Arnoldo
Cuellar.
Tomando
en cuenta que los gobiernos de Miguel Márquez y Diego Sinhue Rodríguez forman
una continuidad, que casi nada los distingue, que comparten funcionarios,
proyectos y logros, que como diría Timbiriche “son uno mismo”, creo que se les
puede poner juntos en el análisis sobre la (in)justificación del endeudamiento
que quiere adquirir el segundo de ellos.
En el
Gobierno de Márquez la penuria nunca fue tema. Se gastó a dos manos y se
hicieron megaproyectos de todo tipo, hubo también endeudamiento como carta
abierta que le permitió a Miguel Márquez no privarse de ningún capricho, además
de hacer obras necesarias.
Hay nuevo
hospital en León, más que urgente, aunque innecesariamente construido por una
empresa del sureste de México; hay teatro en Purísima de Bustos, aunque no haya
una programación decente y nutrida en los Teatros de León, Guanajuato e
Irapuato. Hay mega carreteras de León a Purísima, incluyendo las que pasan por
numerosos terrenos de la familia Márquez.
¿Miseria?,
¡Cuál!
Hubo
mucho dinero para rentar cámaras que no sirvieron y sí, es una fijación mía
referirme a Escudo, quizá porque me molesta que los gobernantes mientan sin
consecuencias, que nos quieran engañar y nadie digamos nada, que usen el dinero
de todos sin rendir cuentas y generando todas las sospechas sobre la obtención
de beneficios personales.
Márquez
regaló terrenos y regaló infraestructura. El Puerto Interior fue una auténtica
caja chica, como antes lo era el ISSEG. Se hicieron transacciones que
beneficiaron a privados y perjudicaron a esa empresa del estado y a los
condóminos del desarrollo.
Se
mantuvieron a flote grandes errores del pasado, como el Parque Bicentenario y
el Parque Agrotecnológico Xonotli, en los que se invirtió mantenimiento además
de tener los terrenos prácticamente improductivos. Hoy sabemos que en Xonotli
hubo malos manejos que se han ocultado, pues ahí despacha el patriarca Elías
Villegas Torres como presidente de un consejo que no parece rendirle cuentas a
nadie.
A Márquez
el dinero le sobraba, le salía por los bolsillos, tenía para subsidiar
armadoras extranjeras y equipos de fútbol locales. Pero, además, endeudó al
estado porque podía hacerlo, porque era dueño del Congreso y parte de la
oposición.
Márquez
renunció a la posibilidad de generar una fuente de ingresos permanente con el
libramiento de Silao que une a la autopista de Guanajuato con la carretera a
San Felipe y la León – Silao, al concesionarla a Grupo México por algún tipo de
compromiso político o económico, dejando fuera a grupos locales y permitiendo
una exorbitante tasación del costo de la obra lo que le permitirá a la empresa
cobrar altos peajes por tres décadas.
El estado
pudo haber construido esa carretera y tener los rendimientos futuros. La
concesión opaca, fast track, realizada a seis meses de dejar el poder y
validada, quién lo dijera, por el naciente Comité Estatal Anticorrupción, no
huele, sino que hiede a corrupción.
Esas
medidas secaron reservas del estado, le impidieron una mejor consolidación de
sus finanzas. Pero, además, Miguel Márquez dejó a Diego Sinhue el compromiso de
las medicinas adquiridas a dos grupos distribuidores con los que hizo arreglos
de largo plazo, extra sexenales. Además, heredó Secretario de Salud y
administrador de la SSG quien es su primo, por si algo faltara.
Hoy, Diego
no puede voltear y reclamar al pasado, pues está atado de manos, aherrojado,
prisionero de su benefactor, además por decisión propia y parece ser que hasta
con satisfacción.
Mientras
Márquez sale a medios a defender la solicitud de crédito y a blandir la espada
contra López Obrador, Diego le da una entrevista pagada a la televisión
nacional para hablar de turismo y de que Guanajuato “es seguro”, tratando de
contrastar las cifras que de nuevo nos colocaron en el primer lugar de
homicidios violentos en agosto y en el acumulado del año, duplicando a los estados
que nos siguen.
¿Es
necesario el crédito, es oportuno, es aceptable? Muy probablemente Guanajuato
tiene condiciones favorables para endeudarse, aunque soplen malos vientos para
la economía mundial y nacional. Sin embargo, la responsabilidad de un gobernante
que tiene el poder de esa decisión tendría que pasar por explicar con detalle
para qué quiere el dinero, cuál es el plan y que beneficios concretos se
producirán en el estado que permitirán mejorar los flujos que afronten el
pasivo.
Todo hace
falta, desde luego, pero hay inversiones donde lo más barato es construir
infraestructura y lo caro es ponerla en funcionamiento y dar el servicio
cotidianamente. Eso pasa con las escuelas, los hospitales y las áreas de
seguridad.
¿Es mucho
pedirle al gobernante que presente un plan detallado antes de endeudarse? ¿Que
no adquiera pasivos solo “para lo que se ofrezca”? ¿Qué si es posible se
apriete un poco el cinturón y haga un Gobierno menos oneroso?
Porque Sinhue
se despachó con la cuchara grande a su llegada: creó dos nuevas secretarías de
estado, la del Migrante y la de Medio Ambiente (ninguna funcional hasta ahora,
por cierto); incrementó la nómina a placer, creció sus oficinas de vocería,
contrató asesores. Si había estrés financiero eso es injustificable. Si no lo
había y lo hay ahora, podría empezar por revisar si todo eso funciona o puede
ahorrárselo.
Ese es el
tema con el crédito. No puede ser la solución a una crisis pasajera, esas se
enfrentan de otro modo, tendría que ser parte de un plan de largo plazo. Si es
incapaz de explicarlo así, no debería de autorizarse, aunque sabemos que los
diputados del PAN y parte de los otros recibirán consignas o negociarán su
voto.
Lo más
delicado de todo, ante este empréstito que parece inevitable (simplemente
porque pueden hacerlo sin rendirle cuentas a nadie), es que parece que no hemos
cambiado de administración y que estamos viviendo el primer septenio de un
Gobernador, con todo lo que ello implica.
¿O
tendremos que preguntarle los detalles del crédito a Miguel Márquez? Podría ser la próxima vez que se
presente en un evento oficial, que seguramente será pronto.
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