Enrique
Galván Ochoa.
¿Cuántas
reuniones llevan los grandes empresarios y los dirigentes de sus asociaciones
con el presidente López Obrador? A principios de semana tuvo lugar otra en
Palacio Nacional. Carlos Salazar Lomelín, presidente del Consejo Coordinador
Empresarial, reveló ayer durante su participación en un foro de la revista The
Economist, que López Obrador anunciará en las próximas semanas un plan de
inversión en infraestructura. Ya se había firmado en junio un acuerdo por el
que los empresarios se comprometieron a invertir 32 mil millones de dólares,
pero estamos en octubre y no se ve claro.
Sucede
que al terminar las reuniones algunos vuelven a la cantaleta de que no hay
confianza y siguen traumatizados con Texcoco, aunque ni siquiera tenían dinero
invertido en el proyecto. La inversión es la solución para que se produzca
crecimiento en México, dijo Salazar Lomelín. Pero deben pasar de los proyectos
a la acción. Curiosamente acaba de aprobarse en el Senado una reforma legal
para que las Afores puedan invertir más en el extranjero, cuando esos fondos se
necesitan en México. Es tiempo de parar esa aberración en la Cámara de
Diputados.
Mariguana en
el menú.
Tal vez sea
una exageración decir que las costumbres de Amsterdam –la hedonista ciudad
europea– se están abriendo paso en Los Angeles, California. Pero no puede pasar
desapercibido que en el conurbado West Hollywood acaba de abrir sus puertas un
nuevo restaurante-bar, The Lowell Cafe, que permite a sus clientes fumar
mariguana. La yerba está en el menú. Es el primero de su tipo en California,
hasta ahora sólo estaba permitida la venta en dispensarios médicos. Tal vez
motivado por estas noticias, el coordinador de Morena en la Cámara de
Diputados, Mario Delgado, presentó una propuesta para la creación de una
empresa estatal para la compra y venta de mariguana y productos derivados.
La
paraestal llevaría el nombre de Cannsalud y tendría a su cargo el comercio,
previamente autorizado. (¿Y la campaña del gobierno morenista contra las
adicciones, apá?)
Recordando a
Barros Sierra.
Los
muchachos que recién ingresaban a la UNAM en 1968 tenían entre 18 y 20 años.
Hoy son septuagenarios. Tal vez los que se inscribieron este año no están
informados de lo que sucedió entonces y sus repercusiones. Hoy es un día de
memorias y memorables. Quisiera invitarlos a que recordáramos al rector Javier
Barros Sierra. Encabezó una de las manifestaciones contra el diazordacismo
sanguinario. Enfrentó a la jauría de diputados priístas que desde la Cámara
exigían su renuncia. Gente menor, les dijo con desdén. Junto con Francisco
Toledo debería recibir la medalla Belisario Domínguez.
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