Francisco
Ortiz Pinchetti.
Por supuesto
que la obesidad y el sobrepeso que aquejan en México a uno de cada tres niños y
a siete de cada 10 adultos son problemas multifactoriales. Es claro que la mera
reducción en el consumo de alimentos ultra procesados y bebidas azucaradas no
va a terminar por sí misma con la incidencia creciente de diabetes, las
afecciones cardiacas y otras enfermedades atribuidas a factores alimenticios.
Nadie pretende presentar el ya aprobado tema del etiquetado frontal como la
panacea para todas esas calamidades.
Los
industriales del ramo, sin embargo, lo han manejado así para argumentar lo que
quieren vender como una falacia de quienes han promovido la reforma a la Ley
General de Salud aprobada por el congreso en octubre pasado, que obligará a los
fabricantes de esos productos a incluir avisos claros y simples de advertencia
en la parte más visible de sus envolturas y que prohíbe usar personajes,
dibujos, regalos, ofertas, juguetes o concursos en las cajas de productos no
saludables, como las de cereales saturados de azúcares.
Están
aterrados.
Aunque el
pasado martes 10 de diciembre concluyó la consulta pública sobre el tema, los
empresarios despliegan en estos días cruciales una intensa campaña en medios y
a través de un cabildeo de alto nivel para presionar al gobierno mexicano a
atenuar las nuevas disposiciones en la redacción de la Norma Oficial Mexicana
número 51 que deberá expedir en enero próximo para reglamentar el contenido de
la reforma constitucional, que entrará en vigor un año después. Y están en su
derecho.
Lo que no se
vale es tergiversar la información para justificar su oposición a las nuevas
medidas. Ni emplear argucias subrepticias y evidente tráfico de influencias a
niveles tan decisorios como el círculo más cercano al Presidente de la
República, que ha hecho de la honestidad la divisa de su gobierno.
Uno de los
argumentos centrales de la agroindustria, integrada básicamente por grupos como
FEMSA, Nestlé, Bimbo, Gruma y PepsiCo, nada menos, es que el consumo de
alimentos ultra procesados y refrescos no es la causa única del sobrepeso y la
obesidad, lo que nadie sostiene. Otro es que la reducción de salarios y
prestaciones laborales que significaría su implementación, y que la pérdida de
empleos al reducirse drásticamente las ventas del sector, lo que carece de
sustento.
Lo evidente
es que están sumamente preocupados y recurren a todos los medios a su alcance
para detener una norma que efectivamente reducirá los exorbitantes márgenes de
utilidad que actualmente obtienen, a costa de la salud de niños y adultos en un
país donde hay 13 millones de diabéticos.
Y, como lo
documentó el semanario Proceso hace dos semanas, tienen en el jefe de la
Oficina de la Presidencia, el empresario regiomontano Alfonso Romo Garza, a un
aliado obviamente poderoso, cuya actuación resulta clave en estos momentos.
Aunque al incorporarse al gobierno federal él renunció formalmente a sus cargos
en las direcciones de sus empresas, la verdad es que mantiene estrecha relación
con ellas a través de sus socios.
Según
Proceso, más allá de su relación directa con el clan Garza Lagüera –su familia
política, dueña de FEMSA– o de su amistad con algunos empresarios de la
agroindustria, Romo Garza tuvo vínculos comerciales precisamente con ese sector
empresarial. En septiembre de 2011, por ejemplo, selló una alianza por 15
millones de dólares con Grupo Nestlé y el Instituto Nacional de Investigaciones
Forestales, Agrícolas y Pecuarias, mediante la cual su empresa de biotecnología
Agromod se comprometió a proveer 30 millones de semillas a 20 mil caficultores
durante 10 años; Nestlé, por su parte, compraría el café de sus cosechas.
En junio
pasado Romo Garza contrató a Rodrigo Alanís Urdiain –representante legal de
Agromod desde agosto de 2018– como asesor jurídico de la jefatura de la Oficina
de la Presidencia. El semanario precisa que en noviembre de 2017 Romo, a través
de su empresa EnerAll, concretó un negocio multimillonario con Cargill, otro
gigante trasnacional de la agroindustria que se dedica a proveer con materias
primas a las empresas procesadoras de alimentos y bebidas y del sector
farmacéutico. No es casual.
Contrario a
los argumentos a menudo falaces de los industriales, estudios realizados
conjuntamente por centros de investigación de Chile, Estados Unidos y México,
han demostrado beneficios tangibles del etiquetado frontal implementado desde
2016 en Chile, experiencia que ha servido de base para el modelo promovido en
México por la reforma constitucional.
La doctora
Arantxa Colchero Aragonés, investigadora en Economía de la Salud del INSP y
especialista en el tema, resumió hace un par de días en conferencia de prensa
los resultados de dos estudios acerca de la experiencia chilena. Uno de ellos,
elaborado por el Instituto de Nutrición y Tecnología de Alimentos de la
Universidad de Chile, la Universidad de Carolina del Norte en Chapell Hill y el
Instituto Nacional de Salud Pública de México (INSP) demostró una “reducción
grande” de bebidas con etiquetado y un moderado aumento en compras de bebidas
sin etiquetado.
El otro
estudio, elaborado por la Universidad de Carolina del Norte y el INSP de México
con la escuela de negocios de la Universidad “Adolfo Ibañez” de Chile y
referido al impacto de la medida en la regulación de empleo y salarios,
concluyó que no se encontró ninguna reducción en empleo o niveles salariales
reales en la industria de bebidas y alimentos, ni se alteraron las tendencias
de empleo y salarios de estas empresas.
En suma,
explicó la doctora Colchero Aragonés, si bien los resultados son los esperados,
dado que las empresas pudieron haber reformulado los contenidos de sus
productos, el consumo de bebidas con etiquetado frontal se redujo y en cambio
aumentó el de bebidas sin etiquetado.
Dicha
reducción en el consumo es precisamente lo que la reforma a la Ley General de Salud
busca obtener en México, a través de un esquema sumamente simple de
advertencia. Se trata de alertar al consumidor común, a la madre, al padre de
familia, que determinado producto es alto en azúcares, alto en calorías, alto
en grasas saturadas o alto en sodio, para que decida adquirirlo o no. Así de
sencillo. De acuerdo con una encuesta nacional realizada por el colectivo El
Poder del Consumidor, un 94 por ciento de las personas está de acuerdo con el
etiquetado aprobado.
No obstante,
la apuesta de los empresarios se enfoca ahora al apoyo que su posición pueda
recibir de su colega Romo Garza y a las presiones que evidentemente ejercen en
estos días sobre diversos funcionarios públicos y medios de comunicación, toda
vez que varios de ellos son los más grandes anunciantes de este país. Es de
esperarse que pese a ese poderío puesto en acción prevalezca la necesidad de
proteger la salud de los mexicanos.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario
Gracias por tu comentario.