contra él
es que no es suficiente de izquierda en asuntos derechos progresivos como el
aborto, matrimonio igualitario, etcétera.
En toda
democracia avanzada, el trabajo de la
sociedad civil es complementario al Gobierno. Sirve para pedir rendición de
cuentas y transparencia, o bien, para crear una defensa por violaciones graves
cometidas por agentes del estado. En ningún lugar son enemigo frontal del
estado. Ojalá Obrador no confunda su fobia por algunas, por el desdén de todas.
Porque lo cierto es que, si hoy
desaparecen miles de organizaciones, las poblaciones más vulnerables serían las
mayormente afectadas. Quedarían en indefensión y las violaciones quedarían
impunes.
La sociedad civil debe ser
fortalecida, escuchada y respetada. No porque siempre tengamos la razón, sino
porque existe en ella un nivel de profesionalización, experiencia, capacidad
técnica que puede ayudar al gobierno.
El verdadero desdén de Obrador sale
de dos fuentes: la primera es que hay organizaciones de la sociedad civil, bien
financiadas, capaces, profesionales pero que representan una corriente política
y económica con la cual él no comulga. Sin embargo, estas organizaciones, por
su nivel de profesionalismo y capacidad para comunicar se vuelven un referente
obligado para los medios y su mensaje es escuchado ampliamente. La segunda,
tiene que ver con el financiamiento internacional de muchas de éstas. Un gran
número de organizaciones civiles de Ciudad de México (aunque no exclusivamente)
viven del dinero de fundaciones norteamericanas y europeas. A estas
financiadoras las organizaciones tienen que rendirles cuentas con los más altos
estándares de transparencia.
Ninguna
fundación internacional dicta línea sobre la adopción de alguna posición
política de alguna organización. El que piense eso solamente descubre su
profunda ignorancia sobre cómo funciona el financiamiento internacional.
Sin embargo,
la cantidad de dinero internacional es muy poco para las necesidades
financieras de las organizaciones.
Andrés Manuel López Obrador tuiteó en
2010 “Debe fortalecerse el poder civil con el establecimiento de la
democracia.” Su posición actual dista mucho de la frase de hace años.
El fortalecimiento de la sociedad
civil, fundamental para un régimen democrático pasa por:
– Garantizar su integridad física y
trabajo (cualquiera que este sea) en todo el territorio nacional.
– Crear un fondo para su
fortalecimiento, profesionalización y mejor desempeño con un alto estándar de
rendición de cuentas.
– Crear un marco jurídico actualizado
para que las organizaciones puedan acceder a fondos privados mejorando la
figura de donatarias autorizada.
– Y, reconocer en el discurso público,
la aportación que hacen a la vida social, política, cultural y económica del
país.
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