Javier Risco.
El conflicto
entre taxistas y gobiernos locales y federal terminó en un “acuerdo” que lleva
a un callejón sin salida. Después de haber sido recibidos por el subsecretario
de la Secretaría de Gobernación Ricardo Peralta, todos los implicados
decidieron formar un grupo de abogados que analizará y concluirá si las
aplicaciones de movilidad como Uber, Beat, Cabify, Didi, etc., son legales.
Especialistas del Gobierno de la Ciudad de México, del Estado de México,
representantes del gobierno federal y abogados del movimiento de taxistas en
este momento estudian y dan sus argumentos para situar legalmente el transporte
concesionado de taxis y las aplicaciones. En realidad, esta idea sería una
maravillosa salida para terminar con el problema entre taxistas y gobiernos
locales, si realmente hubiera la disposición de ambas partes para acatar la
conclusión a la que llegue este grupo de expertos legales el próximo lunes…
pero no, ni el movimiento de taxistas ni el gobierno de la ciudad están dispuestos
a hacer caso a las conclusiones del análisis si éste no dice lo que quieren
escuchar.
Ese mismo
día, después de una reunión de cuatro horas en la Secretaría de Gobernación,
Rubén Alcántara, secretario del Movimiento Nacional Taxista, me decía en el
programa de televisión La Nota Dura que estaban contentos con el acuerdo
alcanzado con las autoridades y que esperaban una resolución positiva para
ellos la próxima semana. ¿Qué significa esto? Que confían en que después de un
análisis legal de la situación de las aplicaciones de movilidad, estas sean
declaradas como ilegales y se les cobren los mismos permisos para poder
circular que se les exigen a los taxistas. Cuando le pregunté qué pasaría si
este grupo de especialistas, que incluye a los propios abogados de los
taxistas, declara como legal el uso y funcionamiento de estas aplicaciones de
movilidad, Alcántara simplemente me contestó que esto no podía ocurrir porque
eran ilegales y que se trataría de un despropósito. En conclusión, sólo
acatarán la resolución si dice lo que quieren escuchar.
Del otro
lado, Andrés Lajous, secretario de Movilidad de la Ciudad de México, advierte
que lo más importante de la discusión no está en la legalidad de las
aplicaciones, que, al menos en la Ciudad de México, éstas ya están incluidas en
el reglamento de tránsito, sino que la lupa debe de trasladarse a mejorar el
servicio de los taxistas, pero sobre todo a combatir la corrupción, que los
inconformes que representan a menos del .4% de los taxistas de la ciudad, son
aquellos cuyos intereses y corruptelas fueron cortadas por el nuevo gobierno de
Claudia Sheinbaum. Así que cuando se le pregunta sobre la determinación de este
grupo de abogados el próximo lunes, al secretario no le preocupa, porque en la
ciudad ya funcionan en un marco legal. En conclusión, lo que digan en materia
de legalidad el próximo lunes no le preocupa al gobierno local.
Por su
parte, la autoridad federal festeja que, durante una semana, sí, durante siete
días, los taxistas, esos que no llegan ni al 1 por ciento, han prometido no
bloquear ni realizar marchas.
El lunes
todos estos actores van directos a estrellarse en una pared. He preguntado en
varias entrevistas si se cuenta con un plan B, del lado de los taxistas o de
las autoridades, pero ambos bandos han decidido esperar a que todo reviente en
un encuentro de voces que no les hablan a las mismas prioridades. Lo dijo bien
Eduardo Guerrero en estas páginas: “no importa cuántos requisitos le imponga la
autoridad a las apps. La única forma de apaciguarlos (a los taxistas) sería
restituir alguna versión del antiguo régimen cerrado, en el que sólo algunos
pocos elegidos tienen el privilegio de prestar el servicio”, y eso, de acuerdo
con palabras de la propia Claudia Sheinbaum, no pasará. El choque va para
largo.
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