Javier Risco.
El 26 de febrero de 2012, Jorge Volpi escribió una lúcida
columna en Reforma titulada “La cifra y la muerte”, en ella contaba la historia
de Kitty, una mujer asesinada la noche del 13 de marzo de 1964. El asesinato de
esta mujer se volvió motivo de estudio porque a pesar de los gritos de auxilio
y de tener como testigos al menos a 38 vecinos, ninguno fue capaz de ayudarla o
al menos llamar a la policía. Volpi nos cuenta la historia de lo que vino
después de la brutal muerte de Kitty: “En su momento desató una profunda
indignación pública y dio lugar a que dos investigadores, John Darley y Bibb
Latané, condujesen un célebre experimento psicológico, el cual dio como
resultado el llamado ‘síndrome de responsabilidad difusa’ y el ‘efecto
espectador’. Sus paradójicas conclusiones indican que, entre más personas
observan una emergencia, el tiempo que una de ellas tarda en intervenir se
vuelve más largo. En otras palabras: la tendencia imitativa inscrita en
nuestros genes nos frena a la hora de tomar una decisión distinta a la de
quienes nos rodean”.
El diagnóstico hecho por Volpi hace siete años sigue vigente,
nuestro país sufre del síndrome de responsabilidad difusa, nos quedamos
expectantes, nos faltan reflejos, la violencia nos sigue pasando de largo, la
miramos desde una ventana escondidos. Algunos otros, los que han visto a la
violencia de frente, han pedido auxilio, han salido a marchar, pero no es
suficiente. Y no sólo en el tema de la violencia, en todos los problemas que
desbordan este país nadie se mueve hasta que le pega una bala.
Nos cuesta tanto organizarnos. Hoy surge una iniciativa
ciudadana para tender puentes entre nosotros, se llama El día después (DD) un
portal que nace con 100 organizaciones a lo largo de todo el país para que los
ciudadanos como usted y como yo pasemos a la acción, “somos una plataforma que
busca vincular a la ciudadanía con las organizaciones de la sociedad civil
organizada”, apunta Ixchel Cisneros, directora del DD.
De pronto un grupo de mujeres que busca a sus hijos desaparecidos
en Sinaloa y que necesita una página de Internet para concursar en apoyos y
además dar a conocer su labor, podrá contactar gracias a esta plataforma a un
programador de Querétaro, que está dispuesto a brindar dos días de su trabajo
para ayudarlas. De la misma manera, una familia que lucha por el cambio
climático podrá entrar a eldiadespues.mx y darse cuenta que a lo largo de todo
el país hay miles de mexicanos que tienen las mismas preocupaciones.
“Nuestro primer proyecto es ‘personas desaparecidas’ y lo
trabajamos junto con el ‘movimiento por nuestros desaparecidos’ y hay dos
llamados a la acción específicos, que la gente se sume a las más de 20 marchas
de madres buscando a sus hijas e hijos en todo el país el próximo 10 de mayo, y
que el gobierno identifique a los más de 26 mil cuerpos que tiene sin
identificar”, señala Cisneros como primera gran tarea.
La plataforma es apartidista, no responde a ningún interés
político y es financiada, hasta el momento, por el actor Diego Luna. Los
fundadores, además del actor, son Paula Amor, Diego Rabasa, Diego Jiménez y
Rulo.
Es hora de dejar “el efecto espectador”, no podemos permitir
que siga pasando. Con la plataforma de El Día Después no hay excusa para pasar
a la acción, no podemos permanecer como esos 38 testigos del asesinato de
Kitty, diario muere una parte de este país y ahora es el momento.
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