Javier Risco.
Sí, adonde
sea que estén y de la forma en que ellos lo hacen.
Con ellos,
me refiero a la generación digital cuyo tiempo en la vida real es equiparable
al tiempo que llevan inmersos en su vida virtual, a los que hoy plasman e intercambian
su día a día en las redes sociales, mismas que se han convertido en la fuente
principal de su información y, en algunos casos, también de su aprendizaje y su
cultura. A ellos hay que llegar si queremos traspasar un mensaje o legado
histórico, incluso si queremos hacer el intento de responsabilizarlos política
y socialmente.
El proyecto
llamado Historias de Eva se muestra como un ejemplo a seguir en este sentido.
Se trata de una iniciativa desarrollada por Mati Kochavi, magnate israelí del
mundo digital, y es una idea sencilla y directa, ahí radica su genialidad.
Historias de
Eva (@Eva.Stories) es un perfil de Instagram, en el que a través de las stories
de la famosa aplicación seguimos a la pequeña Eva, una niña de 13 años húngara
y judía, víctima del holocausto, durante los días previos a ser deportada a
Auschwitz, donde murió en las cámaras de gas, en 1944. El relato es en primera
persona y usando al máximo las posibilidades que permite la aplicación. Es
decir, es un drama (extremo) contado por una niña tal como contamos hoy
nuestras experiencias en redes: con emoticones, etiquetas, filtros, música y
encuestas.
Para
concebirlo, los Kochavi (Mati en colaboración con su hija Maya), no escatimaron
en gastos e invirtieron un total de cuatro millones y medio de euros,
involucrando a un equipo de 400 personas durante los tres meses de rodaje en
Ucrania. La verdad es que el resultado es impactante. Las actuaciones y el arte
transmiten la angustia y el horror, al tiempo que te transportan a la época, y
el cuidado que han puesto en cada uno de los 70 miniepisodios, tanto en el
guion como en explotar las posibilidades narrativas, es sorprendente.
El proyecto
fue lanzado el miércoles 1 de mayo, coincidiendo con la conmemoración el Día
del Recuerdo del exterminio judío, y acabó este jueves en la jornada de luto
del Estado hebreo. La mayoría del mundo hebreo celebró la iniciativa y se sumó
a la difusión del proyecto, incluso el propio primer ministro, Benjamín
Netanyahu, escribió en su cuenta de Twitter: “Episodio a episodio, la gran
tragedia de nuestro pueblo se expresa en su esencia a través de una chica, para
que el mundo recuerde y comprenda”.
La
aceptación ha sido mayúscula: aun antes de ver la luz el perfil ya contaba con
más de 200 mil seguidores, hoy ya lleva más de 100 millones de visitas. Aunque
quizás lo más interesante, fuera del aporte histórico, es el debate que ha
generado, que va desde lo netamente estético y artístico, hasta los
cuestionamientos éticos de familiares o de sectores más conservadores, que ven
en el proyecto un espíritu lejano al debido respeto que se debe guardar por ese
triste episodio de la historia mundial.
“Cada vez
quedan menos supervivientes, es imperativo encontrar nuevos modelos para
salvaguardar su testimonio”. Dijo Maya Kochavi. Y concuerdo plenamente, si hay
nuevas formas de vivir y relacionarse, deben existir nuevas formas de recordar
y conmover.
Los
comentarios de los jóvenes vertidos en las publicaciones son en su mayoría
positivos, a pesar de que algunos bromeen preguntando de qué marca es el
celular de Eva, que le dura tanto la pila, o dónde lo recarga. Es innegable que
la opinión se ha movilizado y ese era el propósito inicial.
De entre los
miles de testimonios y diarios que han sobrevivido al paso del tiempo, los
Kochavi eligieron la historia de Eva porque la pequeña soñaba con ser
periodista y viajar reporteando por el mundo. Hoy, esta iniciativa cumple en la
distancia ese sueño y lleva su testimonio al lugar donde los jóvenes (como
ella) están y aunque sea por 70 minutos los invita a dialogar sobre los que ya
no están.
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