Por José Gil
Olmos.
En campaña,
la desaparición de la reforma educativa de Enrique Peña Nieto fue una de las
banderas electorales que mayor éxito tuvo para Andrés Manuel López Obrador. Los
maestros, como un grupo de presión social muy importante, tomaron partido y se
movilizaron a favor del candidato de Morena con el interés de echar atrás una
ley que afectaba sus intereses laborales. Esa fue la promesa cuyo cumplimiento
exigen hoy al gobierno lopezobradorista.
En las
últimas semanas, los maestros de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la
Educación (CNTE), que forman el sector disidente del sindicato magisterial, han
realizado una serie de movilizaciones mostrando su fuerza al gobierno de López
Obrador.
Por tres
ocasiones han cerrado y tomado en sus manos la Cámara de Diputados exigiendo
cambios de carácter laboral y no de proyecto educativo a la iniciativa de
reforma propuesta por el presidente de la República que públicamente ha dicho
que no aceptará ningún chantaje.
Resulta
paradójico que en el 2013 el movimiento magisterial haya rechazado la reforma
de Peña Nieto por razones laborales más que de contenido y ahora nuevamente
piden que la reforma propuesta por López Obrador haga cambios de tipo laboral y
de control en las plazas, sin aportar elementos importantes o de contenido al
proyecto de educación.
Las tácticas
de presión que han aplicado ahora al gobierno de López Obrador son las mismas
que le dedicaron a Peña Nieto: marchas, movilizaciones, tomas del palacio
legislativo y plantones. Pero a diferencia de este último que los doblegó con
el uso de la fuerza, incluyendo la prisión de Elba Esther Gordillo, ahora
parece que tienen el sartén por el mango pues han logrado suspender los
trabajos legislativos para la aprobación del dictamen de reforma constitucional
y sentar en la mesa de negociación al secretario de Educación, Esteban
Moctezuma.
De acuerdo
con especialistas en el tema educativo, el fondo de la negociación entre la
disidencia magisterial y el gobierno federal es el control de las plazas por
parte de los maestros de la CNTE, así como el manejo de los recursos
millonarios del presupuesto federal y de los estados destinados a la educación.
Esto es, la disputa por el control del aparato educativo.
Desde la
reforma del 2013 propuesta por Peña Nieto y la que ahora lanzó López Obrador,
el control de las plazas docentes vendidas hasta en 20 mil pesos y el manejo
del Fondo de Aportaciones para la Nómina Educativa y el Gasto Operativo (Fone),
antes denominado Fondo de Aportaciones para la Educación Básica (FAEB), que el
año pasado tuvo un presupuesto de 363 mil 402 millones 157 mil 537 pesos, son
los puntos clave de la negociación.
El manejo o
control del FAEB es clave para la administración del aparato educativo ya que
sirve para el pago del sueldo del 80% de los trabajadores del sistema público
de educación básica y normal, que comprende un millón 750 mil 292 plazas que
ocupan 956 mil 282 personas
Lo
preocupante de esta situación es que no se esté discutiendo el proyecto
educativo para el futuro de millones de niños y jóvenes, sino la rectoría del
aparato educativo. Es decir, si se queda en manos del magisterio sindical o del
gobierno. Eso es lo que está en la mesa de negociaciones.
Por cierto…
Aunque las negociaciones entre el CNTE y el secretario de Educación Esteban
Moctezuma sigan y se traten aspectos financieros del sector educativo, el
problema magisterial se ha convertido en un asunto de gobernabilidad por la
situación en que se encuentra el gobierno de Andrés Manuel López Obrador que ha
abierto la puerta a varios conflictos, entre ellos el migratorio con Estados
Unidos cuyo presidente, Donald Trump, ya amenazó con cerrar las fronteras.
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