Por Gustavo De la Rosa.
Entre las mayores tragedias de la vida se cuenta el homicidio
de una joven menor de 20 años; pocos hechos son tan terribles, y cuando además
la víctima era parte de tu comunidad universitaria, se estremece el corazón.
Los estudiantes de Literatura en México son muy especiales;
como los últimos defensores de las humanidades, estudian las letras por
convicción aunque cada vez sean menos, por eso la muerte violenta de uno de
ellos duele a quienes aún creemos que otro mundo es posible.
El viernes ella salió de su trabajo en un café literario, su
novio la esperaba, se desvió para atender una llamada telefónica, ya no
regresó. Horas después encontraron su cadáver.
Hija y nieta de dos mujeres que generacionalmente
construyeron Ciudad Juárez, que hoy les paga sus afanes arrancando la vida de
su legado, su homicidio se suma a los casi 400 en lo que va del año en esta
ciudad, que ya nos ha robado la voz de tanto exigirle justicia.
Ahora, queremos que la muerte de una joven más no pase otra
vez desapercibida, que no se pierda en el anonimato ni en el silencio; ya
nuestros brazos se cansan de tanto apretar, pero no podemos soltar este reclamo
constante por mayor seguridad en las calles.
Hace diez años empezó la tormenta, en aquel entonces ella era
una niña; maduró para convertirse en una joven mujer pero resultó víctima de
esta guerra que no para. Queremos que ya no mueran los jóvenes, que ya pare
esta barbarie.
Lloramos con rabia el asesinato de Dana Lizeth.
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