Martín
Moreno.
“Yo no
estaba informado (del operativo para detener al hijo de “El Chapo” Guzmán). No
me informan en estos casos. Cuando me enteré, les pido que se reúnan, que tomen
una decisión y yo lo avalo…”, dijo López Obrador. Graves, y preocupantes, sus
palabras.
Graves,
porque se están tomando decisiones de alto riesgo a sus espaldas y sin consulta
obligada, sobre todo cuando en el fracaso gubernamental en Culiacán
intervinieron agentes de la DEA. Aún más: el Presidente de México aislado
durante tres horas por su terquedad de viajar en vuelo comercial, que en nada
abona a la tranquilidad nacional. Un mandatario rebasado por su equipo y por la
inseguridad.
Preocupantes,
porque tenemos un Presidente desinformado, que cuando viaja se desconecta
literal de la realidad del país. Mientras se toma selfies con algunos
pasajeros, abajo, en el mundo real, la seguridad nacional es arrodillada y el
crimen organizado demuestra quién es el que manda en México.
Un
Presidente puede cometer errores, pero jamás estar desinformado.
Calderón
desató una guerra contra el crimen organizado sin estrategia eficaz, a punta de
balazos, y el país se convirtió en un campo de batalla. Perdió.
Peña Nieto
censuró la palabra “violencia” de la narrativa oficial, la eliminó del discurso
gubernamental, la ignoró en la praxis, y México se erigió como una tierra sin
Ley. Perdió.
López
Obrador perdonó desde el inicio de su Gobierno a los criminales, les propuso
una amnistía improcedente y difusa, les prometió no capturarlos, se dijo
“conmovido” por la condena a “El Chapo” Guzmán en EU, amenazó a los sicarios
con acusarlos con sus mamás, lanzó un gallardo y atemorizante “fuchi, guácala”
contra la delincuencia, y ha puesto al país de rodillas ante el crimen organizado.
Y va perdiendo.
¿Hay un
antes y un después tras el fracaso gubernamental y la humillación personal a
AMLO, tras ser obligados a liberar a Ovidio Guzmán, “El Chapito”, hijo menor de
Joaquín Guzmán Loera, ¿en Culiacán? La respuesta es sí. Será una cicatriz que
AMLO lleve en los próximos cinco años. Una rendición vergonzante ante las armas
de los criminales. ¿Por qué? Por la falta de estrategia y eficacia del gabinete
de seguridad integrado por la Secretaría de Seguridad y Protección Ciudadana,
la Defensa y la Marina. Por la ausencia de inteligencia. Por la carencia de
coordinación.
Liberación
de “El Chapito”, para que todos sepan quién manda en México.
Gobierno y
ciudadanos, postrados ante los criminales.
Ese es el
México que observa el mundo con azoro y que gobierna – hoy, es un decir -,
Andrés Manuel López Obrador.
“(Se liberó
a Ovidio Guzmán) porque se decidió proteger la vida de las personas. No se
trata de masacres”, justificó AMLO la capitulación de su Gobierno en Culiacán.
Maniquea, esa postura presidencial. Inclusive, manipuladora. ¿Por qué?
Por una
razón de fondo:
Porque es la
consecuencia directa de una irresponsabilidad mayúscula de AMLO y de su equipo
de seguridad: haber minimizado, desde el arranque del actual Gobierno, el
poderío, la presencia y la repercusión del crimen organizado en territorio
nacional. Consecuencia de haber soslayado sus alcances reales.
Consecuencia
de ignorar la dinámica del narco, que se apodera de territorios. Consecuencia
directa del lenguaje y postura chabacanos por parte del Presidente de la
República, que en lugar de enviar un discurso de firmeza, serio e inteligente –
nadie le ha pedido que le declare la guerra armada al narco-, se limitó a
lanzar chistoretes, cuchufletas y frasecitas domingueras contra los criminales,
que en unos cuantos meses se dieron cuenta que tendrían manga ancha y le
perdieron el respeto a la figura presidencial.
No,
ciudadano Presidente. El riesgo para las vidas de los ciudadanos se encendió
desde el momento mismo en el cual López Obrador decidió dejar de capturar a los
barones de la droga, no perseguirlos ni castigarlos, ordenar a militares y
marinos no defenderse y creer y querer hacer creer que con un lenguaje suave y
hasta vacilador, los haría entrar en razón. No ocurrió así. Fracasó. Muy al
contrario: con esta actitud irresponsable, aumentaron en este año la violencia,
la inseguridad, la venta de droga, las ejecuciones, las extorsiones, los
secuestros, y todos los derivados de la actividad criminal que hoy permea en el
país. Así que esas vidas que AMLO dijo proteger en Culiacán, en realidad, las
ha expuesto en todo el país durante más de diez meses con su ausencia de
estrategia de seguridad desde el inicio de su mandato, dejando el terreno libre
al empoderado narco mexicano.
Abandono del
Gobierno, y furia del Ejército.
“Ellos (los
militares), reconocieron que no actuaron con precaución…”, reprochó AMLO el
lunes pasado. Declaración que no cayó nada bien en la Sedena.
Porque
después del fracaso en Culiacán – el Secretario Alfonso Durazo fue desmentido
ante todos por el Presidente. Durazo se mostró titubeante, errático y que tras
lo sucedido, ha declarado no tener problema en buscar otros horizontes -,
soldados y marinos han quedado muy mal parados ante la opinión pública. El
Comandante Supremo de las Fuerzas Armadas (AMLO), ni siquiera ha lamentado la
muerte de los soldados caídos en el operativo fallido. Ni palabras de reconocimiento
a los militares. Apenas el lunes pasado, cuatro días después de los hechos, la
SRE emitió un comunicado ofreciendo su pésame a las familias de los soldados
muertos. Y ese abandono gubernamental ya tiene consecuencias:
En la página
“Militares-Sedena” en FB que registra casi 750 mil likes – y no desmentida ni
desautorizada por el gobierno mexicano -, se lanzan consignas de este tipo:
“El
Ejército, Marina, policía y Guardia Nacional cumplieron con su misión en
Sinaloa. Soportaron durante horas el fuego, abrieron caminos, quitaron
bloqueos, resistieron los enfrentamientos, defendieron su unidad cuando el
narco intentó tomarlo. Cumplieron con detener al hijo de “El Chapo”. Soportaron
la primera oleada de ataques. Quien no cumplió, fue el Estado…
“¿Y AHORA
QUÉ VA A PASAR?
“¿Vamos a
hacer como si nada de esto hubiera pasado? Militares exigimos que se haga
justicia y sobre todo que se exija una Ley donde nosotros podamos defendernos,
no puede existir tanta impunidad. Por dios…
“Necesitamos
que aprueben una Ley donde nos dejen utilizar nuestras armas si es necesario
para salvaguardar nuestra integridad. Si no se va a llevar a cabo, entonces les
exigimos REGRESAR A NUESTROS CUARTELES”.
Hasta aquí,
los reclamos castrenses en dicha página. Llama la atención que ni la Defensa
Nacional ni el Gobierno mexicano, hayan aclarado si es o no es una página que
realmente exprese el sentir de los soldados mexicanos.
Nadie,
absolutamente nadie la ha desmentido.
Aún más:
En un video
atribuido a la Sedena, que circula entre militares y que tampoco fue
desmentido, se destaca la actuación de los soldados en Culiacán y se lanza una
frase que despeja dudas: “Los militares cumplimos con nuestra misión. Nosotros
sí tenemos principios. Nosotros sí amamos a México…”.
El Ejército
está enojado por lo ocurrido en Culiacán.
De eso, no
hay duda.
De acuerdo
al conteo del diario Reforma basado en cifras del Secretariado Ejecutivo del
Sistema Nacional de Seguridad Pública, 2019 es el año más violento del que se
tenga registro: 25,890 homicidios dolosos. (Antonio Baranda – 20/X/2019). Más
que hasta septiembre de 2007 con Calderón, durante su primer año de Gobierno.
Más que en 2013 con Peña Nieto. Con AMLO: 2 mil 600 ejecutados cada mes. 90
diarios en promedio.
Y más:
¿Qué hace
AMLO cuando se le cuestiona por la falta de una estrategia eficaz? Prefiere
seguir con su cada vez más desgastada cantaleta de regañar a la prensa que lo
critica, en lugar de enfrentar de manera más eficiente a la criminalidad y atender
el conflicto de fondo. El lunes prefirió hablar de la Serie Mundial de Beisbol
(¿?) cuando se le preguntó en concreto por Culiacán. Así se la ha pasado en más
de diez meses de Gobierno. Y allí los resultados: violencia fuera de control.
Nadie le pide
a AMLO masacres ni guerras ni represión. Es descabellado plantearlo siquiera.
Esa retórica solamente ha sido utilizada por el Gobierno de López Obrador para
encubrir y justificar la falta de seguridad durante el tiempo de la mal llamada
Cuarta Transformación.
Lo que se le
pide, sí, es estrategia, no chistoretes. Eficacia, no palabrería. Seriedad, no
pantomima.
Cruenta, la
guerra con Calderón.
Equivocado,
el disimulo de Peña.
Arrodillado,
el Gobierno de AMLO.
Ni para
dónde hacerse.
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