Diego Petersen Farah.
Nadie puede decir que las cosas no han cambiado: antes, se
presumía, el Secretario de Gobernación era el hombre más enterado del país;
ahora pareciera que la Secretaria de Gobernación es la última que se entera lo
que pasa en la Secretaría. La desatinada declaración sobre el diálogo con
grupos que ejercen violencia en el país es, además de un soberano desatino, la
muestra fehaciente de que algo no está funcionando bien en el Gobierno y que el
gabinete Montessori, donde cada quién hace lo que le dicta su voluntad o, peor,
lo que cree, sospecha, adivina que es la voluntad del Presidente, no está
articulado.
Una de las claves del desatino de la semana está en que nadie
contesta lo que le preguntan. Si hubo una confusión (yo lo dudo) ésta fue
provocada por la Secretaria que no contestó lo que le preguntaron. El reportero
fue muy claro: “¿Están negociando con grupos del crimen organizado?”, y ella
contestó “no, estamos dialogando y con muchos grupos”.
Lo que negó fue la negociación, no que fueran grupos del
crimen organizado. Pero después de escuchar cuatro entrevistas con el
Subsecretario de Gobernación, Ricardo Peralta Saucedo, la confusión es aún
mayor: él sí nunca contesta lo que le preguntan, quiere instruir a los
conductores de cuál es la pregunta importante y pertinente y, sobre todo, tiene
una capacidad para contradecirse poco vista. Si él fue quien informó a la
Secretaria de Gobernación sobre el tema no hay duda de dónde viene la
confusión.
Ojalá los malentendidos fueran solo un asunto de
comunicación, que se tratara efectivamente de malas interpretaciones de los
periodistas. El problema de fondo es que existe un enorme vacío de información
sobre las estrategias de este Gobierno frente a la violencia. Por un lado, se
ha dejado de perseguir a los capos, ya no existen los llamados “objetivos
estratégicos”, lo cual en principio está bien pues esa estrategia no llevó a
una mejor seguridad en sexenios pasados. El problema es que está muy claro que
ya no hacen, pero no está claro qué sí hacen. La estrategia de pacificación ha
brincado de ocurrencia en ocurrencia, desde la famosa amnistía en campaña hasta
los diálogos, que no son tales, con grupos que no está claro a quién
representan.
¿Están enterados de esta estrategia de diálogos del
Subsecretario de Gobernación tanto el Secretario de Seguridad Pública, Alfonso
Durazo, como el comandante de la Guardia Nacional, Luis Rodríguez Bucio? ¿Quién
es el encargado de la estrategia global? Más aún, ¿alguien sabe cuál es la
estrategia? Estos son los malentendidos realmente preocupantes y no si el
periodista captó mal lo que dijo la secretaria. La falta de un gabinete organizado,
articulado y que funcione comienza ya a desgastar y pasar factura al Gobierno
de López Obrador, pero sobre todo a los ciudadanos que en materia de seguridad
somos los que pagamos el costo.
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