Enrique
Quintana.
A mediados
de febrero se espera que se defina el programa de infraestructura
correspondiente al sector energético, en el cual se establecerá el ámbito de
participación del sector privado.
Cuando, en
noviembre, se definieron los proyectos de infraestructura para el sector
privado, se pospusieron los del sector energético, quizás los que eran más
esperados. Ahora ya vienen.
Desde la
perspectiva de los empresarios, lo deseable es que su ámbito de participación
en la energía sea tan amplio como lo que la ley les permite.
Es decir,
que por ejemplo, se reanuden las rondas en las cuales se liciten bloques del
mar o del área terrestre del país para desarrollar proyectos de exploración o
explotación de hidrocarburos.
Igualmente,
se quisiera que se restauraran los llamados farmouts, es decir los proyectos
estratégicos en los cuales Pemex establece alianzas con terceros, sean empresas
privadas o empresas estatales.
De acuerdo a
lo que ha trascendido hasta ahora, tanto los altos funcionarios del sector
energético como el propio presidente de la República no admiten que haya nuevas
rondas petroleras ni tampoco alianzas estratégicas de Pemex con terceros.
Y esa
decisión afectará las perspectivas de la inversión en el sector energético.
Sin embargo,
no cancela el potencial de la inversión privada en este ámbito.
La industria
energética es suficientemente amplia para dar cabida a muchos proyectos
privados. Si, por ejemplo, se abriera la posibilidad de invertir en la
rehabilitación de las refinerías, en el desarrollo de plantas de
almacenamiento, de centros de distribución, y se establecieran reglas claras e
imparciales para la distribución final de los hidrocarburos, aún así podría
llegar mucha inversión privada.
Hay diversos
funcionarios en el gobierno federal, notoriamente el jefe de la Oficina de la
Presidencia, Alfonso Romo, o el secretario de Hacienda, Arturo Herrera, que han
abogado desde hace mucho tiempo por la participación privada en el sector
energético.
Es probable
que no logren que se abran todos los ámbitos que ellos quisieran. Sin embargo,
si fuera posible que se acotaran los ámbitos restringidos y se abriera todo lo
demás, tanto en materia de hidrocarburos como en energía eléctrica, se podría
enviar al mundo de las inversiones un mensaje positivo.
Pero, sigue
existiendo el riesgo de que predomine la visión defensiva, la visión de que
cualquier inversión privada es el enemigo y está orientada a erosionar la
capacidad de producción de Pemex y CFE.
Si esa
visión predomina y es la que aparece en el mensaje que se dé a mediados de
febrero, lo más probable es que las agencias calificadoras, en particular
Moody’s, no se tienten el corazón, y en un plazo breve, decidan degradar la
calificación de Pemex y por lo tanto quitarle el grado de inversión.
Desconozco
si el secretario de Hacienda o algunos otros funcionarios le han explicado al
presidente de la República las implicaciones de este hecho.
Si no lo han
hecho, deberían hacerlo. Si ya lo hicieron y el presidente no es sensible a
ello, mal síntoma.
La
estabilidad financiera del país puede estar en juego.
Es decir, en
los afanes de que la CFE y Pemex sigan controlando sus respectivos mercados, se
puede conducir al país a una crisis financiera que ponga en riesgo no solo a
las empresas energéticas, sino a todo el proyecto económico de la 4T.
¿Lo sabrá el
presidente de la República?
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