Por José Gil
Olmos.
El affaire
de la campaña sucia contra Andrés Manuel López Obrador en la contienda
presidencial pasada, conocida como “Operación Berlín”, donde se menciona la
participación de Enrique Krauze, nada tiene que ver con la libertad de
expresión, sino con el uso de recursos privados para incidir en el voto por
parte de un grupo de empresarios contrarios ideológica y políticamente al
candidato de Morena.
Lo presuntos
delitos que se cometieron con la difusión financiada por empresarios del
documental “El populismo en América Latina” en el que califican de populista y
dictador a López Obrador, son lavado de dinero y violación a las leyes
electorales por el uso de recursos económicos privados, interviniendo en la
campaña electoral.
El
responsable de la Unidad de Inteligencia Financiera de la Secretaría de
Hacienda, Santiago Nieto, anunció una demanda contra los autores de esta
estrategia electoral contra López Obrador que fue revelada el jueves 14 de este
mes en el portal Eje Central, según la cual los dueños de las tiendas Coopel,
Agustín Coopel, de la cadena de cines Cinépolis, Alejandro Ramírez, y del Grupo
México, Germán Larrea, pagaron la elaboración de este documental y la difusión
en redes sociales de mensajes contra López Obrador.
La idea habría sido concebida por el
historiador Enrique Krauze, quien lo negó categóricamente en una entrevista
radiofónica el lunes 18, y por Fernando García Ramírez, columnista del diario
El Financiero, cabeza de un grupo que fue descrito por el escritor Ricardo
Sevilla en una entrevista reveladora con Carmen Aristegui.
“Durante poco más de 18 meses trabajé
en el equipo de Enrique Krauze en una estrategia antilopezobradorista para que
el actual presidente de México no triunfara en las elecciones que, finalmente
–y pese a la despiadada campaña sucia que elaboramos en su contra–, terminaría
ganando.
“En octubre
de 2016 fui reclutado por Enrique
Krauze, director de Letras Libres y pagado por Coppel, a través de la A.C.
Colección Isabel y Agustín Coppel, una asociación que presume estar
comprometida ‘con la investigación y difusión del arte contemporáneo.
“Desde que elaboré mi primera factura
de pago, en enero de 2017, mi contacto con Coppel sería a través de Leticia
Gámez, enlace administrativo de la firma Colección Isabel y Agustín Coppel
(CIAC), AC. El operador de Enrique Krauze, Fernando García Ramírez, sería el
encargado de ponerme en contacto con ella. Mi tarea principal consistía en
elaborar materiales –que tenían una forzada careta periodística– para atacar la
imagen del político tabasqueño. El rigor era mínimo. Se trataba, en el peor de
los casos, de hacerlo parecer zafio, intolerante y, sobre todo, como un
dictador”,
“Nuestra oficina estaba ubicada en la
calle de Berlín, número 245, en la colonia Del Carmen, alcaldía de Coyoacán. No
obstante, también llegamos a reunirnos en las oficinas de la revista Letras
Libres. Fernando García Ramírez, quien fuera subdirector de esa revista y
actualmente escribe y forma parte de su consejo editorial (aunque lo ha negado
sistemáticamente), nos citaba ahí”, reveló el escritor y académico.
No son
dichos ni palabras. Ricardo Sevilla
Gutiérrez tiene pruebas que corroboran su historia, una historia emblemática de
una serie de estrategias que se han reproducido en las últimas tres campañas de
las cuales no se tenían datos fehacientes y comprobables jurídicamente. Hasta
ahora.
Por cierto… La participación de empresarios en las
campañas políticas es una historia de años, desde el pase de la charola de
Salinas hasta la alianza de Televisa con el PRI para elaborar el perfil de
Enrique Peña Nieto. La diferencia hoy con la “Operación Berlín” es que hay una
decisión gubernamental de investigar, y la difusión en redes sociales de toda
la trama en la que los personajes aparecen con nombre y apellido. A ver si se
llega a las últimas consecuencias, llevar a tribunal judicial a los
responsables.
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