Gustavo De
la Rosa
Por un lado,
la caravana del engaño.
Nuevamente
nos estremecen las imágenes de cientos de centroamericanos que tratan de cruzar
la frontera de Guatemala con México, y otra vez escuchamos a voces ingenuas,
desinformadas o malintencionadas, que condenan al Gobierno por regular la
migración de quienes pretenden usar la nación como ruta de paso rumbo a Estados
Unidos.
Uno de los
principios básicos de los Derechos Humanos consiste en que su defensa no debe
derivar en una mayor violación de estos o de otros, ocasionando más daño a la
persona; quienes exigen el libre paso de los migrantes deben saber que, de los
16 mil solicitantes de asilo de las caravanas anteriores, sólo lograron el
trámite doce individuos y, además, durante todo el proceso estos esperaron
meses en corrales de prisión, similares a los campos de concentración de la
segunda guerra, sólo para que al final su trámite fuera negado.
Cruzar el
país para pedir asilo en Estados Unidos es un calvario inútil, inhumano y no
resuelve el problema de los migrantes que lo enfrentan, engañados; promover la
caravana rumbo a Estados Unidos en estos momentos es abusar de la ignorancia y
las circunstancias de vida de los desfavorecidos, es una gran
irresponsabilidad.
Por el otro,
la muerte tiene permiso en Juárez, y eligió a Isabel Cabanillas.
En Ciudad
Juárez ha ido creciendo un grupo de mujeres jóvenes en torno a la lucha
feminista y a la actividad artística; son creadoras que utilizan sus dotes para
expresar sus sentimientos, producir obras no panfletarias, pintar murales
hermosos en paredes abandonadas al silencio o en ropa de uso cotidiano, y
encuadernar libros y textos que trabajan artesanalmente, convirtiéndolos en
obras de arte, al mismo tiempo que defienden los derechos de la mujer y luchan
por mayor equidad.
Son un gran
grupo que se reúne en colectivos muy ingeniosos, algunos de los cuales venden
sus obras en el Monumento a Juárez los domingos; todas se defienden y apoyan
entre sí, son muy solidarias, y están construyendo una nueva sociedad, con gran
esfuerzo y mucha imaginación.
A ese grupo
pertenecía Isabel Cabanillas, de 26 años, quien el pasado viernes se reunió con
sus amigos y amigas en el bar Eugenio’s, un sitio que frecuentan los jóvenes
contestatarios y exigentes de Ciudad Juárez; pasada la medianoche, Isabel se
retiró del lugar en su bicicleta, porque además estas mujeres promueven una
vida más sana a través del ejemplo personal, avanzó dos cuadras al norte y giró
hacia el oriente dos cuadras más, donde fue alcanzada por un asesino, o varios,
que le dispararon y asesinaron.
Una mujer
más, asesinada de manera cruel y despiadada, otro feminicidio por osarse a
viajar sola en su bicicleta después de medianoche; una más, víctima de la
vulnerabilidad que le dice a muchos criminales que, en Ciudad Juárez, la muerte
tiene permiso.
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