Francisco
Ortiz Pinchetti.
Los
pronósticos sobre disposición de agua para la Ciudad de México no son
precisamente tranquilizadores. El titular del Sistema de Aguas (Sacmex), Rafael
Bernardo Carmona Paredes, indicó que el Sistema Cutzamala, que surte el 45 por
ciento del caudal de la capital, tendrá
bajos niveles de almacenamiento en 2020 y que el estiaje será mayor con base en
los bajos índices de lluvia del año actual.
Se espera,
dijo durante una mesa de trabajo en el Congreso de la Ciudad de México, que el
próximo año se presente un nivel de almacenamiento “de condiciones críticas”.
Así de grave como suena. El funcionario aseguró que esta situación ha obligado
a la dependencia a su cargo a ser mucho más cuidadosos en la forma de
distribuir el agua, en la forma de manejar el agua en el interior de nuestra
Ciudad.
Nada dijo, y
eso es preocupante, acerca de la urgente necesidad de remplazar tuberías que
tienen más de 70 u 80 años de uso y cuyo deterioro provoca la pérdida por fugas
del 40 por ciento del caudal que la capital recibe del sistema Cutzamala. Los
números son apabullantes: la capital tiene acceso a mil 90 millones de metros
cúbicos de agua potable al año, de los cuales 436 millones (que equivale al 40
por ciento mencionado) se desperdicia en fugas y representa pérdidas económicas
de cinco millones 912 mil 876 pesos diarios.
Del tema
tienen plena conciencia tanto el director del Secmex como la propia Jefa de
Gobierno Claudia Sheinbaum Pardo, que desde su campaña electoral y al inicio de
su administración aseguró que sería prioritario en su gestión la atención a ese
gravísimo problema, frente al que anteriores gobiernos de la capital asumieron una indolencia irresponsable y
criminal.
Habló la
funcionaria de la necesidad de invertir alrededor de 10 mil millones de pesos
adicionales cada año en un programa específico para eliminar fugas mediante la
sustitución de ductos y la sectorización de la red secundaria de distribución
de agua, lo que muchos aplaudimos. Ella misma aseguró que para este fin el
Gobierno capitalino contaría con un apoyo económico especial del Gobierno
federal.
Sin embargo,
no hay hasta ahora una información que confirme que se está trabajando en ese
sentido, cuando ya se cumplen casi 11 meses de la actual administración. En
cambio, la preocupación central parece ser el abasto disminuido por los bajos
niveles de las presas del Cutzamala y la imposibilidad técnica y legal de
seguir perforando pozos de extracción, dado el agotamiento del acuífero y el
consecuente hundimiento de la ciudad.
Hubo a
principios de abril pasado un anuncio de la Jefa de Gobierno en el sentido de
que la Ciudad de México sería dividida en al menos 466 sectores para tener una
mejor medición del agua que se entrega a diario a los capitalinos y que para
reducir la cantidad de líquido que se pierde en fugas se invertirán en este
proyecto apenas 160 millones de pesos durante el año 2019.
Una bicoca.
A partir del
10 septiembre pasado, por lo pronto, se redujo en un 10 por ciento el
suministro que entrega la Conagua a la capital, debido a la sequía que afecta a
las presas; pero de las advertencias del
Secmex se deduce que el recorte no será suficiente y que habrá de
recurriste a medidas más drásticas durante el estiaje que se aproxima, lo que
puede agravar la afectación de millones de habitantes de las zonas más
vulnerables de la ciudad, como Iztapalapa.
En colonias
de la delegación Benito Juárez, como la Nochebuena y la Extremadura
Insurgentes, hemos visto que se realizan actualmente trabajos de sustitución de
tuberías y atarjeas. Hubo también un anuncio acerca de la introducción de nueva
tubería en calles de la colonia Narvarte Oriente, de la misma demarcación. No
se sabe si esas obras forman parte de un plan piloto anunciado por Miguel Ángel
Mancera en las postrimerías de su administración para poner a la alcaldía
juarense “al cien por ciento” de eliminación de fugas en la red secundaria,
sobre lo cual no se volvió a saber nada.
De ser así,
se estaría beneficiando a una de las zonas más afectadas por la escasez en los
últimos años, atribuida en efecto a las fugas que provocan desperdicio de
líquido y baja presión en la red. No obstante, se trata también de varias de
las colonias económicamente más solventes de la ciudad, con una población que
tiene el más alto Índice de Desarrollo Humano del país, según mediciones de la
ONU.
En términos
de justicia social, debiera darse prioridad a zonas deprimidas donde la escasez
de agua potable ha sido crítica por décadas y que sufren además otras carencias
graves en materia de seguridad, transporte y vialidad, sobre todo en el Oriente
de la capital.
Ahora sí que
primero los pobres.
De cualquier
manera, lo importante es que Scheinbaum Pardo retome y asuma su compromiso de
dar prioridad al tema del agua potable, particularmente en el capítulo
referente a la eliminación de fugas. Cumplirlo puede significar que la
disposición del líquido casi se duplique, en lugar de perderse en el subsuelo
cuatro de cada 10 metros cúbicos.
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