Javier Risco.
Fue un
exprocurador en el gobierno de Miguel Ángel Mancera el que alguna vez dijo que
el crimen organizado sólo venía de vacaciones a la Ciudad de México. Han pasado
varios años y aún no sé si lo dijo de broma o en serio, creo que lo dijo en
serio, porque mientras estuvo a cargo de la Procuraduría negó de principio a
fin que había células organizadas de criminales operando en esta ciudad. Para
muestra ponga en su buscador de confianza las siguientes palabras: “Rodolfo
Ríos Garza crimen organizado” y navegue por cada una de las páginas para leer
cómo negó, en cada una de las crisis de seguridad que tuvo que enfrentar, la
presencia de “crimen organizado”. Aún no sé qué explicación lógica nos daba,
tal vez no la recuerdo, justo por ilógica, pero siempre apeló a bandas
aisladas.
Esta
negación llevó al gobierno de la ciudad a desestimar el problema, las “bandas
aisladas” crecieron y por “arte de magia” se convirtieron de un gobierno a otro
en crimen organizado. Ayer, la administración de Claudia Sheinbaum descubrió
unos narcotúneles en la vecindad de La fortaleza, en la colonia Morelos, en
Tepito. Las imágenes captadas por elementos de la Secretaría de Seguridad
Ciudadana y Marinos muestran cuartos conectados entre cuatro inmuebles, algunos
en medio de juguetes, otro a bodegas con 100 botellas de champagne,
laboratorios y, por último, salidas a la calle. Un imperio subterráneo en un
lugar que históricamente maneja droga y armas en total impunidad. Todos los
capitalinos sabemos que hay calles de la Morelos en las que no hay forma de
poner un pie en cuanto llega la noche, y reportes periodísticos que han
identificado redes de venta de armas de todo tipo a través de grupos privados
de Facebook. De la venta de droga están documentadas e investigadas las zonas,
pero el Gobierno de la Ciudad de México no ha sabido aún cómo resolver un
problema que, parece, rebasa a cualquier autoridad, un territorio que pertenece
a la Unión Tepito.
Ayer
fueron decomisados en varios inmuebles (dos laboratorios de fabricación de
drogas sintéticas): 50 kilogramos de precursores químicos, 2.5 toneladas de
mariguana, 20 kilogramos de cocaína y cuatro kilogramos de metanfetamina.
En
conferencia de prensa, el secretario de Seguridad Ciudadana capitalino, Omar
García Harfuch –quien por cierto acaba de llegar al puesto hace menos de un
mes– señaló lo evidente, pero no por eso menos importante: “Esta secretaría
tuvo conocimiento de la colusión de este grupo delictivo con autoridades de la
Ciudad de México, las cuales daban posiblemente protección a esta organización,
por lo cual se tomó la decisión de operar a la brevedad”. Autoridades que daban
protección a la organización, porque sólo se puede entender la presencia de 13
armas cortas, siete largas, mil 520 cartuchos y lanzagranadas con esa
complicidad entre crimen organizado y policías locales.
Ayer fue
la carta de presentación del nuevo secretario de Seguridad, no servirán estos
golpes aislados si no se señalan, investigan y captura a los funcionarios
públicos que semana a semana o mes a mes son incluidos en las nóminas del
crimen; será cuando caigan ellos que habrá otra lógica en la estrategia de
seguridad. Harfuch afirma que estos operativos no buscan sólo disminuir la
droga en las calles, sino también la violencia, ¿cómo asegurar que con estos
golpes al crimen organizado no se golpea un avispero imposible de controlar?
Una pregunta que seguramente no deja de rondar en la cabeza de todos en la
ciudad.
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