Julio Astillero.
El miércoles
30 se escribió en esta columna: Hacer que la mayoría morenista y sus aliados
aprueben que la hija de doña Rosario presida la carpicista Comisión Nacional de
los Derechos Humanos (por Jorge Carpizo) sería una manera de devolver, en
términos de responsabilidad ejecutiva, la misma presea que Ibarra de Piedra
dejó en custodia en manos del presidente López Obrador
(https://bit.ly/2qx3HEj).
De manera
peculiar, ayer se cumplió con ese propósito. La mayoría morenista y aliados
consiguieron oficialmente la votación calificada que faculta a Rosario Piedra
Ibarra (hija de doña Rosario) para presidir la CNDH. Hasta ahí, todo parecía
apuntar a que se cumpliría el propósito tan esperado por Palacio Nacional y tan
ajustadamente conseguido por el operador ejecutivo en el Senado, Ricardo
Monreal Ávila, quien ya ha entregado al actual presidente de la República
positivos resultados impensables en las circunstancias de división y confusión
que privan en la política nacional.
Pero el PAN
denunció en conferencia de prensa que se habían producido irregularidades
graves en el proceso de votación. Según lo mostrado en un video, la caída de
una boleta en la urna senatorial sugeriría o confirmaría (todo, según el punto
de vista de cada cual) que el senador Monreal habría depositado dos boletas.
Además, los blanquiazules aseguraron que el número de sufragantes había sido
116, aunque oficialmente se reportaron 114. Esas maniobras habrían servido para
conseguir a duras penas, en la rayita, la votación calificada (76 aprobaciones)
correspondiente a una totalidad de votantes (114, según esas cifras oficiales).
Un doble voto de Monreal y de algún otro senador no identificado hasta la hora
de teclear estas líneas, más la reducción del universo votante, habrían
permitido el acceso a la cifra mágica que el propio Monreal había considerado
días atrás muy difícil de alcanzar.
Monreal
acusó a los panistas de mentir y manipular y ofreció una conferencia de prensa
en la que habría de demostrar que los panistas aleonados creen que todos son de
su condición. En razón del horario de entrega del presente texto no se incluye
lo dicho en esa conferencia, pero sí la esencia de lo planteado por el ex
gobernador de Zacatecas en Twitter antes de dicha reunión con reporteros.
El enconado
diferendo coloca en una situación de suspenso político, no necesariamente
legislativo o judicial (aunque el PAN anuncia que impugnará la elección), la
llegada a la citada CNDH de Piedra Ibarra, sicóloga de profesión, activista en
Eureka, la organización dirigida por Rosario Ibarra de Piedra que ha luchado
por saber el destino de desaparecidos políticos y por el justo castigo a los
responsables. La nueva presidenta de la CNDH ha tenido cercanía con el
presidente López Obrador y ha sido directiva y candidata a nombre del partido
hoy en el poder, Morena, que justamente es el que la ha llevado a la posición
ahora en disputa videográfica y política.
La llegada
de Piedra Ibarra ha generado una viva reacción de los opositores al
obradorismo. Lo cierto es que, con ella, finalizaría una larga historia,
iniciada en la administración de Carlos Salinas, de simulación justiciera,
despilfarro presupuestal y predominio faccioso. La CNDH fue creada para
aparentar que el propio gobierno suministraba a los ciudadanos una alternativa
institucional para defenderse de los abusos del propio poder que maniobraba
para nombrar presidentes de esa comisión a personajes bien avenidos con el
poder y dispuestos a redactar recomendaciones presuntamente justicieras, pero
sujetas a la aceptación o rechazo de los destinatarios de tales legajos.
Mientras
continúa la presión de presidentes municipales contrarios al obradorismo, que
consideran inaceptables las reducciones del presupuesto federal 2020 y que ayer
hasta una puerta de vidrio de San Lázaro derribaron, ¡hasta el próximo lunes,
con el Presidente informando que su audiencia en redes sociales subió 20 por
ciento a causa de polémicas recientes!
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